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Cómo respiras influye en cómo piensas y sientes, según un estudio

Ante adversidades inesperadas, respira. Y mejor si lo haces por la nariz

La respiración no solo sirve para llenar de aire nuestros pulmones. Esa acción esencial para la vida se ha comprobado que posee otros valiosos impactos en nosotros: condiciona la forma en la que sentimos y pensamos.  

Ahora bien, no todo vale para lograr según que efectos. No será lo mismo si coges aire por la nariz que por la boca.

El hallazgo de que respirar nos afecta más de lo que creemos se produjo de forma fortuita. Unos investigadores estadounidenses de la Universidad de Northwestern querían saber si las convulsiones de los epilépticos se debían a que había un vínculo entre la respiración y la actividad cerebral. Cuando vieron los datos reflejados en la pantalla del ordenador, observaron que las neuronas se estimulaban en sincronía con la respiración.

Inhalaban, y el área encargada de procesar los olores variaba.

Inhalaban, y el hipocampo, cuya misión en procesar la memoria, presentaba cambios.

Inhalaban, y la amígdala, ligada al procesamiento de las emociones, fluctuaba.

¿Y si algo tan simple como respirar nos estuviera asegurando una supervivencia en términos mucho más amplios?, se preguntaron los investigadores.

En busca de respuesta para ese enigma, sometieron a dos diferentes pruebas a un grupo voluntarios sanos. La primera parte del experimento, que quería medir cómo interpretamos las expresiones faciales, consistía en observar imágenes que duraban una fracción de segundo y determinar si el rostro que había aparecido mostraba miedo o sorpresa. Los resultados revelaron que, cuando se inspiraba por la nariz, los voluntarios eran una fracción de segundo más rápidos reconociendo las caras de temor, algo que no sucedía con las de sorpresa.

Esa pequeña diferencia en la rapidez de la respuesta solo funcionó cuando los participantes inhalaban por la nariz. Respirar por la boca y exhalar no se tradujo en ninguna ventaja.

Después se pasó a estudiar si la respiración influía en la memoria y se le enseñó a los voluntarios imágenes de objetos para que los recordaran. Los participantes consiguieron memorizar un 5% más de las imágenes cuando inhalaban. Y de nuevo se repitió el sesgo en los resultados: solo se producía esa mejora cuando los voluntarios tomaban aire por la nariz, no cuando exhalaban o respiraban por la boca.

Así que, según las conclusiones de su trabajo, inhalar por la nariz impulsa nuestras capacidades cognitivas, lo cual tendría una función clara: reaccionar con más eficacia y con más rapidez ante situaciones peligrosas.

"Si se está en un estado de pánico, de forma natural comenzamos a respirar más rápido y, como resultado, inhalamos más que cuando estamos en calma. La respuesta innata de nuestro cuerpo al miedo utilizando una respiración más rápida supondría un impacto positivo en la actividad cerebral para dar respuesta a los estímulos peligrosos que nos han asaltado", explica Christina Zelano, autora principal.

Así que ante adversidades inesperadas: que no cunda el pánico, respira. Y a poder ser por la nariz.

[Vía Science Alert]

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