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El club de los poetas millonarios de la tele

Un concurso de televisión de los Emiratos Árabes premia a sus concursantes con un millón de dólares. ¿El requisito? Ser el mejor poeta del país

Una tarde cualquiera, un espectador entusiasta de los concursos de televisión se topa con un programa cuyo escenario lujoso acoge a un grupo de hombres vestidos de blanco y dispuestos a ganar un millón de dólares. Sin embargo, lo que este espectador tipo encuentra esa tarde no es la versión de Saber y ganar de su país, ni tampoco un Pasa Palabra adaptado a su horario y su televisión. El concurso en el que participaban aquellos protagonistas de atuendos blancos se llama Million’s Poet y es una competición poética en la que varios escritores deberían demostrar su talento delante de una inmensa audiencia.

El tío de 27 años que se llevó más pasta que Alice Munro

El club de los poetas millonarios de la tele

Million’s Poet es marca registrada de la televisión de Abu Dhabi. Resulta que en los Emiratos Árabes llevan años difundiendo la poesía en las televisiones, y galardonando a sus ganadores con cantidades de dinero que superan a las de premios literarios internacionales de prestigio como pueda ser el Nobel de Literatura.

El programa está patrocinado por la Academia de Poesía emiratí y por el Jeque Mohammed bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi y Subcomandante Supremo de las Fuerzas Armadas: es como si en España, para adquirir el Príncipe de Asturias el escritor John Banville hubiera tenido que pelear sobre el escenario de Operación Triunfo contra Haruki Murakami, Juan Goytisolo y Pere Gimferrer.

El ganador de 2014 ha sido Al Mansouri, un autor de 27 años al que el público votó mediante SMS. De los 48 concursantes iniciales, sólo él y otros tres accedieron a la final. Durante los meses que duró el programa, los aspirantes a poeta millonario tuvieron que recitar sus poemas en directo, enfrentarse a pruebas relacionadas con la métrica o la rima, y por supuesto conseguir emocionar a los espectadores, quienes tendrían el 60% del poder a la hora de seleccionar al victorioso hacedor de versos.

No obstante, lo que Million’s Poet quiere promocionar por encima de todo es la poesía típica Nabatea, un género escrito en el dialecto árabe de los beduinos que se practica desde hace más de 1000 años sobre todo en la península arábiga. Las características de esta poesía son su carácter clásico y nacionalista, así como sus temáticas relacionadas con relatos históricos, hazañas, y demás episodios relacionados con la caballeresca desértica.

En definitiva, se trata de una poesía popular, practicada tanto por hombres como por mujeres. Eso sí: en Million’s Poet la participación femenina está casi vetada desde que en 2010 la poeta Hissa Halil diera la vuelta al mundo (y hasta fuera condenada por radicales islamistas) con sus versos reivindicativos y defensores de los derechos de la mujer.

Allí son estrellas del rock, aquí son estrellas del fango

Al Mansouri

Es curioso que en una cultura con tantas restricciones como la de los Emiratos Árabes la figura del poeta esté tan bien considerada. Allí el amante de la lírica es respetado, e incluso tratado como una verdadera estrella del pop, pues consigue congeniar con el alma del espectador, e incluso contagia a los jóvenes aspirantes a que quieran ser escritores. Una propuesta polémica, sin embargo, que la prensa internacional ya se ha encargado de derribar. Tal y como declaraba el poeta y editor estadounidense Don Share para la BBC, “el dinero nos parece contaminante; es la antítesis de los valores que esperamos de la poesía, la literatura y el arte”.

Una vez más nos encontramos ante la contradicción de los valores, o quizá ante el eterno debate de lo alto contra lo bajo: un escritor de noventa años puede recibir una gran dotación económica por su obra, y nos parecerá justo; sin embargo si se trata de un aspirante, no. O también: un verdadero artista tendría que dejarse llevar por la literatura, las musas y la magia, pero si aceptara premios, becas, reconocimiento popular o mecenazgo, estará socavando la pureza de su vocación.

Entonces, ¿hay que conocer la pobreza y el anonimato para ser un virtuoso de la palabra?

Precisamente, el domingo pasado el periódico El Mundo publicaba un reportaje sobre jóvenes poetas españoles, y allí la periodista Rebeka Yanke trataba de perfilar las personalidades de varios autores. De entre ellos aparecieron los nombres de Sara R. Gallardo y David Leo García. Los dos tienen menos de 25 años y los dos han concluido sus carreras universitarias. Lo que Yanke destacaba de la primera fue su cabreo y desesperación ante la pobreza que le consume: «he vivido seis meses con 1.200 euros. Eso no lo hace ni un mago», decía Gallardo. Del segundo supimos el dato de que para poder llevar una vida digna tiene que apuntarse a concursos televisivos como Avanti, en el que el pasado 2012 ganó 54.000 euros. Y más allá de estos dos casos, siempre que un periodista entrevista a cualquier autor joven, temas como el dinero, los premios y la supervivencia suelen ser frecuentes.

Estrellas del fango occidentales, frente a estrellas del rock en Oriente. Quizá sea este el momento de decidir por qué lado de nuestro sentimiento bipolar nos decantamos: o comulgamos sin rechistar con la precariedad de nuestro género... o huímos a buscar el calor dorado de Mohammed bin Zayed.

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