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7 claves para entender al director más brillante del nuevo cine español

Carlos Vermut estrena “Magical Girl” y aprovechamos para sumergirnos en su particular universo

Cuatro personajes unidos por un vestido de superheroína anime. Una trama que es como un puzzle incompleto. Costumbrismo y desvíos bruscos de lo real. Sangre y contención. Sentimientos torcidos. Humor, terror y chantajes. Estos son algunos de los ingredientes que Carlos Vermut maneja con misteriosa maestría en su segunda película, “Magical Girl”.

Tras arrasar en San Sebastián, la cinta llega a las pantallas este fin de semana. Y como lo ha petado a lo loco y ha salido en todos los periódicos, muchos iréis a verla. Y eso es estupendo. Pero para que el universo único de Vermut no os pille del todo desprevenidos y eso ocasione alguna que otra lesión cerebral, aquí van unas cuantas claves para acabar de disfrutar al cineasta del momento.

1. Lo cañí

Carlos Vermut es español hasta las trancas. Pero no en plan fanático de la Roja, sino con esa especie de resignación que todos los nacidos aquí llevamos en la sangre. Sabe que el nuestro es un país raro, conflictivo y oscuro, pero también divertido si se sabe ver desde el ángulo adecuado. Por eso en “Magical Girl”, echa mano de fenómenos como la copla, la tauromaquia o la crisis, y los retuerce hasta llevarlos a su terreno. Los embadurna de su sobria negrura y su amor por lo (casi) sobrenatural.

2. Los cómics

 

Antes que director de cine, Vermut fue dibujante y guionista de cómics. La influencia de esta pasión está por todas partes en sus películas: en su manejo quieto de la cámara, en cómo se articulan sus tramas, en la mezcla de lo real y lo fantástico, en unos personajes que hablan muchas veces de superpoderes o de superhéroes... Si en su debut “Diamond Flash” había extrañas apariciones salidas de un tebeo, esta vez será la obsesión con un personaje manga la que desencadenará la acción.

3. Lo viejuno

Muchas de las influencias estéticas de Vermut parecen salidas de armarios un poco polvorientos: la luz de las pinturas románticas de caza o del cine escandinavo de principios de siglo, los muebles de formica de la España del desarrollismo, los grandes caserones y los moteles decadentes, la imaginería religiosa del barroco... Aún así, todo lo que vemos en pantalla parece nuevo, como si lo viéramos por primera vez.

4. La familia

Padres e hijos, hermanos y hermanas, maridos y mujeres... El universo de Vermut es uno en el que los lazos familiares cuentan, y mucho. Las relaciones entre sus personajes parecen tener siempre un fondo muy primario. Son animales que tratan de defenderse unos a otros. O de destruirse. En palabras de José Sacristán, uno de los protagonistas de “Magical Girl”, “son una gente cojonuda a la que le pasan cosas terribles”.

5. La violencia

 

Esas “cosas terribles” que les pasan llevan aparejada cierta violencia de la que los personajes parecen no poder escapar. Gente que bajo la fachada de la normalidad esconde la posibilidad de que todo colapse. Que entiende que en todo momento estamos siempre a un paso del abismo. Como si los personajes de “El Ángel Exterminador” vivieran en apartamentos de sesenta metros cuadrados en la España de 2014 en lugar de en una mansión de las afueras. Y supieran que en cada interacción siempre hay una amenaza agazapada.

6. La casa

El espacio doméstico es fundamental en las dos películas del director. “Diamond Flash” transcurre principalmente en distintas habitaciones y pasillos, en ambientes íntimos que de pronto se enrarecen o se vuelven insoportables. ¿Necesidades de presupuesto? Puede. Pero en “Magical Girl” hay más dinero y los hogares están igualmente cargados de un poder extraño. Porque la habitación es donde construímos nuestras fantasías y donde nos escondemos del mundo. Donde pasan las peores y mejores cosas.

7. El humor

No podría soportarse un ambiente tan cargado si Carlos Vermut no tuviera una mano finísima con el humor. El suyo es un poco humor de cortarse las venas, humor incómodo como el que demostró en Don Pepe Popi, el sketch que grabó con Venga Monjas. Pero también tiene momentos de risa e incluso extrañamente tiernos, capaces de llenar las situaciones más terribles de belleza.

Es en ese conflicto constante entre luz y oscuridad donde se revela una y otra vez como un maestro precoz. Uno que además tiene todo el tiempo del mundo para crecer lo que le dé la gana. Nosotros estaremos ahí para seguirle.

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