Actualidad

Cuando la cirugía extrema es un combate contra los cánones de belleza

Proliferan los personajes que modifican su cuerpo hasta el límite. ¿Transgresión cultural o deseo de celebridad?

Dice que a él lo que les gusta es jugar con su cuerpo y su sangre, que no se inspira en nada ni en nadie. Se llama Joel Miggler, tiene 23 años y 27 dilataciones corporales. Pero no de unos pocos milímetros, sino de varios centímetros. Tiene que comer en bocados minúsculos porque se ha hecho dos enormes agujeros en las mejillas, otros dos en las aletas de la nariz y se ha clavado varias argollas de hierro en el pecho. Se considera a sí mismo un punk de la modificación corporal extrema y le gusta exhibir sus "cavidades" en Facebook acompañado de su inseparable mascota, una serpiente.

Miggler ha sido el último en recibir atención mediática, pero en los últimos meses ya nos hemos topado con una mujer que vive dentro de un corsé para parecerse a Jessica Rabbit, la perturbadora pandilla de los hombres que quieren ser muñecas, una Barbie humana y hasta un reality show que aplaude las extrañas habilidades de un grupo de personas que sufre deformaciones.

Por supuesto, la modificación extrema del cuerpo no es nada nuevo. Ahí están las mujeres Burma, con sus cuellos de jirafa sustentados por aros dorados. O el vendado de pies al que se les sometió a las chinas durante siglos. Pero la construcción artificial del cuerpo ya no tiene connotaciones religiosas o patriarcales, sino contraculturales.

¿Lo artificial como lo más auténtico?

Los bodymod (así se hacen llamar aquellos que se construyen un cuerpo nuevo a base de prácticas extremas) tienen rasgos que los aproximan a la idea de subcultura: se reúnen en foros y crean revistas como BME zine y, pese a que les mueven motivos muy dispares, todos ellos consideran que lo artificial es, hoy por hoy, el sinónimo más puro de la autenticidad. En una sociedad alienada, ellos quieren ser aliens en el sentido más literal de la palabra.

Quizá la bodymod más famosa sea la artista francesa Orlan, que logró a golpe de cirugía estética que ciertas partes de su cuerpo se asemejaran a elementos de cuadros y esculturas famosas. Su proceso de transformación ha sido expuesto en varios museos de renombre y hoy Orlan es una artista respetada. La celebridad de la mayoría, sin embargo, se queda en Internet y no da el salto a los templos de la Alta Cultura. Como Daniel Avner, el hombre que se tatuó y desfiguró la cara hasta parecerse a un gato y que fue una de los primeras figuras del BodyMod en recibir notoriedad junto con Erik Sprague "Lizardman", que se tatuó la piel hasta convertirla en la de un lagarto.

Algunos convierten su cuerpo en un manifiesto político. O lo que es lo mismo, creen que sólo puede hacerse política negando el propio cuerpo. Es el caso de la pareja que protagoniza el documental The Ballad of Genesis and Lady Jane, que se operaron hasta convertirse en personas sin género y absolutamente idénticas. O el performer chino He Yungchuan, que se hizo unos collares con sus propias costillas para demostrar, según él, que en esta sociedad hiperdisciplinaria la manipulación corporal es el único acto de individualismo extremo.

La rebelión contra lo establecido por la vía del cuerpo es el argumento común que suelen aducir los sociólogos que analizan el fenómeno bodymod. Apelan a Foucault para intentar comprender la necesidad de trascender la propia biología en una sociedad que controla nuestro cuerpo y nuestra mente y al Manifiesto Cyborg de Donna Haraway para argumentar la importancia que para algunos tiene superar las barreras culturales convirtiéndose en híbridos entre lo humano y lo tecnológico.

Desde esta perspectiva, para los boymod l as operaciones de estética convencionales están en las antípodas de su estilo de vida. Las liposucciones y las rinoplastias son resultado de imposiciones canónicas externas (el extremo de esta dinámica fue aquel programa de la MTV titulado "Quiero una cara famosa"), pero la transformación del cuerpo en algo completamente artificial, fuera de la norma, es un modo de trascender el código social.

Por eso Miggler afirma que se agujerea el cuerpo para no parecerse a nadie. Y Orlan quiere ser una obra de arte única compuesta por cientos de obras de arte reproducidas hasta la saciedad. Sin embargo, la mayoría de los bodymod necesitan reconocimiento externo: buscan convertirse en seres únicos pero muestran sus transformaciones en las redes, en vídeos que detallan el proceso e incluso se ganan la vida exhibiéndose en clubs y ferias. Al mismo tiempo que crecen los adictos a la construcción de cuerpos artificiales crece la audiencia que aclama sus rarezas. Habría que preguntarse si la proliferación de estos personajes responde únicamente a una rebelión contra lo establecido o si es la propia cultura actual la que ha dado lugar a figuras que harían cualquier cosa, incluso mutilarse para toda la vida, por obtener una celebridad instantánea.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar