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El cine del futuro no será sólo cine

Las tecnologías audiovisuales de vanguardia apuestan por transformar nuestra percepción

Tal vez sea por su relación estrecha con las dinámicas capitalistas (el cine como espejo de sueños inalcanzables) o tal vez tenga que ver con que desde el momento de su creación se reveló como lo que es, una fábrica de sombras, espejo deformante del tiempo y lo real, lugar de duermevela (uno nunca está del todo despierto en una sala de cine, aunque tampoco está del todo dormido, a no ser que se meta a ver la película que no toca), pero lo cierto es que si uno observa su Historia, daría la sensación de que el cine nunca ha sido suficiente.

El cine siempre quiere ser otra cosa. Sea por la necesidad de atraer gente a las salas (pasó con el Cinemascope como reacción a la llegada de los televisores, pasó con el 3D como reacción a la pérdida de espectadores motivada por la llegada de internet y el pirateo), sea por la pura ambición de hacer de la experiencia de entrar a una sala algo cada vez más inmersivo, parece que el cine nunca tiene suficiente con una pantalla y unos personajes. Siempre quiere más.

Tradicionalmente este más suele identificarse con avances tecnológicos que amplíen la experiencia cinematográfica. Ya en 1916, antes incluso de la llegada del sonoro, se experimentó con fragancias que complementasen la proyección de imágenes. En 1960 la tecnología olorosa se refinó y tecnificó para dar forma a lo que se conoció como Olorvisión, un invento que sólo dio una película no demasiado reseñable titulada “Scent of Mistery”. El siempre socarrón John Waters se montó su propia versión del invento para su película “Polyester”, utilizando en este caso tarjetas olorosas para que los espectadores las usaran en algunos momentos clave de la película. Por suerte desde entonces la tecnología ha evolucionado bastante y se ha renunciado al tema olores, cosa muy de agradecer. Sin embargo, el impulso de romper las barreras de la pantalla está ahí. Y según la opinión de ciertos expertos, esta vez viene directamente a por nuestras sinápsis. Así lo sostiene el cineasta Andrei Severny en un artículo para tribecafilm.com, en el que aventura algunas vías para la evolución del arte de hacer películas y manipular los sueños.

En un futuro ya no estaremos hablando sólo de pantallas gigantes, resoluciones alucinantes y experiencias inmersivas de luz, sonido y ambientes como las que se están probando hoy día en algunos nuevos cines de ultimísima generación como la sala Orbi (una iniciativa de Sega y BBC Films) que acaba de abrir en Yokohama, y al que se refiere Andrei Severny en su artículo, sino de tecnologías que fusionen nuestra percepción de la realidad con la de la ficción, bien integrando narrativas fílmicas en nuestro entorno, bien llevándonos a mundos ajenos al nuestro para vivir experiencias en primera persona. Narrativas adaptadas al individuo que hacen que los universos paranóicos de “Minority Report” o “Días Extraños” parezcan un juego de niños. Las historias estarán por todas partes, las capas de narración se superpondrán como un una tremenda lasaña de realidades; algo así como una fantasía de la ciudad benjaminiana pasada por el filtro, siempre peligroso, de la industria del ocio. Siendo hoy testigos del advenimiento de tecnologías de realidad aumentada, artilugios como las Google Glasses o el potencial cada vez más bestia de videojuegos de entorno abierto como GTA, estas posibilidades no parecen nada descabelladas.

Claro que de momento muchas de las apuestas que Severny lanza son conjeturas y no realidades. Siempre que se habla de este tipo de saltos tecnológicos o culturales (“el cine será…”, “el rock será...”, “nadie va a comprar libros nunca más...”) es necesario andarse con mucha cautela. Severny se muestra prudente en ese aspecto ya que aunque afirma, con relativo acierto, que el cine es una técnica narrativa bastante reciente y cuyo lenguaje tiene mucho que evolucionar, también asegura que el núcleo de una historia emocionante seguirá siendo más o menos el mismo que cuando Homero escribía sus poemas épicos.

Habrá que ver pues qué camino toman las industrias audiovisuales en los próximos y si nuestro querido y talludo cine tiene que renunciar a su peculiar idiosincrasia y reciclarse en otra cosa que ya no tendremos claro cómo llamar (es muy legítima la duda: ¿es cine una experiencia interactiva, inmersiva y virtual que se parezca más a un videojuego que a algo que ves tranquilamente sentado en una butaca?) o seguirá siendo ese viejo tozudo en 2 dimensiones que muchos espectadores siguen hoy disfrutando como lo hacían en 1895.

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