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La última gran idea para dejar de fumar es un invento… de las tabacaleras

¿Un cigarrillo conectado a Internet y recargable vía USB para vigilar tu salud? Así de simple; así de absurdo

Smartphones, smart citys, smart TV, smart shopping... Hoy todo tiene que ser smart. La etiqueta se ha convertido en sinónimo de nueva revolución, pero también en una estrategia de márketing de las grandes compañías de electrónica para colarse en nuestras ciudades, nuestros hogares y nuestras mentes.  Lo que no imaginábamos, sin embargo, es que llegaríamos a ver un smart cigarrillo. Hasta hoy.

La tabacalera Philip Morris acaba de cerrar la patente de un cigarrillo electrónico conectado a internet y recargable vía USB. Esencialmente pensado como una herramienta para gente que esté planteándose dejar de fumar, el smart-cig podría utilizarse para fines médicos, como manera de que el doctor tenga información sobre cuánto fuma el paciente, por ejemplo.

Otra opción es incluir un sistema de “pago por calada”, mediante el cual el usuario podría regular su consumo en packs semanales o mensuales a través de una app. Incluso podría subirse las tarifas si lo que quiere es fumar menos, y ser más consciente de lo que cuesta su adicción.

Dicho así, todo parece muy deslumbrante: la mezcla perfecta de una tecnología disruptiva (el cigarrillo electrónico) y la tendencia de moda (el internet de las cosas). Y desde que Goldman Sachs señalara los e-cigs como uno de los inventos clave de 2014, el revuelo en torno a éste no ha parado de aumentar. Pero, ¿cuántas probabilidades de funcionar a gran escala tieneun invento así?

Construida tras décadas de márketing agresivo, el tabaco lleva asociada una cierta idea de libertad. Es esta una idea que ha calado tanto en el fumador que poca gracia le hará saber que cada vez que fume su doctor puede estar vigilándole. O peor: que hay desconocidos que le espían, o que su apreciado cigarrito del café puede haber sido hackeado.

En tiempos de debate sobre el espionaje online, no parece la mejor idea saber que ese pitillo que tan a gusto te fumas puede delatar tu posición, tu actividad o tus hábitos de consumo. Así las cosas, si el invento prospera, seguramente lo aceptemos como lo que es: una solución de urgencia para unas industrias tabacaleras que están haciendo frente a la devaluada imagen del fumador, recurriendo a lo que tienen más a mano. En este caso, las nuevas tecnologías.

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