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Nunca te vayas a la cama enfadado: el eterno consejo por fin tiene explicación científica

Te lo advertimos: dormir después de una discusión es lo peor que puedes hacer. Estas son las razones

El ser humano tiene un puntito masoquista que, a veces, queda reflejado en las cosas más absurdas. Una de ellas es la fijación que tenemos con discutir justo antes de irnos a dormir. ¿Por qué no aprovechar las últimas horas de un largo día para poner a parir a los demás? ¿Por qué no tirarse unos cuántos platos a la cabeza justo antes de meterse en la cama? ¿Unas lagrimitas quizás?

Pese al saber popular que insiste en que nunca debe uno irse a la cama enfadado, tú, pobre ser humano, tropiezas en la misma piedra una y otra vez. Ya sea discusión con tu pareja, problemas en el trabajo o un follón con tu compañero de piso –el de las canciones de los dosmil a todo volumen–, la cuestión es acabar el día de mala leche.

Pues bien, ahora la ciencia ha demostrado que el dichoso consejo es cierto. Que existen razones neurológicas para no irse a dormir con la sangre turbia.  

Según un estudio de la Beijing Normal University en China, irte a dormir enfadado es lo peor que puedes hacer. La investigación, publicada en la revista Nature Communications, demuestra que nuestra capacidad para suprimir recuerdos negativos disminuye al cabo de unas horas si la consolidamos durante el sueño.

Cuando dormimos, nuestro cerebro se reorganiza de forma que se almacenan estos recuerdos negativos, por lo que es más difícil eliminar estas asociaciones en el futuro.

Nuestra capacidad para suprimir recuerdos negativos disminuye al cabo de unas horas si la consolidamos durante el sueño

Los autores del estudio llegaron a esta conclusión tras una serie de pruebas realizadas a cerca de un centenar de estudiantes varones universitarios. Primero, les enseñaron una serie de caras neutrales acompañadas de imágenes desagradables: niños llorando, amputaciones, cadáveres... Después de que los estudiantes vincularan los dos estímulos, se les dividió en grupos con la tarea de borrar el recuerdo negativo. Para ello, utilizaron la técnica pensar/no pensar, con la que primero tuvieron que pensar activamente en las imágenes y luego se les pidió que no lo hicieran.

Según investigaciones previas, con esta técnica se puede “forzar” al cerebro a olvidar ciertos recuerdos. Los científicos repitieron este proceso dos veces: la primera 30 minutos después de ver las imágenes y la segunda tras unas horas de sueño reparador.

Y encontraron que cuando el experimento se realizó 30 minutos después, los participantes fueron un 9% más propensos a borrar las imágenes de su cerebro. Por el contrario, cuando el experimento tuvo lugar 24 horas después del aprendizaje inicial y tras dormir toda la noche, los participantes eran solo un 3% más propensos a borrar la imagen.

Mientras se producía el experimento, los cerebros de los participantes eran analizados por resonancia magnética. Cuando el experimento se producía a los pocos minutos de ver las imágenes, los circuitos neuronales implicados en la supresión se localizaban exclusivamente en el hipocampo cerebral. Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba, los circuitos neuronales que se activaban aparecían distribuidos por la corteza cerebral, por lo que era más difícil suprimir el recuerdo.

Pese a que el estudio tiene varios puntos grises (muestra muy pequeña, solo varones, demasiada diferencia temporal entre los experimentos), puede llegar a ser muy útil para conocer mecanismos de la memoria que podrían ayudar en un futuro a entender y tratar fenómenos como trastornos postraumáticos.

De momento, nos sirve para constatar una cosa importante para el día a día de cualquiera: si no quieres convertirte en una persona rencorosa, no te vayas a dormir enfadado. Puede que luego no te puedas olvidar de aquella putada que te hicieron hace cinco años.

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