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Historia íntima de la literatura a través de la vagina

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La escritora Belén García Abia publica 'El cielo oblicuo', una novela muy íntima sobre la feminidad, lo maternal y la figura de la mujer a lo largo de la historia de la literatura

Luna Miguel

19 Mayo 2015 06:00

—Imágenes de Karin and the camera


“La literatura escrita por mujeres está llena de habitaciones cerradas, porque tienen a la mujer feroz dentro”.

Así lo asegura Belén García Abia en El cielo oblicuo (Errata Naturae), un libro que no es ni una novela ni un poemario, sino más bien una especie de grito directamente salido del cuerpo.

No es la mano de una escritora lo que escribe, ni tampoco es su boca la que habla: son sus entrañas.

O para ser más exactos: es su vagina, o quizá su útero, o quizá, también, su enorme pero cansado corazón.

Belén García Abia ha escrito un libro contra sí misma. Un libro en el que se apuñala y se homenajea a partes iguales, desnudando al máximo sus experiencias relacionadas todas ellas con la feminidad, con la maternidad, con la enfermedad y, sobre todo, con el delgado pero fuerte hilo que une a estas tres cosas: la literatura.


Un relato sobre todo aquello que durante años aprendió que significaba ser mujer



El cielo oblicuo es en primer lugar un canto a lo femenino. Su voz nace desde un cuerpo de mujer, con la esperanza de dar voz a los problemas y tabúes ocultos que la sociedad se ha encargado de crear sobre este.

El cielo oblicuo es en segundo lugar un canto a lo maternal. Su protagonista decide lanzarse a escribir este texto al aprender una vez más en su vida que nunca, jamás, podrá ser madre. ¿Cómo afecta esto al ánimo de la mujer estéril? ¿Cómo afecta a su sentido de la vida, a sus visión del futuro, a su miedo a la soledad?

El cielo oblicuo es en tercer lugar un canto a lo enfermo. Su doliente no lo invoca sino que lo repudia, y aprende a convivir con ello, pues no le queda más remedio que hacerlo así.


¿Qué ocurre cuando la vida te quita lo que más deseabas?



La literatura llega entonces para impregnarlo todo aquí, y García Abia construye un relato a base de versos y pequeñas historias que hablan de su familia, de su genética y de todo aquello que durante años aprendió que significaba ser mujer.

Que ser mujer es parir.

Que ser mujer es amamantar.

Que ser mujer es acunar a aquella pequeña bestia que surgió de nuestro interior como un pececito llorón y hambriento de luz...

O todo lo contrario.

¿Porque qué ocurre cuando de pronto la vida te dice lo contrario? ¿Cuando de pronto tu cuerpo decide que no podrás ser lo que siempre te has dicho que debes ser? ¿Cuando el mundo te quita aquello en lo que deseabas convertirte?

Unos miomas en los ovarios son, según García Abia, un puñado de palabras enquistadas en el cuerpo femenino.


Lo que empieza siendo una biografía personal termina por convertirse en una historia de la literatura



“Te sientas en el bidé”, escribe la autora, “abres tu vulva y metes palabras que se acabarán enquistando”.

Las palabras pueden enquistarse. Pueden convertirse en cristales dentro de nuestros cuerpos porque al fin y al cabo esas palabras son sueños. Y los sueños pueden romperse. Y las roturas sólo se combaten con una cosa: más palabras.

Belén García Abia sabe que en adelante sólo podrá sobrevivir si escribe todo lo que siente y si se enfrenta a su dolor con todas sus armas. Por eso su obsesión no solo es la de contarlo todo, sino también la de leerlo todo.

Y así, lo que empieza siendo una biografía personal termina por convertirse en una historia de la literatura.

“Leer a las mujeres es leer nuestra voz, un deber con nosotras. Escribo para escuchar esas voces”.

Y así, lo que empieza siendo una biografía personal termina por convertirse en una historia secreta de la literatura.

“Leer a las mujeres es leer nuestra voz, un deber con nosotras. Escribo para escuchar esas voces”.

La de Anne Sexton, loca feroz.

La de Joan Didion y su hija muerta.

La de Alejandra Pizarnik, con su vientre vacío.

La de Sylvia Plath, enferma de un amor.

Leer El cielo oblicuo es acceder a una enorme biblioteca de escritoras que fueron madres, o que no lo fueron, o que quizá perdieron a sus hijos, madres o maridos, o incluso que decidieron quitarse ellas mismas la vida, porque el verbo vivir ya pesaba demasiado para ellas.

Lo que aquí encontramos es una manera de acercarnos a la verdad y de quitarnos la vergüenza: porque somos mujeres, debemos escribir con lo que somos, y entregar al lector un reflejo de aquello de lo que estamos hechas.

Ternura, delirio, amor, vértigo. La literatura hecha por mujeres está llena de habitaciones cerradas pero Belén García Abia ha venido a abrirlas y a airearlas.

Ya basta de esconder el dolor.

Ya basta de esconder el perfume que surge de nuestras grietas.


Ella escribe para no difuminarse. Nosotros leemos para sobrevivir



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