PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

El ciclismo urbano es un problema para los científicos más brillantes

H

 

¿Te parece que las bicis públicas dan un montón de problemas? No eres el único

Natxo Medina

29 Agosto 2014 12:47

Quien alguna vez haya usado la bicicleta pública habrá conocido seguro el drama cotidiano de encontrarse el aparcamiento vacío cuando vas, y el aparcamiento lleno cuando vuelves. Ed Rademaekers, el neoyorquino detrás del blog BikeShareNYC, acuñó incluso un nombre para el fenómeno: NotSpots. Un día con muchos NotSpots es un día negro para compartir bicicleta, y va a hacer que te pongas de mal humor seguro.

De reparar estos errores sobre la marcha se encargan normalmente solícitas camionetas que recorren la ciudad como hormiguitas trabajadoras reponiendo bicicletas donde faltan y llevándose las que están rotas. Pero he aquí otro marrón: esos vehículos entran en conflicto con el tráfico rodado y se ven metidos en atascos cada dos por tres. Para solucionar este problema, hasta 30 investigadores del más alto nivel se están ocupando de encontrar el algoritmo perfecto para prevenir estaciones llenas y estaciones vacías. De ello habla el último número de Science.

El algoritmo perfecto habría de tener en cuenta factores como calcular cuando y dónde se van a necesitar las bicis, con la anticipación suficiente, y además dar con la mejor ruta para que se puedan reponer en el menor tiempo posible. Todo esto contando con variables como la estación del año, el clima, los picos de turismo, el tráfico, los accidentes... Y todo en tiempo real. Un jaleo que sirve para explicar por qué las ecuaciones que se usan para determinarlo tienen esta pinta de haber salido de un teorema de Stephen Hawking.

Bike Algorithm

¿Una cuestión de marketing?

Este interés por la eficiencia viene de que su conquista del territorio urbano parece irrevocable. Hace pocos años estos servicios apenas existían. Hoy, muchas grandes y pequeñas ciudades cuentan con uno. En España pueden encontrarse en lugares como Barcelona, Sevilla o Zaragoza. Mejoran la movilidad pública y no contaminan. Y sobre todo, dan mucho nombre. Una ciudad que pretenda estar en el top no puede permitirse quedarse fuera del mercado bicicletero. Y mucho menos dejar que, una vez implantado, el sistema caiga.

Para ello quedan muchos otros problemas que afrontar. Por ejemplo: generan bastante gasto público, y los sponsors privados no siempre se animan a aumentar su financiación. El volumen de usuarios fluctúa mucho según la ciudad. Además, como muchas urbes todavía no están lo suficientemente preparadas para acoger un volumen alto de ciclistas, se generan problemas de inseguridad, y choques con el tráfico rodado y los peatones. Incluso hay quien señala problemas de privacidad, ya que estas bicis están conectadas a un sistema informático. Luego están todas las pequeñas putadas cotidianas del ciclista, pero ese es otro cantar.

Sin embargo, también hay casos donde la cosa va tirando. París, por ejemplo, ha logrado dar con un modelo que aporta beneficios económicos a la ciudad. Barcelona ha hecho un esfuerzo espectacular (aunque no siempre en la dirección correcta) por adaptar sus trazados urbanos a la bicicleta. Incluso en la ciudad de Minnesota está sirviendo para reconstruir el tejido urbano de un lugar en decadencia durante años.

Paradójicamente que el sistema funcione dependerá de hasta qué punto la consideración por el ciclista se imponen frente a los intereses más comerciales. Un servicio impulsado por cuestiones de imagen, no podrá sobrevivir si sólo se apoya en ésta. Las bicicletas entran dentro de las políticas públicas de la nueva ciudad global, limpia y smart. Pero de poco le servirá a la ciudad un ciclista descontento, o herido, por mucha buena imagen que dé tener mil kilómetros de carril bici.

El secreto reside entonces en cómo hacer que las personas se sientan bien usando la bicicleta, o simplemente pisando el espacio público. Ese también sería el mejor de los algoritmos.

share