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Chika Sagawa, el arte de morir joven como una flor

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Sagawa es un icono underground de la poesía japonesa contemporánea: sus textos y sobre todo su historia la han acabado convirtiendo en un mito

Luna Miguel

02 Diciembre 2015 11:05

—Imágenes de Dennis Auburn

Chika Sagawa estaba a punto de cumplir 25 años cuando un cáncer de estómago se la llevó por delante.

Nacida en Japón en 1911, ella era una de las jóvenes poetas más prometedoras de su época. Sin embargo su muerte prematura en 1936 hizo que su nombre se convirtiera en una sombra, y su sombra en un eco, y su eco en un tozo de tierra grisácea y olvidada.

Pero hasta de la tierra más seca puede renacer una flor, y Chika Sagawa —mitad poeta, mitad flor lánguida y celeste— consiguió vencer al peso del tiempo y gracias a su literatura, convertirse en una de los iconos secretos de la literatura nipona.

Escribió el grueso de su obra entre los 17 y los 24 años

Durante su vida, escribió como ninguna mujer de su tiempo lo había hecho: dejó atrás las estructuras establecidas y las temáticas asociadas a lo femenino, y se embarcó en una aventura alucinada, que la convirtió en una de las voces más importantes del modernismo japonés.

La naturaleza, la muerte, la espiritualidad, la juventud o la pasión, son algunos de los temas que rozan su literatura, aquellos que ella escribía libremente aunque bajo la influencia de algunos escritores occidentales a los que ella leía a incluso traducía del inglés al japonés.



En sus 24 años de vida, la poeta tuvo el tiempo suficiente para publicar varios libros de poemas, traducciones, prosa en revistas literarias, o incluso para experimentar una época dorada para la cultura nipona, llegando a pertenecer a lo que en Tokio denominaban las "mogas" y los "mobos", o lo que es lo mismo "las chicas y chicos modernos" de aquel tiempo.

Sagawa vivió rápido y murió rápido, y es posible que eso, en cierto modo, también se convirtiera en una suerte de salvación para su carrera como poeta. Después de su muerte, y con la llegada de la II Guerra Mundial, el nacionalismo tiñó a su nación, haciendo que muchos escritores quedaran sumisos y faltos de libertades.

Sagawa perteneció a una generación marcada por la influencia occidental y, posteriormente, por la guerra

Muchos compañeros de generación de Chika Sagawa vieron que su poesía se reducía a cánticos por la patria. Pocos hicieron frente al miedo, y con los años esa se convirtió en la mayor crítica de las siguientes generaciones de escritores y lectores.

Resultaba lógico, entonces, en aquella situación, que la poesía de Chika Sagawa se fuera enterrando poco a poco en el vacío. Aunque con los años muchos la reivindicaron, su figura pasó a la de ser una mujer maldita, marcada por la muerte, por una época extraña y por una obra escueta pero mágica.



No fue hasta 2011, cien años después del nacimiento de Sagawa en la pequeña ciudad de Hokkaido, cuando la poeta y traductora Sawako Nakayusu empezara a traducirla y a publicarla en el mercado anglosajón.

El pasado julio de 2015, de hecho, vio la luz en la editorial independiente Canarium Books una selección de sus poemas y prosas que por fin reivindica a la flor celeste de la poesía nipona en el panorama occidental.

Hoy se le considera la única poeta vinculada al modernismo nipón, y su figura ya es un mito

La repercusión, aunque lenta, fue excelente, y por fin el nombre de la poeta japonesa empezó a sonar en los suplementos culturales más importantes de los Estados Unidos, bajo la promesa de que aquella firma que al fin podíamos leer en una lengua amiga, se recuperaría hasta ser de nuevo un referente para los jóvenes lectores y poetas de hoy.

Al final, parece que la sombra de Sagawa se convirtió en eco, y el eco en tierra grisácea, y la tierra grisácea en brote luminoso, y el brote luminoso, de nuevo, en la más esperanzadora, curiosa e imponente flor.



PARTIR

Se abre la boca de la noche para escupir el bosque y las torres del

reloj.

El sol se pone en pie y echa a correr por una calle de cristal azul.

Los coches y las faldas cortan en rebanadas musicales la ciudad

y estas bucean después en los escaparates.

El puesto de fruta huele a la mañana.

Incluso aquí el sol se multiplica en azul.


La gente lanza anillos hacia el cielo.

Para atrapar los soles.  


*


ANTIGUAS FLORES

Antaño florecidas en el pecho del océano

aunque descoloridas ya en su mayor parte

y al igual que los años que llegan de algún sitio

para desmoronarse silenciosos

son invisibles ya

las niñas recogen los labios de las olas con la punta de los dedos

y sondan la oquedad de los anillos.

*




Poemas de Chika Sagawa traducidos del japonés al inglés

por Sawako Nakayusu

para Canarium Books, y del inglés al español

por Juan Fernández Rivero para PlayGround.

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