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Por qué recuerdas mejor tu mayor bochorno que todo lo que estudiaste

Investigadores de Nueva York descubren que las emociones afectan al procesamiento de la memoria creando recuerdos duraderos

Olvidar todos los momentos que desearías sacar de tu mente es complicado. Todas las rupturas amorosas, las traiciones inesperadas, los momentos bochornosos o las discusiones en las que te dejaste la garganta parecen que hacen replay, replay, replay en tu cabeza. Como si hubieran quedado grabadas a fuego.

Si buscas un culpable, no es ni más ni menos que un caprichoso de nuestra fascinante biología. Unos investigadores de la Universidad de Nueva York han encontrado la explicación a por qué recodamos con mayor facilidad experiencias emocionales que no la útil geografía que aprendimos en bachillerato o dónde dejamos las gafas cada vez que nos las quitamos.

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Las intensas emociones vividas afectan al cerebro igual que lo hace una situación límite de estrés o de peligro. En esos momentos, nuestro organismo libera unas hormonas –como la adrenalina o la norepinefrina- que activan dos áreas claves en nuestro cerebro: la amígdala —conocida como "el centro del miedo"— y el hipocampo, el encargado de regular las emociones. Estas dos zonas de nuestra cabeza juegan un papel esencial en el procesamiento de lo que sentimos y en la formación de memorias. La consecuencia se traduce en que recordamos durante más tiempo y con más detalle estos eventos que no el resto de cosas.

Sin embargo, aunque consideremos que se trata de una cruel tortura perpetuada por nuestro propio cuerpo, tiene su lado positivo. Para empezar, toda clase de emociones mejoran la memoria, lo que significa que también perduran de igual manera los momentos felices. Las anécdotas de los viajes de amigos, las fiestas de cumpleaños especiales o los dulces momentos familiares se guardan en nuestro disquete biológico de la misma forma.

La segunda ventaja es que la capacidad para almacenar memorias duraderas se prolonga a los momentos después de haber vivido un evento emotivo. Los investigadores explican que es una especie de "resaca emocional" que hace que se codifiquen los sucesos posteriores también con más facilidad. Sin que estén seguros, estiman que esa beneficiosa resaca dura unos 30 minutos. Así que, después de una discusión, de que te hayan partido el corazón o de que hayas llorado inmensamente con una película, siempre puedes coger un libro o los apuntes de los que te examinas y ponerte a leerlos.

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Los científicos todavía no han encontrado una explicación que justifique este distintivo procesamiento de recuerdos desde el punto de vista de la evolución. En una situación límite de estrés o miedo posee sentido. Si nos topamos con un animal peligroso que no conocíamos, se nos quedará grabado que no es amigo sino que nos intenta devorar y no nos acercaremos a él en el futuro. Una memoria para una cuestión de supervivencia. Pero, ¿existirá alguna razón que desentrañe el fin de que perduren experiencias en las que fueron protagonistas las emociones?

[Vía Vocativ]

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