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El centro para vagabundos que trata el alcoholismo a base de vino

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Es una manera distinta de tratar la adicción. Y funciona.

Juan Carlos Saloz

08 Julio 2016 14:07

La terapia más recomendada para curar el alcoholismo es la abstinencia.

Tiene sentido. Si dejas de beber, obviamente, dejas de ser alcohólico. Pero existen métodos alternativos que no buscan acabar de raíz con el problema, sino hacer que los alcohólicos dejen de sentirse dependientes y así poder seguir un consumo razonable.

Una de estas terapias es el Programa de Alcohol Gestionado. En Oaks, un hogar para vagabundos de Ottawa (Canadá), acogen a personas que tienen problemas con el alcohol y les dan una oportunidad de cambiar su modo de vida.

La mayoría son ancianos. Algunos utilizan andadores o bastones para caminar y tienen una salud muy frágil después de pasar tanto tiempo viviendo en la calle y bebiendo en exceso. Pero todos hacen cola para entrar en Oaks.

No está mal el vino aquí. En las calles bebía enjuague bucal o laca para el pelo. No estaba bueno, pero lo único que quería era que me hiciera efecto. Desde que estoy aquí, ya no bebo todo esto. De hecho, bebo mucho menos”, explica Elisa Pewheoalook, de 53 años y alcohólica desde hace 40.

Verter el vino para un residente

Algunos llegan a emborracharse, pero cuando esto ocurre los empleados les llevan a sus habitaciones para que se echen una pequeña siesta.

Las más de 50 personas que se acogen al programa beben vino hasta en cinco ocasiones al día. Las copas se llenan hasta los 200 mililitros, un vaso algo más grande que el promedio. Algunos llegan a emborracharse, pero cuando esto ocurre los empleados les llevan a sus habitaciones para que se echen una pequeña siesta.

El Programa de Alcohol Gestionado hace 15 años que funciona. Fue diseñado para hacer frente a las necesidades de los vagabundos alcohólicos. Personas sin hogar olvidadas cuya salud pende de un hilo.

La idea de hacer un programa contra el alcohol vino cuando los empleados se encontraron con Eugene, un homeless que estaba desvalido en el centro de Ottawa.

“Lo encontramos en la calle, congelado. No quería entrar debido a su adicción al alcohol, ya que aquí no se permitía beber. Así que pensamos ‘¿no sería más seguro si le damos un poco de vino?’ Eugene respondió muy rápidamente. Se quedó en el refugio, su salud mejoró y salvamos sus dedos de los pies de ser congelados”, explica el doctor Jeff Turnbull, uno de los impulsores del proyecto.

Algunos de los vagabundos han llegado a retomar el contacto con sus familias y otros han vuelto al mercado laboral

Pero no todo fue un camino de rosas. Aunque el proyecto se inició con la colaboración de dos ONG –The Shepherds of Good Hope y Ottawa Inner City Helth–, Turnbull llegó a recibir amenazas de muerte.

“Hay muchos defensores que creen fervientemente que la única medida posible para el alcoholismo es la abstinencia. Les era imposible ver una alternativa”, argumenta el doctor.

Pero la terapia de Oaks no solo sirve para curar la adicción a la bebida. De hecho, esta es solo una de las múltiples consecuencias que tiene dar un hogar a personas que lo han perdido todo. Ahora, los habitantes del centro ya son una gran familia. Juegan a las cartas, beben, comen, fuman y ven la televisión juntos.

Algunos han llegado a retomar el contacto con sus familias gracias a Oaks y otros han vuelto al mercado laboral. Se trata de una manera única de reinsertar a los nómadas de Ottawa en la comunidad. Una medida indispensable en una ciudad en la que, tal y como destaca el sargento Boucher, “recibimos media docena de llamadas en cada turno sobre alcohólicos que pasan por situaciones similares".

La cola para el vertido

"Me encantaría que todos fueran abstemios. Pero ¿es eso factible o posible?"

El hogar de acogida tiene una lista de espera considerable. Antes de ser aceptados, todos tienen que demostrar que pueden vivir dentro del programa sin causar ningún problema. Además, los recursos de los que disponen son mucho menores de los que deberían tener para acabar de raíz con lo que esto supone.

Una y otra vez, el programa demuestra ser un método eficaz de acabar con el alcoholismo. Corinne Jackson, que pasó 18 años sufriéndolo, ha dejado de beber gracias a Oaks. “Antes todo era un desastre, pero ahora me siento muy afortunada”, reconoce.

Las críticas siguen llegando a Turnbull, pero se escuda en el realismo para afrontar la realidad:

“Me encantaría que todos fueran abstemios. Pero ¿es eso factible o posible? Probablemente no. Hacemos todo lo posible para reducir su consumo de alcohol sobre una base diaria. Al menos, en Oaks son estables. Son felices y tienen un nivel de vida razonablemente bueno”.

[Vía BBC]

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