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Ser joven y vivir como un nómada en el siglo XXI era esto

Son vagabundos y no pueden vivir sin su teléfono, literalmente

Hace unos años me invitaron a una cena en casa de unos amigos. Acababa de terminar la carrera y me encontraba en la terrorífica encrucijada de no saber muy bien qué hacer con mi vida. Por no hablar de aquella espantosa sensación en la que me parecía que nunca conseguiría costearme mi propia existencia.

Allí conocí a Sofía. Tenía mi edad y también había pasado por la misma crisis existencial. Sin embargo, lejos de vivir agobiada, había atajado el problema mudándose de casa de sus padres… a la calle.

@moristeele

A pesar de vivir a la intemperie, Sofía no era muy diferente a todos los demás jóvenes de la sala: le gustaba bailar las mismas canciones de Katy Perry que a los demás y tenía cuenta en Facebook. Era una postadolescente apegada a su smartphone. Tal vez demasiado apegada. Pronto nos llamó la atención lo mucho que le costaba separarse de él. Por eso, aprovechando un descuido, quisimos gastarle una broma y le escondimos el móvil.

No imaginábamos su reacción. Al pensar que lo había perdido, Sofia tuvo un ataque de ansiedad y tuvimos que sacar el móvil de su escondite antes de tiempo.

No, Sofía no era adicta al móvil y tampoco es exactamente que aquello fuera lo único que tenía en la vida, es que de su smartphone dependía su supervivencia.

Sofia buscaba en couchsurfing habitaciones en las que quedarse, se enteraba de ofertas, promociones y lugares en los que conseguir comida de manera gratuita y, sobre todo, usaba Internet para seguir en contacto con la gente y con lo que pasaba en el mundo.

Vagabundos 2.0

@hobo_huck

El suyo no es un caso aislado. De hecho, en Estados Unidos existe una comunidad muy bien organizada de vagabundos “profesionales” que siguen viviendo como hipsters de la Gran Depresión. No pasan hambre, viajan de polizones en trenes de mercancías, buscan trabajos ocasionales de un lado a otro del país o piden en la calle.

La única diferencia es que, hasta hace diez años, esos trabajos seguían buscándoselos de puerta en puerta, usaban mapas de papel para orientarse y grababan códigos secretos en las paredes de los edificios para comunicarse. Sin embargo, ahora las ofertas de trabajo las buscan a través de Craiglist, usan Google Maps y se comunican a través de foros.

Foros como R/vagabond (un subforo de reddit) o Squattheplanet se han convertido en casas virtuales donde mochileros, vagabundos, autoestopistas y okupas se reunen a compartir consejos y contarse experiencias a la luz de la pantalla.

@moristeele

Aunque depender de la electricidad atenta en cierta manera contra los pilares básicos de su filosofía de vida libre, la tecnología les ayuda tanto en su día a día que no han podido evitar modernizarse.

Por ejemplo, cuando viajan escondidos o sobre trenes de carga, los mapas con GPS les permiten saber cuándo pueden asomar la cabeza sin exponerse a morir. También les ayudan a entretenerse en las horas muertas y a poder estar en contacto continúo con otros vagabundos para sentirse menos solos y más seguros.

El punto negativo es la duración limitada de las baterías de los aparatos electrónicos ya que, entre carga y carga, pueden pasar varios días. Por eso, para ser un vagabundo de la era de la información es esencial ir por el mundo con el móvil apagado y, si se puede, equipado con cargadores solares y baterías portátiles adicionales.

Instagram como cuaderno de viaje

@moristeele

Molly Steele tiene 26 años y, hasta hace poco, formaba parte de un grupo de vagabundos con el que estuvo detenida por viajar sobre un tren de mercancías.

Steele estudiaba botánica en la universidad. Llevaba media vida trabajando para costearse los estudios cuando decidió que ya estaba bien. Lo dejó todo y se echó a la carretera con su equipo de acampada. Quería tener tiempo para ella misma por una vez en su vida.

Retratando su vida nómada en Instagram fue como Molly se metió en el mundo de la fotografía, algo que nunca antes le había llamado la atención. Inesperadamente, aquello le sirvió para pasar de vagabunda sin recursos a ganarse la vida viajando de aquí para allí.

@hobo_huck

Por otro lado, Huck, conocido en Instagram como “ Hobo Huck”, al contrario que Molly, opina que uno no elige ser vagabundo. Él lo lleva siendo desde hace ya 11 años y ha vivido las dos caras de la moneda. Reconoce que los smartphones les han hecho la vida mucho más fácil pero que tienen que llevar cuidado con los secretos sobre la comunidad que desvelan para que no les pongan cortafuegos.

Aunque, desde luego, si hay algo a lo que les están ayudando las redes sociales a nivel mundial, es a quitarles el estigma holgazanes malolientes y eso sí le encanta a Huck.

Así sería On the Road si se hubiera escrito en un blog

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