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Carta desde un Trastorno Alimentario a otro

Jamás, mujeres, seremos perfectas. Jamás, mujeres, controlaremos todo en nuestra vida

Hace algunas semanas, una lectora nos hizo llegar un escrito sobre su experiencia personal lidiando con un trastorno alimentario. Carta desde un Trastorno Alimentario a todas las personas que (aún) no lo tienen, se llamaba aquella misiva de Nuria Higuero Flores. Hace pocos días, otra lectora nos enviaba un segundo escrito en respuesta a aquel primero de Nuria. Aquí lo reproducimos ligeramente editado, manteniendo el deseo de la autora de no firmarlo con su nombre.

El artículo de Nuria me hizo recordar la que yo creía que había sido la etapa más oscura de mi vida. Durante cinco años, uno de los Trastornos Alimentarios (TCA), o quizá todos, según los informes de psiquiatría, se apoderaron de mí, de toda mi vida.

Yo también considero que superar algo así es uno de los logros más grandes de nuestras vidas.

"Venimos de donde tú vienes", escribía Nuria. "Venimos de compartir fotos de postres con Nutella todos los días, de declarar nuestro amor a la pizza, de seguir la nueva tendencia de ensaladas súper mega antioxidantes y adelgazantes. Venimos de hacer la operación bikini, venimos de rajar sobre la que ha engordado y venimos de alabar a la que ha conseguido adelgazar en navidad. ¡Oh dios, qué milagro!".

Me encantó esta parte. Porque es cierto que todas venimos del mismo sitio, de la misma situación, de las mismas euforias, de las mismas preocupaciones, de los mismos miedos. Y especialmente las mujeres. Obvio, ¿no?

Lo que quiero decir, es que todas las mujeres que me rodean y que hemos crecido con el culto al cuerpo, hemos sufrido en mayor o menor medida un Trastorno de Conducta Alimentaria. Pero cuando es en una medida mayor, como la que creo que Nuria sufre, la "sanación" es aún peor. Porque un día, cuando seas libre del espejo y puedas mirarte sin odiarte, un día, cuando comprendas que el control de tu vida no está en el peso, ese día querrás controlar diez cosas más que son incontrolables.

Nos han enseñado a ser perfectas, o al menos a parecerlo.

Nos han enseñado que las mujeres podemos hacer mil cosas a la vez y, especialmente, que podemos controlar esas mil cosas.

Y no es cierto eso que nos han enseñado. Porque, como dice Nuria, somos humanas. Y los seres humanos simplemente no podemos controlarlo todo.

Cuando vuelvas y volváis a disfrutar de la comida —y también a que os siente mal como a todo ser humano— recordad disfrutar de la vida entera.

Como dice la autora de la carta que me ha movido a escribir esto, "la ansiedad se combate llorando y riendo y teniendo miedo y estando rabioso y estando eufórico y mil sentimientos más", y especialmente, dejando de intentar controlarlo todo. Porque no puedes hacerlo.

Así que recuerda: no te castigues por no conseguirlo. Porque después de un Trastorno Alimentario pueden venir nuevos castigos y nuevos controles.

No te castigues. No bebas hasta caer en el suelo para olvidar tus fracasos. No te drogues hasta el coma para olvidar que eres incapaz de ser perfecta. No te hagas cortes pensando que así el dolor saldrá más fácilmente porque lo has convertido en dolor físico.

Y recuerda, cada día, que jamás, mujeres, seremos perfectas. Jamás, mujeres, controlaremos todo en nuestra vida. Y creer en estas pequeñas consideraciones, por nimias que parezcan, nos hacen un poco más fuertes para combatir al patriarcado.

Si tú también tienes algo que contarnos puedes escribirnos aquí.

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