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El hombre achuchable que hará que el mundo de la moda te caiga simpático

Alber Elbaz tiene la apariencia de un oso de peluche o de tu tío enrollado del pueblo pero es uno de los diseñadores vivos más importantes

Aparta un momento los ojos de la pantalla y fijate en lo que llevas puesto hoy. Puede que seas una persona a la que le guste la ropa pero no la moda. A la que le guste ir de compras pero que no entienda que alguien pueda gastarse más de 1.000 euros en una prenda.

O también puede que no te guste ninguna de las dos cosas y te vistas simplemente por necesidad.

En cualquier caso, lo más probabl es es que pienses que el prêt-à-porter que desfila por las pasarelas no tiene nada que ver contigo. Nada más lejos de la realidad: sea lo que sea que hayas elegido llevar puesto hoy, no se trata de una decisión que te aleje del mundo de la moda.

Alber Elbaz, el achuchable señor de la foto de abajo, me pide terminar de explicártelo él mismo:

"Hoy la gente no puede permitirse una casa y tiene que protestar por sus salarios. No obstante, no se nos puede acusar de comer tarta cuando lo que necesita el mundo es pan porque un montón de empresas cogen lo que nosotros hacemos y lo llevan a las masas. Nosotros creamos las ideas que las cadenas de moda van a copiar una temporada o incluso una hora después".

Hasta hace solo unos días, Alber era oficialmente el director creativo de la firma parisina de prêt è porter Lanvin, a la que consiguió revivir cuando cruzó sus puertas hace 14 años. Ahora los rumores apuntan a que podría acabar sustituyendo a Raf Simons en Dior o fundando su propia marca. Pero mejor vuelve a mirar una foto suya:

Alber Elbaz no representa nada de lo que, como un cliché o una muletilla, suele criticarse del mundo de la moda. En él, donde debería resaltar la altivez y el elitismo solo resplandece la ternura. Donde buscarías el muro que separa París de tu pueblo, solo te encuentras con su apariencia de familiar bonachón que te saca una moneda de detrás de la oreja.

De hecho, a la prensa le gusta referirse a él como " osito de peluche" y los que lo conocen lo definen como una persona dulce, neurótica y muy inteligente.

Alber Elbaz, de origen israelí pero nacido en Marruecos, es la antítesis de las gafas de sol opacas de Karl Lagerfeld. Una de las pocas figuras dentro del mundo de la moda a la que te gustaría darle un abrazo e iros juntos de compras.

El puente que acerca, une y funde lo que muchos consideran dos mundos irreconciliables.

Las revistas de moda opinan que su etapa en Lanvin la han marcado sus drapeados, sin embargo, su auténtica marca siempre ha sido ponerle el punto distendido a la moda.

Un ejemplo de ello son algunas de las campañas de Lanvin. En una de las más famosas puso  a los modelos a bailar Pitbull para, finalmente, acabar uniéndose él mismo a la fiesta.

Otro consistía en comentar, a través de Skype, las fotos que el fotógrafo Steven Meisel había realizado para su última colección. Mientras en la pantalla se iban sucediendo el tipo de imágenes que podríamos encontrar en cualquier revista, aparecía Albert en una esquina comentando sus primeras impresiones con calidad webcam y sin ni siquiera preocuparse por encuandrarse bien.

Una forma maestra de, por un lado, mostrar cercanía y de, por otro, llamar la atención del gran público con un producto que estaba dirigido a uno muy reducido.

En 2014, para su décimo aniversario dentro de la marca, decidió pasar de los modelos profesionales y seleccionar a gente de la calle. Quería ver a gente de diferentes grupos de edad, cuerpos y personalidad vistiendo su ropa porque, en sus propias palabras, no hace ropa solo para veinteañeras.

La campaña la acabaron protagonizando mujeres desde los 18 años de edad hasta los 82, una franja de edad que no es nada común que se tenga en cuenta dentro de la moda.

Porque su gran lema es que, del mismo modo que si algo no es comestible no es comida. Si algo no es ponible no es ropa. Alber diseña con el objetivo en mente de que la gente viva y se enamore llevando sus prendas.

Aunque, si finalmente se anunciara que Elbaz va a convertirse en el nuevo director creativo de Dior, es seguro que no habría alcanzado la cima solo por su carisma y buenas vibraciones.

Elbaz se ha definido a sí mismo como un completo adicto al trabajo. Con su excelente sentido del humor, siempre ha declarado a las revistas que nunca ha probado las drogas porque está convencido de que le gustarían demasiado. También ha reconocido que, aunque hace deporte, lo odia. A la mañana siguiente se levanta dolorido y solo cuando llega a la oficina y empieza a trabajar se le pasa.

Alber Elbaz es el ejemplo perfecto de que detrás de los diseños que inspiran la ropa que después compramos en grandes almacenes, simplemente hay seres humanos muy apasionados por su trabajo.

Frikis enamorados que lo único que hacen es trabajar para hacernos soñar.

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