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Todo lo que nunca te contaron sobre el nuevo independentismo en Cataluña

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Una mirada distinta a la cuestión catalana

Luis M. Rodríguez

27 Marzo 2015 05:16

De un lado, la caterva mediática madrileña y sus ladridos rancios. Del otro, un mar de esteladas blavas reclamando el derecho a la independencia. Entre ambos extremos, maniobras de propaganda política, cifras engañosas, ávidos emprendedores dispuestos a rentabilizar lo que sea y un fuego cruzado de insultos y editoriales pendencieras que denotan pocas luces y menos ganas de entendimiento.

La aproximación mediática a la 'cuestión catalana' a menudo se reduce a eso: exacerbar las pasiones, explotar estereotipos, reforzar la armadura moral de las posiciones propias sin atender a las razones del otro.

La realidad se distorsiona, se reduce a un común denominador fácilmente execrable, a algo más manejable y sencillo de atacar. Pero lo cierto es que las motivaciones que subyacen al escenario independentista son muchas y variadas. Tan variadas, o casi, como las preferencias políticas de los catalanes.

El análisis de esas motivaciones es precisamente el punto de partida de Las pasiones ponderadas, una nueva entrega de la colección de libros digitales de Capitán Swing en la que Eudald Espluga, colaborador de esta casa en el pasado, trata de radiografiar las distintas maneras en las que Cataluña se relaciona con su independencia.

Para entender lo que está pasando allí necesitamos nuevas metáforas. Y Espluga parte de la interpretación de que el actual independentismo no es, para nada, una continuación del nacionalismo catalán histórico encarnado por el pujolisme. El escenario actual es completamente inédito y mezcla aspiraciones de muchas razas. Pero, ¿cómo relacionarlas a todas?

Hacia un independentismo emocionalmente inteligente

El concepto del Independentismo Emocionalmente Inteligente (IEI), inspirado en la inteligencia emocional, le sirve a Espluga para vincular una serie de discursos públicos que tratan de legitimar la identidad nacional catalana de una forma nueva, alejada del viejo independentismo. ¿Cuáles son las claves de esos discursos?

"Se repudian las identidades colectivas, las conexiones emocionales fuertes, la ordenación 'prioritarista' de los valores básicos en nombre de una forma de pertenencia mucho más flexible, expresiva. El modelo deja de ser la subsunción de los propios intereses a los de la patria para abrir paso a un modelo de identificación parecido al de las marcas comerciales: es a través de la adopción de sus valores que busco mi autorrealización personal".

En otras palabras: la libertad de Catalunya deja de ser un objetivo intrínseco.

A juicio del autor, las razones que aportan esos discursos legitiman la defensa de una identidad nacional catalana excluyente, no compatible con lo español, y sólo realizable a través de la secesión, sólo de forma parcial.

"Entienden muy bien el modo en que debe articularse una identidad nacional hoy en día: no incurren en discursos etnicistas, ni irracionalistas. Dejan de lado la cara vetusta del nacionalismo tradicionalista. Sin embargo, en su voluntad de evitar caer en esos mismos peligros (racismo, doctrina excluyente) terminan articulando un marco prácticamente vacío que tampoco funciona como reclamo cívico".

Frente a ese vaciamiento ideológico del significante independentista, que convierte la identidad nacional en una identidad aspiracional, a la cual se accede por medio de actos de consumo y conductas expresivas, Espluga defiende la necesidad de un equilibrio nuevo que caracteriza con una cita de Hilary Putnam:

"La tradición carente de razón es una tradición ciega; la razón sin tradición es una razón vacía".

El nuevo catalanismo debería ser capaz de conjugar esos extremos, hacer buena esa máxima.

Más allá de la tradición ciega

El corazón tiene razones que la razón no entiende. Esa cita a Pascal le sirve al autor como punto de partida para ir desgranando una serie de perfiles antagónicos con los que busca dar la medida del espectro de intereses que a día de hoy mueven al desafío independentista. Un desafío que, como ha quedado sugerido, existe más allá del nacionalismo catalán.

En Las pasiones ponderadas nos encontramos, por ejemplo, con Nacho, el ultranacionalista español que "odia a los catalufos" y aún así quiere la independencia. La quiere porque está harto y reharto del mamoneo de la administración central. Para él la creación de un Estado Catalán no es un fin en sí mismo, sino un medio para sus propósitos de bienestar. Espanya ens roba. Y Nacho sólo quiere que lo de casa se quede en casa.

Su postura, sostiene el autor, no queda lejos de la que sostiene Antonio Baños en La rebelión catalana. Baños nunca se consideró nacionalista, pero la política centralista de los padres de "la mejor España de la historia", con Aznar a la cabeza, le fueron empujando hacia la sedición.

Para el periodista y escritor barcelonés, la Vía Catalana es deseable en tanto que puede ser un empujón que obligaría "a reconstruir todos los discursos y todas las realidades". En Cataluña ve la chispa de una futurible reinvención española. Su motivación es instrumental: la independencia sería el lubricante que permitiría armar una revolución democrática a nivel de país sobre las reivindicaciones iniciadas con el 15-M; la grieta que propiciaría el derribo del Régimen del 78.

Nacho, Antonio y otros muchos coinciden en la necesidad de la independencia, aunque sus razones sean terriblemente distintas, cuando no opuestas.

Esa diversidad de ejemplos le sirve a Espluga para, a partir de la dialéctica pascaliana entre razón y pasión, reflexionar de forma crítica, y con humor, sobre las señas de identidad de un nuevo impulso independentista que se ha despojado del lastre del viejo imaginario nacionalista para moverse entre un catalanismo desapasionado, un 'nacionalismo de consumo' y una especie de no-nacionalismo pragmático.

Es un escenario en el que todos reman desde las bancadas de un mismo barco, aunque piensen de forma muy distinta.

Las posibilidades de éxito del proceso separatista pasan por esa nueva clase de partidarios del cisma que, lejos de cualquier fanatismo ideológico, ve en la Marca Catalunya® el proyecto que mejor les permite perseguir sus intereses propios, ya sean la autorrealización personal o las nuevas posibilidades sociopolíticas que podrían surgir al calor del desafío soberanista.

Frente a ellos, sin embargo, el autor defiende que un movimiento independentista solo tiene sentido si adopta una justificación nacionalista.

"Si el independentismo ha de ser meramente un movimiento democrático, como pretenden algunos, defender una identidad nacional deja de ser éticamente legítimo".

"Si apelo a los discursos del nacionalismo liberal para recuperar una identidad nacional en sentido fuerte, que no derive en una postura antidemocrátca y antiliberal, es precisamente porque el vaciamiento del significante independentista deja al independentismo sin sus mejores (o únicos) argumentos: la posibilidad de cohesionar la ciudadanía, tener instituciones estables y ciudadanos motivados, etc.".

Y es que, lejos del statu quo que desprecia cualquier atisbo de sentimiento nacionalista como síntoma de barbarie, como un veneno siempre nocivo para la convivencia, Espluga opina que, bien gestionado, ese sentimiento es valioso. ¿O acaso el patriotismo constitucional español no es también una forma de nacionalismo pasivo?

"El punto del libro es precisamente señalar que el patriotismo constitucional o el mero nacionalismo no son el cáncer de la civilización", sentencia Espluga. "Bien constreñidos en un marco democrático y liberal, son un activo cívico muy relevante".

Se trata, pues, de aprender a ponderar las pasiones.

Dos excesos: excluir la razón, no admitir sino la razón (Blaise Pascal)

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