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El campamento de los niños valientes que desafían las convenciones de género

Las fotos de Lindsay Morris nos acercan al 'Camp You Are You', en el que los niños pueden comportarse sin someterse a los roles de género preestablecidos

Vestidos para ella y pantalones para él. Muñecas y cocinas frente a motos y pistolas. Para la mayoría de los padres esa es la guía, una ley no escrita que a casi nadie le apetece cuestionar. Como si no pudiera existir ninguna otra posibilidad. Desde el mismo instante en que nacemos nos vemos empujados a vestir y actuar de una manera determinada por el simple hecho de portar un aparato genital u otro. ¿Pero qué pasa cuando tu hija te dice “ soy un chico” (o al revés)?

Hace apenas tres semanas, la historia de Ryland Whittington dio la vuelta al mundo. Ryland nació con anatomía de mujer, pero se siente varón. A sus seis años, la pequeña se identifica como niño transgénero y cuenta con el apoyo de sus padres en su cambio de género. Su caso, sin embargo, no deja de ser una feliz excepción.

La mayoría de los niños transgénero vive en la sombra, socialmente aislados, escondiéndose de un mundo que los considera poco menos que errores de la naturaleza. Y muchas veces el rechazo empieza dentro de la propia familia, en los propios padres, asustados del “qué dirán”. Las apariencias a menudo suelen pesar más que los sentimientos o la psicología del niño que se identifica con el género opuesto, y la respuesta de los progenitores suele pasar por buscar maneras de “invertir el error”, convencidos de que se trata de un transtorno pasajero. Cuando no siempre lo es. De ahí la importancia de iniciativas como la del campamento “You Are You” (el nombre es ficticio, para evitar posibles persecuciones), una acampada anual en la que los niños transgénero y de género no conforme pueden comportarse y expresar su género tal y como lo sienten, con independencia de su sexo. El campamento ofrece un entorno seguro en el que los críos, junto a sus padres y hermanos, pueden experimentar su feminidad sin miedo a ser objeto de risas, burlas, represalias o agresiones.

La fotógrafa norteamericana Lindsay Morris se ha dedicado a documentar la experiencia en una serie fotográfica que transmite, sobre todo, gozo y naturalidad. Justo lo contrario de lo que la mayoría de estos chicos experimenta en su cotidianidad fuera del nido familiar. Cuatro días de libertad y autoafirmación en los que poder sentir el placer de ser simplemente ellos mismos, sin miedos, lejos de ese mundo que a menudo se empeña en negar su condición diferente.

(vía Fast Company)

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