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La mujer que conquistó el mundo hablando de caca

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Giulia Enders tiene 25 años y su ensayo 'La digestión es la cuestión' se ha convertido en un verdadero bestseller en Alemania

Luna Miguel

22 Julio 2015 06:00

Vale, Giulia Enders aún no ha conquistado el mundo, sin embargo su nombre ha estado durante meses en lo más alto de las listas de libros más vendidos en Alemania.

Enders acaba de cumplir 25 años, pero su trayectoria médica es amplia y prometedora. Desde muy joven ha ganado premios de ciencia en distintas universidades e instituciones de su país y el año pasado publicó su primer y controvertido ensayo, bajo el título La digestión es la cuestión.

En este libro, la autora hace una defensa de la importancia del intestino, comparándolo al cerebro —los dos son las partes de nuestro cuerpo con más terminaciones nerviosas— y señalando que gracias a él nuestro cuerpo se mantiene vivo, se alimenta e incluso modula nuestras emociones.

La obsesión de Enders con el intestino, su funcionamiento y su repercusión en nuestro día a día vino de una extraña enfermedad de la piel que sufrió durante su adolescencia.

Harta de visitas inútiles a diferentes médicos que no le daban soluciones, descubrió por sí misma que esta enfermedad estaba relacionada con su aparato digestivo. Entonces, supo que en adelante aquel sería su campo de investigación, aunque aún no se imaginaba que en unos pocos años acabaría dando lecciones al mundo sobre cómo interpretar su cuerpo, y también sus heces.

Hablemos de caca

“Un eructo o un pedo pueden ser considerados ordinarios, sin embargo, el movimiento que requiere de nuestros intestinos es tan elegante como el de una bailarina de ballet".

Así habla Giulia Enders en una entrevista en The Guardian, después de que su ensayo fuera traducido al inglés. A la joven autora no le da pudor hablar de heces, de ventosidades o de cosas aparentemente sucias, porque esas cosas son, en verdad, las que nos conforman.

Para ella, parte de nuestros prejuicios y tabús sobre nuestro cuerpo son culpables de que hoy en día tengamos tantas enfermedades y desequilibrios: nuestra obsesión por guardar los pedos, nuestro miedo a que otros descubran que acabamos de defecar, nuestra posición cómoda en el váter —¡deberíamos volver a cagar de cuclillas, como los monos!—, nuestras dudosas y envenenadas costumbres alimenticias...

La digestión es la cuestión debate sobre todas estas cosas llegando a conclusiones tales como que nuestra salud, y también nuestro buen humor, dependerán de cómo tratemos a nuestros intestinos.

Así, el libro de Giulia Enders ha terminado convirtiéndose no sólo en un ensayo de divulgación científica, sino también en una especie de clase magistral sobre nuestro interior, o incluso en un volumen de autoayuda que en pocos meses logró seducir a más de 20.000 lectores alemanes y que ha acabado convirtiéndola en una celebridad nacional.


El proceso creativo y artístico es también una forma de digestión



Pero la caca, las heces y los intestinos no son un tema exclusivo de Enders: son un tema común en la literatura nacional germana. Sin ir más lejos, uno de los últimos fenómenos literarios alemanes fue otra mujer, Charlotte Roche, cuya primera novela sobre hemorroides, sexo anal y otros tabús (Zonas Húmedas) se convirtió en bestseller internacional.

Más allá de Roche, hace dos años el ensayista berlines Florian Werner publicó La materia oscura, un ensayo sobre la historia de cultural de la mierda, en el que se nos explica lo importantes que han sido las heces a lo largo de la historia del arte y la literatura.

En el libro, el escritor cita a otros autores, como por ejemplo a Gustave Flaubert, quien aseguraba atribuir su ánimo y su creatividad al estado de su aparato digestivo, porque para él, el hecho de escribir y de crear está fuertemente ligado al acto de hacer la digestión.

La caca es parte de nuetra salud , decía Enders.

La caca es parte de nuestra cultura, señala Werner.

La caca es parte de nuestra imaginación, confesaron los clásicos.

Entonces, si nos fascina tanto, ¿por qué aún nos avergüenza? ¿Por qué la condenamos?



Sin nuestros intestinos, no somos nada






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