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Así son los brutales campos de concentración asiáticos de los que nadie habla

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Los rohingya, comunidad musulmana del oeste de Myanmar, son una de las etnias más perseguidas y masacradas del mundo

Carlota Ming

18 Junio 2014 13:29

Han sido quemados vivos, abandonados en el mar, vendidos como esclavos. Ni siquiera existen como ciudadanos en su propio país. Los rohingya son una etnia formada por unos 1,3 millones de personas y no tienen amigos, ni aliados. Aunque casi nadie sepa ni hable sobre ellos, se trata de uno de los pueblos más perseguidos y masacrados del mundo y puede que muy pronto haya que referirse a ellos como las víctimas de un genocidio.

A grandes rasgos, el problema de los rohingya radica en que son una minoría musulmana que tradicionalmente ha vivido arrinconada en el oeste de Myanmar (la antigua Birmania). Su situación ha empeorado desde hace dos meses, cuando una turba de birmanos budistas atacó de forma repentina sus poblados, concentrados en dos municipios del estado de Rakhine. Los atacantes actuaron con extrema violencia e incluso expulsaron, por primera vez en la historia de la región, a 170 trabajadores humanitarios internacionales.

Este ataque, escasamente cubierto por la prensa internacional, es el último de una larga historia de persecución y maltrato, y podría representar la extinción programada de esta etnia: ni el fronterizo Bangladesh ni Indonesia, ni Tailandia ni Camboya están interesados en acogerles, y ahora 140.000 rohingya sobreviven en campos de concentración.

El censo de la discordia

Myanmar

Las tensiones se han intensificado debido al censo que se ha impulsado desde la administración, el primero en tres décadas. El simple hecho de reconocer y documentar la existencia de la comunidad musulmana ha avivado la ira entre los budistas, ya que las cifras podrían suponer el reconocimiento oficial de los rohingya como ciudadanos del país, hasta ahora considerados, interesadamente, como inmigrantes ilegales procedentes Bangladesh.

Algunos trabajadores humanitarios sobre el terreno, como Tomás Ojea Quintana, aseguran que el gobierno impidió que los musulmanes registraran su etnicidad en marzo, de modo que ni siquiera el recuento sería válido según las normas internacionales.

Situación desesperada

Más allá de la historia de persecución de este pueblo en la antigua Birmania, cuya Junta Militar se disolvió en 2011 para formar un gobierno y empezar una transición democrática, los rohingya están en una situación desesperada. Según testimonios de trabajadores de Médicos sin Fronteras, el gobierno está restringiendo su trabajo y el acceso de medicinas y suministros.

El hacinamiento de la gente en los campos de desplazados es extremadamente grave: además de los 140.000 que permanecen en ellos, otras 700.000 personas siguen en aldeas aisladas y en una situación vulnerable. De modo que todo está planeado para que los rohingya desaparezcan: el rechazo de los países vecinos, la escasa cobertura mediática y el odio de la mayoría budista son los principales ingredientes de la extinción programada de esta etnia, pero todo genocidio precisa de grandes dosis de silencio colectivo.

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