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Los brasileños que le plantaron cara al ejército

El ejército volverá a tomar las favelas de Rio, pero movimientos como Justiça Global, Comitê Popular do Rio, Movimiento Passe Livre o Anonymous ya están ocupándose de que los desastres del mundial no pasen por alto

¿La última en Brasil? El ejército volverá a entrar en las favelas de Rio, según anunciaba su gobierno ayer. Su misión ahora es ayudar a la policía a tomar el Complexo da Maré, donde habitan unas 100.000 personas. Nada nuevo bajo el sol desde que la ciudad pusiera en marcha su plan de pacificación en 2008, cuando se formó una unidad policial especializada ocupada en acceder a los guetos, y limpiar las callejuelas de grupos criminales al estilo Charles Bronson. El hecho de estar cambiando un control armado por otro, por mucho que el último sea legítimo, no parece importar demasiado al gran público.

Sin embargo, a quien sí le preocupan las favelas es a los activistas de las múltiples organizaciones populares de la ciudad. Sus orígenes son distintos pero sus objetivos son similares: proporcionar a la ciudadanía herramientas para defenderse de los abusos del poder, y proponer cambios nacidos desde abajo. Todas ellas están especialmente activas desde que la maquinaria de los macroeventos deportivos empezara a echar humo, en especial a lo largo del último año.

A menos de tres meses del inicio del Mundial, el país está seriamente polarizado entre el optimismo fanático y el pesimismo fatalista. Como ya os contábamos hace poco, el aumento del precio de la vida, los problemas en infraestructuras, la corrupción y el nivel de desatención hacia el ciudadano humilde son algunas de las razones de un descontento cada vez más generalizado.

La toma de Maracaná

Justiça Global y el Comitê Popular do Rio son dos de las organizaciones más activas. Las dos encuentran en las favelas una de sus máximas preocupaciones. Y es que las obras relacionadas con el Mundial, como por ejemplo una muy discutida reforma de Maracaná, ya han llevado a la expulsión de unas 65.000 personas de barrios pobres. Lo que el activismo intenta, en primer lugar, es que estos hechos sean conocidos por el gran público. Luego tratan de que los procesos se lleven a cabo con mínimas garantías. Sea como sea, ellos tienen muy claro cual es el juego al que juegan, y quien lo está ganando.

“Los ganadores fueron los contratistas, los sponsors del Mundial, la FIFA y el Gobierno”, dice Mario Campagnani, miembro del Comitê. “En el otro bando están las instalaciones de Maracaná, o la gente a la que se está echando”.

Puede parecer curioso que un activista mencione un estadio de fútbol como una pérdida en los procesos colectivos, pero no lo es tanto si se entiende hasta qué punto el fútbol forma parte de la identidad política brasileña. El veterano periodista Juca Kfouri, quien fuera preso de la dictadura militar, explicaba recientemente a Time que el himno del país ha sido recuperado en diversas ocasiones durante los partidos de fútbol como señal de resistencia. Y que Maracaná fue durante mucho tiempo el lugar más democrático del país.

La Copa del Mundo de la Gente

El encanto igualitario y comunal del fútbol también está siendo barrido a base de normativas, obras mastodónticas y constantes injerencias externas por parte de la FIFA. El Comitê también lucha en ese campo, y por eso ha convocado la “Copa del Mundo de la Gente”, un torneo de fútbol entre los barrios amenazados de la ciudad. Y aunque estas organizaciones y otras similares estén muy centradas en los conflictos de Río, hay otros movimientos que también a escala nacional.

Entre ellos es el Movimiento Passe Livre, uno de los más veteranos y partícipe activo en las masivas protestas del pasado julio. Nacido en 2005 después del Forum Social Mundial de Porto Alegre, sus reivindicaciones fundamentales pasan por conseguir un transporte público, gratuito y de calidad como medida primera para evitar la segregación social. Las constantes subidas en los precios del transporte de los últimos años fueron la chispa que acabó de encender el fuego de los enfrentamientos de 2013. Es éste un conflicto que viene de largo, y al que recientemente se ha sumado incluso el nebuloso grupo de hackers Anonymous declarando que están preparados para tumbar las páginas web de algunos de los más importantes sponsors del Mundial.

Quedan 80 días para la fiesta, y el campo de batalla hace tiempo que está más que listo.

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