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Okupas vs. excavadoras: 5 años de lucha para salvar un bosque moribundo

Entre los pocos árboles que aún quedan en pie, un grupo de activistas anarcoecologistas plantan cara a la RWE, la segunda mayor compañía energética alemana y responsable de la mina a cielo abierto más profunda del mundo

Para llegar al bosque de Hambach (Alemania) no hay que seguir las baldosas amarillas, ni siquiera hace falta usar un mapa; solo hay que fijarse en todas las señales pintarrajeadas con graffitis contra la compañía eléctrica RWE que abundan en el camino.

Desde la estación de Buir hasta el corazón mismo del bosque, los “ Fuck RWE”, “Kill RWE”, “Fight RWE” o “Raus aus der Kohle” (fuera del carbón) guían hacía Hambach y sirven de recordatorio de los abusos contra el medio ambiente que se producen allí desde hace más de 50 años. ¿Las culpables? Las tres minas a cielo abierto que la compañía explota en el territorio desde 1978.

Porque la RWE, la segunda mayor productora de energía eléctrica de Alemania, es la responsable de la inexorable destrucción de uno de los bosques más antiguos de Europa. Con más de 12.000 años de vida, este ecosistema llegó a tener más de 6.000 hectáreas de extensión de las que ahora apenas quedan 600.

Precisamente allí, entre los pocos árboles que aún quedan en pie, un grupo de activistas anarcoecologistas resisten como pueden al invasor mientras evitan que las excavadoras de la mina arrasen con todo.

I

El bosque de Hambach resiste

Hambacher Forst Bleibt (el bosque de Hambach resiste) se lee en una pintada a la entrada del bosque. A un lado, una barricada fabricada con troncos podridos, musgo y trozos de madera. Al otro, un cartel que indica que nos encontramos a 700 metros de Mordor. El camino está desierto y el silencio sepulcral de la naturaleza solo es roto por el ruido del motor de los camiones. Se dirigen hacia la Tagebau Hambach, una mina que tiene el dudoso honor de ser la excavación a cielo abierto más profunda del mundo. Sus 293 metros por debajo del nivel del mar justifican uno de sus motes: el agujero más grande de Europa. Perteneciente a la RWE, cada año se extraen de esta mina a cielo abierto alrededor de 40 millones de toneladas de lignito.

Las grandes maquinarias trabajan sin descanso para extraer lignito de los suelos

En pleno 2017, en medio de toda la preocupación global por el cambio climático y a las promesas ecologistas del gobierno de Angela Merkel, Alemania se erige como el principal productor de carbón de lignito del mundo. Y a pesar de que es el tipo de carbón más contaminante, casi una cuarta parte de la energía de Alemania todavía proviene de su explotación. Sin ir más lejos, la mina de Hambach supone el 5% de toda la electricidad que se genera en Alemania.  

Aunque la explotación de la mina empezara oficialmente en 1978, la destrucción comenzó unos 20 años antes. En los años 50, para que la mina pudiera ver la luz, la compañía eléctrica RWE desplazó a más de 35.000 personas de sus hogares, desvió el cauce de los ríos, desahució pueblos enteros de la zona y comenzó a talar el bosque más grande de Renania del Norte. A partir de entonces, las excavadoras y maquinaria de la RWE se dedicaron a destruir este paraje natural, ante las protestas y la mirada atónita de los habitantes de esta zona de la cuenca del Rhein. Año a año, la superficie del bosque iba desapareciendo, los pueblos se extinguían y Hambach moría poco a poco.

Dos de las casas de árbol que han construido los activistas

Hasta que, en 2012, un grupo de ecologistas decidió hacer algo al respecto. “Hace cinco años que llegó el primer grupo a okupar el bosque. Surgieron las primeras casas de los árboles y alguna que otra estructura en el suelo, pero no contaban con un campamento. Después de 6 meses asentados allí, fueron desalojados. Y volvieron. Ahora, cinco años más tarde, contamos con 15 casas en los árboles y un terreno en un prado cercano, donado por un defensor de nuestra lucha”. La que habla es Nuga (pseudónimo) una chica de cabello rubio rizado que viste una chaqueta militar de tres colores y un cinturón repleto de mosquetones.  

Nuga es de Berlín y cuenta que sus abuelos están muy orgullosos de lo que está haciendo

Lleva tres meses en Hambach y forma parte de los activistas que actualmente libran batalla contra la RWE. “Ahora somos unos 30, pero hemos llegado a ser 50. Es difícil de cuantificar, siempre cambia. De octubre a febrero es la temporada de tala y hay más gente porque todo el mundo sabe que tiene que estar allí y luchar”, cuenta Nuga.

En los años 50 para que la mina pudiera ver la luz, la compañía eléctrica RWE desplazó a más de 35.000 personas de sus hogares, desvió el cauce de los ríos, deshaució pueblos enteros de la zona y comenzó a talar el bosque más grande de Renania del Norte.

Este año la temporada de tala abarcó del 1 de octubre al 28 de febrero. Durante ese periodo, la maquinaria pesada de la RWE se dedicó a cortar el bosque, ante las protestas y las acciones de los activistas. Sin embargo, este año la compañía eléctrica ha seguido talando árboles durante la primera semana de marzo. “Pueden hacer lo que quieran. No les preocupa talar árboles aunque ya haya acabado la temporada de tala. La RWE compró el bosque y tiene derecho a explotarlo hasta 2040”, se lamenta Simon, otro de los ecologistas que vive en Hambach. Aunque con ello quebrante la ley que determina cuándo se puede talar los bosques.

Simon lleva 5 meses en el bosque

Él es de Berlín, no se llama Simon realmente (todos aqui tienen varios nombres), lleva cinco meses allí y tardó uno y medio en construir su casa del árbol. Como Nuga y el resto de sus compañeros, Simon se define como anticapitalista y ha venido a Hambach para luchar contra la destrucción del medioambiente. “Creemos que el capitalismo, el cambio climático y el carbón no pueden ser temas separados. Es por ello por lo que estamos aquí, para luchar contra ellos. Y también para crear estructuras, formas diferentes de organizarnos y de conseguir un mundo mejor”, apostilla Nuga.

II

Vida corriente en la aldea Hobbit

Nuga y Simon hablan con nosotros en un pequeño claro del bosque, al que solo se llega tras seguir unos carteles que dicen Auenland (así se conoce en alemán a la aldea de los hobbits del Señor de los Anillos). Les acompaña la madre de Simon, una mujer alemana que incide en que la labor que hace su hijo y sus compañeros no es fácil pero sí necesaria. Ella ha venido de visita desde Berlín, cargada con una mochila con provisiones y con las ganas de conocer cómo es el estilo de vida de esta pequeña comunidad okupa.

Detalle de una de las casas del árbol más grandes del campamento

Las 15 casas que componen el campamento del bosque son el corazón de la lucha. En estas estructuras situadas en lo alto de los árboles y conectadas entre sí por pasarelas, la actividad es constante. “Es importante que haya siempre gente allí para que no vengan a talar los árboles y que haya agua y comida por si viene la policía”, explica Nuga. Todas las casas están construidas con materiales reciclados y aseguradas con cuerdas en vez de clavos. Eso hace que en el caso de tormenta y viento, la estructura se balanceará como un mimbre y no se vendrá abajo.

“Dentro de la casas más grandes hay una cama, un horno, una cocina con estufa de gas y fregadero. En otras más pequeñas simplemente hay una cama”, cuenta Nuga. Se calientan y cargan los teléfonos móviles gracias a la energía fotovoltaica y cocinan comida vegana que reciben de donaciones o cogen de los contenedores de los supermercados.

¿El día a día? Todo lo cotidiana que puede ser la vida en medio de un bosque moribundo.

Interior de la casa

La batalla contra la RWE es constante. “Son una compañía que busca el beneficio, así que si no tuvieran un beneficio económico se supone que pararían de explotar la mina. Sin embargo, en los último años la compañía ha perdido dinero”, explica Simon.

El activista se refiere a la actual situación de la RWE. Con el auge de las energías renovables, el gigante eléctrico ha visto como el precio de sus acciones se desplomaba. De hecho, los accionistas han perdido el 80% del valor de su paquete de acciones durante la última década.

“Así que tenemos la sensación que ya no lo hacen por dinero, sino que quieren reírse en nuestra cara. Vamos a talar todo el bosque, vamos a agotar todo el carbón”, se lamenta Simon.

 

Nos dedicamos a construir estructuras, casas de los árboles, recolectar comida y materiales para construir nuevas casas y también a pensar nuevas alternativas de vida”

Frente a esto, desde el bosque de Hambach organizan distintas formas de resistencia. La acción directa principal es la propia okupación, pero no es la única. Los activistas han saboteado la maquinaria y la infraestructura de la RWE atacando las pequeñas excavadoras y las tuberías de agua, cortando la vía de tren que transporta el carbón o estropeando las máquinas para la tala.

“Al final, nada de eso funciona. Ellos tienen mucho dinero y no les importa”, explica Nuga. También colocan clavos o varillas de cerámica a la altura de la sierra en árboles que van a ser cortados pronto. Eso hace que la sierra se bloquee. Estas formas de acción son las más criminalizadas, por lo que los activistas deben hacerlas con mucho cuidado.

En los años que lleva la okupación, muchos han sido los detenidos por la policía, con la que también ha habido enfrentamientos en momentos concretos. PlayGround se ha intentado poner en contacto con el departamento de prensa de la compañía RWE para conocer su postura acerca del conflicto pero no ha recibido respuesta.

III

Las consecuencias del “Gran agujero de Europa”

Pero Hambach es más que un bosque, más que un grupo de activistas colgados de los árboles que intentan con pocos medios luchar contra Goliat. Las minas a cielo abierto que están matando el bosque también han supuesto un brutal impacto en la vida de los habitantes de la región.

“Están destruyendo pueblos antiquísimos que datan de la Edad Media. Algunos, como Manheim, tienen más de 1.000 años de historia. Por el contrario, están creando nuevos pueblos que llevan el prefijo “neu” (nuevo) y que están hechos a la imagen y semejanza de los antiguos”, explica Simon.

Por otro lado, la compañía RWE gestiona 5 plantas energéticas donde el lignito se quema para producir energía. Tanto esta actividad como el trabajo de la mina producen un daño tremendo al medio ambiente. Se calcula que esta industria genera alrededor de 100 millones de toneladas de CO2 al año y “produce partículas diminutas de polvo que el cuerpo humano no puede filtrar y acaban directamente en los pulmones”, recuerda Simon.

Otra de las zonas del campamento

“Esto que hacen desde la RWE no es bueno para la región. Los recursos de Renania del Norte se han explotado durante demasiado tiempo. Desde la compañía han mentido a la gente diciéndoles que todo esto era necesario. Sin embargo, si miras los números y las estadísticas, no es realmente necesario el uso de lignito o carbón”, detalla Rita.

Cada mes, los activistas organizan un tour por el bosque para acercar la problemática de Hambach a la ciudadanía

IV

El futuro de Hambach

La RWE tiene licencia para explotar la mina hasta 2040. Pasado ese tiempo, sus planes se volverán aún más retorcidos. “Quieren construir en el cráter de la mina el lago artificial más grande de Alemania”, cuenta Simón.

Y ya tiene nombre: Terra Nova. Según explica el diario Deutsche Welle, “los artífices del proyecto planean llenar su cuenca con las aguas del río Rin, usando un complejo sistema de tuberías”. El lago estará listo como tarde en 2100 y solo está superado en cantidad de agua alojada por el lago Constanza. La propia compañía ha colocado sombrillas y unas tumbonas en una especie de mirador que ha construido justo en un alto. Quizás para hacer que la gente de la zona olvide la perversa ironía que supone construir un nuevo paraíso turístico bajo el cadáver de un bosque destruido.

Nuga, Simon y Rita son jóvenes comprometidos pero no ilusos. Ante la pregunta de si la okupación logrará parar en algún momento la destrucción del bosque, todos coinciden en lo mismo: Hambach está condenado a desaparecer.

Y, desgraciadamente, la fecha de la muerte está muy próxima. Según la RWE, para 2018 se habrá terminado de talar la superficie del bosque. Porque como resume Rita: “Hambach es algo simbólico para la lucha contra la explotación de la naturaleza. También es una solicitud a la gente, ¡levántate y haz algo! Y piensa en el mundo en el que quieres vivir. Sueña en grande y construye una vida diferente".

Porque Hambach ya no es un bosque. Se ha convertido en algo más, algo que trasciende lo físico. Hambach ya es un símbolo.

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