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Las víctimas que matan: así son las niñas "suicidas" de Boko Haram

La milicia yihadista ha obligado a tres niñas de unos 10 años a inmolarse

A 1.000 kilómetros de las manifestaciones por la libertad y contra el terrorismo en París, alrededor de 23 personas eran asesinadas en nombre del fundamentalismo islámico. Las víctimas no vivían en Francia, sino en Nigeria. Los autores materiales no eran franceses radicalizados, sino niñas de 10 años.

Durante este fin de semana, el grupo yihadista Boko Haram ha utilizado supuestamente a tres niñas para cometer atentados. Les pusieron chalecos con explosivos y las mandaron caminar por algunos de los mercados más populares del país.

El sábado hubo dos explosiones en el mercado de Maiduguri, en el estado norteño de Borno. Al menos murieron 20 personas (incluida la niña) y hay 18 heridos. Ayer por la tarde otro ataque provocó 3 muertos y 26 heridos en el mercado al aire libre de Potiskum, dedicado a la venta de teléfonos móviles.

Uno de los vendedores, Sani Abdu, dijo a los medios que vio restos de los cadáveres de dos jóvenes: “Eran dos niñas pequeñas de unos 10 años. Solo pude ver una trenza y parte del torso”. La descripción del comerciante coincide con la que Ibrahim Habu, testigo del segundo atentado en Potiskum, dio a la periodista de The Guardian Monica Mark: “Miré hacia arriba y vi las partes del cuerpo en todas partes, entonces el cuerpo de una niña pequeña cortada en dos”.

Estos atentados se producen horas después del mayor ataque de la milicia islamista Boko Haram en la localidad nigeriana de Baga y sus alrededores, situados en la orilla estratégica del lago Chad.

El viernes los milicianos arrasaron con todo, quemaron casas y comercios, y abrieron fuego contra la población, causando 2.000 muertos según fuentes de Amnistía Internacional. Otras fuentes hablan de unos 600 fallecidos.

Las víctimas que matan

Los medios de comunicación occidentales han tenido problemas para cubrir la masacre en Nigeria. Se trata de la mayor escalada de violencia en un país que está a punto de convertirse en un verdadero Estado Islámico a falta de un gobierno fuerte y de un ejército pobremente financiado.

Mientras decenas de expertos y opinadores de todo el mundo analizan los actos de terrorismo yihadista en Francia, las noticias sobre el baño de sangre en Nigeria se componen a base de cifras y breves relatos sobre lo ocurrido.

Se dice que Boko Haram ha liberado a una treintena de las más de 200 de niñas que secuestró en abril y que ha pactado con el gobierno hacerlo en su totalidad. Pero sigue raptando a mujeres jóvenes en el norte del país. Ahora sabemos que, además, ha empezado a utilizar a las niñas como instrumento para matar.

Parece ser que en la milicia de Abubakar Shekau los suicidas no necesitan ser mártires de Alá. Para eso ya están las esclavas. En contra de lo que muchos medios repiten sin cesar, las tres niñas que han muerto este fin de semana no se han inmolado. No eran suicidas: eran víctimas del terrorismo fundamentalista islámico en su faceta más cruel y machista. Han sido forzadas a matar, y a morir, en nombre del Califato y de sus amos. Igual que muchas son utilizadas como mercancía, rehenes y esclavas sexuales.  

Aunque el fundamentalismo islámico sacude Europa, Oriente Próximo y África, sólo nos esforzamos por comprender lo que pasa dentro de nuestras fronteras. La amenaza es la misma aunque su fuerza exterminadora, y sus métodos, sean distintos: solamente en Nigeria Boko Haram ha asesinado a 10.000 personas durante 2014 y más de 1,6 millones de personas han tenido que dejar sus hogares desde que este grupo apareció en 2002.

No eran suicidas, eran víctimas obligadas a matar.

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