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El mordisco venenoso de este diminuto pez coloca casi tanto como la heroína

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Sin duda, un animal único en su especie

PlayGround

31 Marzo 2017 17:25

El blenio colmillo, un diminuto pez tropical de colores que vive en las cálidas aguas del arrecife de coral australiano, esconde un curioso secreto dentro de su boca.

Cuando tiene la mala suerte de acabar en las fauces de alguno de sus múltiples depredadores, este animalito consigue escapar de allí a través de un sistema único: mordiscos venenosos. Tan solo hay otra especie de pez –la anguila de las profundidades – que inyecta veneno a través de mordeduras, como haría una serpiente.

Este comportamiento ya fue descrito hace más de 40 años por el zoológo George Losey aunque hasta ahora, no se sabía muy bien cómo funcionaba exactamente su veneno.

Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Queensland ha encontrado las claves del veneno que albergan los colmillos del blenio.

Y el secreto es... hormonas de opioides.

“Su veneno es químicamente único. El pez inyecta a sus depredadores péptidos opioides que actúan como la heroína o la morfina, inhibiendo el dolor en vez de provocándolo”, explica una de los autores del investigación, el profesor de la Universidad de Queensland, Brian Fry. “Nunca hemos visto nada igual".


El blenio colmillo, un diminuto pez tropical de colores que vive en las cálidas aguas del arrecife de coral australiano, esconde un curioso secreto dentro de su boca.


Sin embargo, como aclara el equipo investigador a The Atlantic, eso no significa que el veneno del pececillo sea un analgésico. “Estas sustancias tienen que liberarse en el cerebro para tener este efecto y es poco probable que eso ocurra cuando los otros peces son mordidos por el blenio”, explican. En su lugar el veneno actúa como una droga, colocando a los depredadores, haciéndoles sentir débiles y mareados para que así el blenio colmillo pueda escapar de sus fauces.

Más allá del colocón que produce la mordedura del blenio colmillo, los autores del estudio esperan que la investigación abra la puerta al descubrimiento de nuevos compuestos químicos alternativos a los analgésicos, quizás a partir de este veneno.



Sin embargo, puede que nunca se pueda llegar a investigar totalmente. La Gran Barrera de Coral australiana, uno de los hábitats de este pececillo, está muriéndose a causa de los efectos del cambio climático.

“Este descubrimiento es un excelente ejemplo de por qué hay que proteger con urgencia toda la naturaleza. Es imposible predecir de dónde vendrá la próxima maravilla de los medicamentos”, explicaba uno de los investigadores. “La destrucción de los arrecifes no es tan diferente de hacer estallar una bomba nuclear en la parte superior de un yacimiento de petróleo. Es la destrucción intencionada de un vasto recurso económico”.


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