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En Berlín, los clubes importan más que la paz de los vecinos

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Cuando la política se rinde a la fiesta: el Clubkataster nace para proteger a los clubes de las presiones de constructores y ciudadanos ante la creciente gentrificación de la ciudad

Luis M. Rodríguez

28 Junio 2015 06:00

Imagina la siguiente escena:

Bombos monocordes retumbando cada fin de semana en los cristales del piso al que te acabas de mudar. En la calle, un constante trajín de gente que, por aquello del alcohol, no logra controlar ni sus risas ni sus voces. Cansado de no poder dormir recoges firmas entre tus nuevos vecinos para plantear una queja por ruidos ante la oficina del distrito, pero al plantarte allí te encuentras con una respuesta que no esperabas: "El club estaba allí antes que ustedes; son ustedes los que tienen que respetar al club y no al revés". ¿Cómo te quedarías?

Eso es lo que va a empezar a pasar en la capital alemana. Todo para evitar que el tejido de salas de la ciudad se siga deteriorando por culpa de la gentrificación y la presión inmobiliaria.


           "El Bar está muerto", pintada en la puerta del desaparecido Bar 25

La idea del 'Clubsterben' (la muerte del club, o la agonía del club) viene sobrevolando la escena berlinesa desde hace más de una década. El término tuvo su primer apogeo a finales de los 90 —del todo vale y en cualquier sitio del dulce caos post-reunificación hubo que pasar al 'profesionalizarse o morir'— y volvió a vivir un boom entre 2010 y 2012, años en los que la presión inmobiliaria empezó a forzar el cierre de demasiados locales míticos. Icon, Maria, Bar 25, el renacido WMF... Bajas demasiado notorias como para no sentir que algo estaba cambiando en la meca europea del clubbing.

En casi cualquier ciudad del mundo los poderes públicos hubieran observado ese goteo de cierres con pasividad e incluso con deleite. Pero Berlín, por su historia y su presente, está hecha de una pasta distinta.

"Berlín tiene algo que la distingue de otras ciudades", apunta Tobias Rapp, autor del libro Lost and Sound. Berlin, Techno y la Easyjet Set. "Aquí hay manifestaciones que son al mismo tiempo subcultura y mainstream. Un lugar como Berghain sería de lo más underground en otra parte, pero aquí es un reclamo turístico".

Esa realidad de dos caras a la que alude Rapp ha dotado a la ciudad de una conciencia distinta que llega hasta las bancadas políticas.

Se trata de una mezcla de amplitud de miras, tolerancia hacia lo distinto y utilitarismo que cada cierto tiempo nos sorprende con medidas públicas que se nos antojan impensables en nuestro país. ¿La última de esas medidas? La creación del Clubkataster, un catastro interactivo de clubes y salas de conciertos que recoge la evolución del ocio musical en la ciudad desde principios del siglo pasado y hasta nuestros días.

Dicho así suena a proyecto inane y aburrido, pero no lo es. Porque el Clubkataster es mucho más que un censo.



Un blindaje contra el ladrillo

"Creemos que la idea del 'Clubsterben' sigue vigente, no tanto en cantidad como en calidad", nos explica Lutz Leichsenring. "En el barrio de Mitte, por ejemplo, han cerrado muchos clubes. Lo que han conseguido reabrir son menos experimentales, sus apuestas son menos creativas y se centran más en el ambiente y en el bar que en su programación musical".

Leichsenring sabe de lo que habla. Él es el portavoz de la Clubcomission, asociación que defiende los intereses de más de 140 clubes, salas de conciertos y empresas culturales de la ciudad de Berlín. Pocos mejor que él conocen el estado de las cosas en la escena, y su repaso a la actualidad sitúa a varios nombres en la cuerda floja.

"Espacios como Gretchen, Cassiopeia, Hafenbar, Insel der Jugend o Schönwetter están ahora mismo amenazados. Otros, como Lovelite, White Trash, Stattbad, Kater Holzig o ZMF se han visto obligados a cerrar o a mudarse de localización en tiempos recientes".


Los clubes son parte de la infraestructura creativa de la ciudad, y el crecimiento económico de la ciudad es inseparable de las posibilidades creativas que ofrece.

                                                                                                  Stattbad

La mayor parte de esos cierres o desplazamientos son el resultado de la combinación de dos factores: por un lado, la presión de inversores inmobiliarios hambrientos de alquileres cada vez más altos en línea con la creciente gentrificación que afecta a buena parte de la ciudad; por otro, las tensiones alimentadas por los vecinos que, atraídos por esos procesos de desarrollo urbano, llegan a instalarse a zonas regeneradas en las que antes no había nada.

El Clubkataster quiere limitar el daño de la segunda de esas variables. La consigna es evitar que el ladrillo desplace a la vida nocturna de aquellas zonas en las que está asentada.

"El catastro nace con la intención de servir de ayuda a las administraciones de distrito a la hora de determinar dónde están localizados los locales musicales, y dónde existen planes para construir nuevos edificaciones", nos cuenta Lutz. "Deberá ser tenido en cuenta a la hora de planificar y permitir nuevos desarrollos urbanísticos".

La consigna es evitar que el ladrillo desplace a la vida nocturna de aquellas zonas en las que está asentada

Esa es una de sus funciones: servir como inventario de acceso público de esos espacios que tanta personalidad le dan a la ciudad. Pero su utilidad va más allá de lo meramente informativo.

"A partir de ahora, los empresarios del ladrillo deberán asegurarse de que no hay clubes alrededor de donde ellos planean construir. Para eso está el catastro. Si aún habiendo clubes en las inmediaciones desean seguir adelante con sus planeas, deberán invertir de forma especial en el aislamiento acústico de las nuevas viviendas para evitar futuros problemas".

Dicho de otro modo: son los constructores y los promotores urbanísticos los que deberán asumir el coste de adaptar sus construcciones a las condiciones acústicas del entorno, respetando a los clubes que puedan existir en la zona, y no al revés.

La posición política es clara: el Rücksichtsnahmegebot, algo así como el principio de consideración de los intereses legítimos de los demás, también protege a los clubes. Los vecinos que lleguen después a establecerse en una determinada zona no tienen derecho a quejarse de lo que ya estaba ahí.

"El Senado para Desarrollo Urbano de Berlín se ha dirigido a los funcionarios de distrito para darles indicaciones claras a este respecto. Y las indicaciones son que deben decidir a favor de los locales musicales. En caso de conflicto, el inversor deberá demandar judicialmente al distrito".


                                                                                                    Cassiopeia

¿Qué opinan los vecinos de la nueva regla?

"Lo cierto es que no tenemos datos actualizados a nivel de percepción ciudadana", explica Lutz. "Pero siempre hemos tenido mucho apoyo en el pasado por parte de todo tipo de gente. En general la gente es consciente de que la escena de clubes es una de las últimas caras 'salvajes' de la ciudad y entienden que debe ser protegida".

Mantener Berlín vivo y salvaje. Esas fueron también las palabras usadas por Andreas Geisel, Senador para el Desarrollo Urbano de la ciudad, a la hora de presentar el catastro y su propósito.


Se trata de conectar las distintas exigencias de ciudad. La gente no sólo quiere salir de fiesta en Berlín, sino también vivir aquí. Hay que abogar por una convivencia en igualdad de derechos

                                                                                                   R.I.P. Bar 25

Los clubes y salas de conciertos pasan a ser una especie protegida en el conjunto de la fauna cultural berlinesa. Y no es para menos.

La escena musical no sólo ha dejado su huella en la estructura social y en la geografía urbana de la ciudad, sino que también constituye un factor económico que no debe ser subestimado. Ahí están los sondeos realizados hace algunos años por Berlin Tourismus Marketing GmbH, señalando a los clubes y la vida nocturna como segundo motivo de atracción de la ciudad a nivel turístico.

En el fondo se trata de eso: proteger la escena por su condición de máquina generadora de dinero para la ciudad.

El Berlín contracultural ya es fundamentalmente burgués, pero la ciudad sigue, a su manera, marcando tendencia.


Las políticas de cohesión social también pasan por proteger el derecho al ocio nocturno

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