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Cosas que nunca te contaron del negocio de comida para mascotas

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Un mercado que nadie vigila, y que no para de crecer

Alba Muñoz

01 Marzo 2016 08:53

“En vez de tener un hijo tendremos un perro”. A veces las bromas que uno oye por ahí se convierten en un retrato del presente.

Mientras las cunas de bebé siguen desapareciendo de los hogares de los países desarrollados, los cojines y los rascadores avanzan posiciones. Baja la natalidad, pero el presupuesto que dedicamos a las mascotas, su importancia en nuestras vidas, no para de crecer.

El año pasado los estadounidenses gastaron 58 mil millones de dólares en sus animales, de los cuales 22 mil millones se destinaron solamente a comida.

En el caso de España, las estadísticas muestran que hay un animal en la mitad de los hogares y que la crisis no afecta al negocio: en 2014 este sector generó un negocio de 2.200 millones de euros en nuestro país, con un crecimiento del 3% de media.

Cuanto mayor es el amor de los dueños de mascotas, más cuantiosos pueden ser los beneficios

Todo apunta a que seguirá creciendo: el gasto de los españoles es aún un tercio de lo que desembolsan franceses, alemanes o británicos.

Estamos ante un boom: el mercado de la comida para animales domésticos ha crecido un 75% desde el año 2000 según datos de Euromonitor International. Y no se trata de cualquier comida. Las gamas “premium”, aquellas que supuestamente son de más calidad, se venden cada vez más.

El eslogan de Blue Buffalo, una marca de comida para mascotas, reza así: "Love them like family. Feed them like family" ('Ámalos como a tu familia, aliméntalos como a tu familia').

Pero esta industria tiene dos caras, y ambas muestran zonas oscuras: lata por dentro, lata por fuera. Realidad y emoción. 

Lata por dentro: sin control

Los principales importadores de comida para mascotas son Japón, Canadá, la Unión Europea y Estados Unidos. 

Según datos del Departamento de Agricultura estadounidense, China es el principal exportador de piensos y tarrinas a nivel mundial, y Estados Unidos el segundo. Sin embargo, entre estos dos países existe un intercambio que explica una de las zonas oscuras de esta industria tan boyante:

Aunque Estados Unidos sea el segundo exportador mundial, China es quien abastece la mitad de sus importaciones. Esto solo se explica porque China suministra ingredientes, la materia prima, que entran en la cadena de fabricación de Estados Unidos y Canadá.

Como explicamos hace unos días, la falta de control sobre la calidad de estos alimentos para mascotas produjo en 2007 unas 8.000 muertes de animales de compañía en Norteamérica: decenas de productos elaborados con producto procedente de China estaban contaminados con melamina, un derivado del plástico utilizado como fertilizante.

En 2007, unas 8.000 mascotas murieron envenenadas por comida industrial en Estados Unidos

A pesar de la presión de los consumidores, la realidad es que hoy la Agencia Estatal de Alimentación estadounidense (FDA) no es capaz de garantizar la salubridad de los alimentos para mascotas ni de ejercer control sobre el poderoso lobby Pet Food Institute.

Es de hecho una organización sin ánimo de lucro, AAFCO, a quien se le encarga buena parte de esa tarea en plena explosión económica del sector. Y lo tiene muy complicado.

En un estudio publicado en 2012, la FDA concluyó que más del 16% de los alimentos crudos para animales está contaminado de listeria (una bacteria que puede ser mortal para humanos) y que más de un 7% está contaminado de salmonela. Para ello, durante dos años, la FDA compró aleatoriamente 196 productos de comida cruda congelada para perros y gatos, elaborados mayoritariamente con carne molida o salchicha.

Aunque en Europa la legislación es mucho más estricta (la alerta de la melamina no afectó a ningún país a este lado del Atlántico), la industria tampoco puede garantizar al 100% la salubridad y el origen de todos los ingredientes de los llamados "subproductos cárnicos", una pasta elaborada con todo tipo de restos animales procedentes de los mataderos de ganado y caballo.

Lata por fuera: un mercado de lujo

Después de la gran retirada de alimentos en 2007, la guerra entre compañías se volvió cruenta porque el pastel, paradójicamente, era cada vez más tentador:

La alimentación para mascotas es una industria poco regulada, en la que las ventas de los productos lujosos y con valor añadido (más caros) empezaron a crecer en comparación con el resto. Además, las recesiones no parecían afectarle: los consumidores no permiten que sus amigos peludos sufran la precariedad, como si las mascotas merecieran estar al margen de la penosa vida de muchos humanos.

Algunas latas de comida para gatos parecen más lujosas que los alimentos que compramos para nosotros mismos

Las grandes marcas afectadas por la crisis de 2007 quisieron que los dueños siguieran confiando en sus productos, que fueran sinónimo de excelencia y calidad.

Por eso es habitual encontrar latas doradas de comida para gatos con las palabras "gold", "excellence" o "premium". Su apariencia es más lujosa que la de los alimentos que compramos para nosotros mismos: en un producto para animales, la estrategia de marketing es tentar al cuidador con el diseño exterior, pues hasta hace bien poco nadie reparaba en los ingredientes de las latas o piensos.

Publicidad feliz, comprador feliz

Los fabricantes de comida para animales suelen evitar sanciones utilizando mensajes publicitarios vagos: en vez de decir que un pienso previene de la artritis, dirán que mantiene las articulaciones sanas. Aunque solamente los medicamentos pueden lanzar mensajes aludiendo a enfermedades o dolencias, la persecución de la llamada "publicidad engañosa" es mucho más laxa cuando hablamos de mascotas.

Comida elaborada sin controles + más libertad publicitaria + dueños que se dejan llevar por el amor + mascotas que no pueden quejarse = $$$$$$

En Estados Unidos hay más familias con perros que con niños. A medida que se retrasa la crianza o se rechaza por completo, gatos y perros se vuelven receptores del cuidado emocional y de compromiso entre parejas.

Así, estamos ante un producto elaborado sin controles estrictos + más libertad publicitaria + dueños que se dejan llevar por el amor + mascotas que no pueden quejarse = $$$$$$

El búfalo que se convirtió en vaquilla

La industria de alimentos para mascotas se concentra, según este reportaje de Huffington Post, en dos grandes multinacionales: la estadounidense Mars (Pedigree, Eukanuba, Evo, Nutro, Innova, California Naturals), y la suiza Nestlé (Purina) controlan la mitad de todas las ventas a nivel mundial.

A raíz de las crisis de 2007 empezaron a aflorar competidores, marcas que prometían una nutrición más "natural" y que aseguraban ser una alternativa "segura" para dueños preocupados.

Una de las apuestas más grandes la hizo Blue Buffalo, que inició una fuerte campaña para diferenciarse de las grandes multinacionales. Por un precio mayor, Blue prometía una "fórmula holística" con "frutas y vegetales saludables" y hasta antioxidantes.

¿Es hora de comerse al perro? Las mascotas de los países ricos contaminan más que algunos pueblos humanos

Pero la jugada no iba a resultar tan fácil. En 2014, Purina demandó a Blue Buffalo por publicidad engañosa, ya que afirmaban que es nutricionalmente superior a los "grandes nombres" y que sus productos están libres de subproductos cárnicos.

Blue Buffalo tuvo que reconocer problemas de contaminación similares a los de la melamina en un ciclo de producción de comida para cachorros de gato y barritas llamadas "barritas saludables": en noviembre del año pasado la FDA alertó de que podían contener etilenglicol (un compuesto químico dulce que se utiliza como anticongelante y puede ser cancerígeno). También tuvo que retirar comida para perro y reconocer que sus productos contienen subproductos de pollo.

Al final, la marca alternativa estadounidense reconoció lo mismo que el resto: las grandes multinacionales de comida para animales no fabrican su propio alimento, sino que son firmas de marketing con un control limitado de lo que envasan. 

Lo que sí controlan al detalle son los deseos y precupaciones crecientes de los dueños de mascotas. Cuanto mayor es el amor, más cuantiosos pueden ser los beneficios.

¿Hora de comerse al perro?

Un enemigo de esta industria alimentaria, como el de todas las industrias, es la información del propio comprador, y los movimientos culturales que pueden terminar con constumbres tan arraigadas como la disfrutar de la compañía de un animal en el hogar.

Sin duda, el último de los frentes críticos que se ha abierto al mundo de las mascotas lo abrió el libro Time to Eat the Dog? The Real Guide to Sustainable Living ('¿Hora de comerse al perro? La verdadera guía para una vida sostenible'), de Robert y Brenda Vale, que señalan la necesidad de poner sobre la mesa los costes mediambientales de alimentar a nuestras mascotas.

Un perro medio necesita 0,84 hectáreas de tierra para mantenerse alimentado, mientras que un etíope necesita 0,67

Su planteamiento es que si vamos a examinar el impacto de nuestro estilo de vida, y la contaminación de la industria alimentaria, debemos incluir a los animales domésticos en la discusión.

Pues bien, la huella ecológica de nuestras mascotas es realmente grande: un perro o un gato doméstico contamina más que algunos humanos del planeta. Un perro medio necesita 0,84 hectáreas de tierra para mantenerse alimentado, mientras que un etíope necesita 0,67.

Aunque los autores del libro no apuestan por el sacrificio masivo de mascotas, sí lanzan algunas ideas, como el sacrificio de plagas para fabricar "comida más real" (ponen las ratas como ejemplo), o que las familias tengan mascotas comestibles, como conejos.

Eso sí, los animales llenan la vida de millones de personas, y sus beneficios emocionales y sociales también deben ser tenidos en cuenta.

Al final la cuestión es que tengamos o no mascota, deberían importarnos las empresas que fabrican comida y todo tipo de productos para ellas. Los cambios sociales han provocado que este mercado tenga un impacto económico brutal y seguramente también mediambiental. 

No parece lógico dejar que el amor por los animales nos ciegue ante estas multinacionales. Precisamente porque ese amor es la materia prima de un sector que está reproduciendo las peores maniobras comerciales de la industria alimentaria. 






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