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5 barriadas del mundo que definirán nuestro futuro

Doug Saunders presenta en "Ciudad de Llegada" una esperanzadora visión de la migración urbana

En 2006 Mike Davis escribía un influyente libro titulado "Planeta de Ciudades Miseria". Allí hacía un incisivo y oscuro repaso al fenómeno de los slums o ciudades chabolistas situadas en la periferia de las grandes urbes del mundo. El panorama que pintaba Davis era descorazonador: más de mil millones de personas viviendo en condiciones infrahumanas, de espaldas al mundo, excluídos de la riqueza urbana, meros residuos de las políticas neoliberales, y cabeza de turco de las guerras estadounidenses contra el terror. El "slum" como epicentro de los futuros terremotos sociopolíticos y expresión de la salvaje opresión de las clases dominantes.

La perspectiva que hoy nos brinda el periodista canadiense Doug Saunders en su obra "Ciudad de Llegada" (Debate, 2014) no es exactamente opuesta a la de Davies, pero es de lejos mucho más optimista. Saunders trata el fenómeno global de la urbanización informal como parte de una serie de movimientos migratorios entre el area rural y las ciudades, que empezaron a mediados de siglo XX y que están conociendo en este siglo su auge definitivo. Saunders habla de "la última migración", un movimiento masivo de millones de personas que conecta aldeas y pueblos con núcleos urbanos y que de cara a final de siglo redefinirá por completo la manera en que las sociedades globales se organizan.

En su repaso detallado a distintos ejemplos a lo largo y ancho del globo no se centra únicamente en las acumulaciones de chabolas, sino en todos los barrios periféricos y asentamientos humanos conectados a los grandes centros económicos mundiales, y los estudia tratando de entender cómo son, quién los puebla, y por qué unos triunfan en su tarea de urbanizar y mejorar la vida de las personas, y otros no. La importancia capital de estas "ciudades de llegada", como él las llama por ser los lugares a los que se llega para tratar de acceder a la vida urbana, aún manteniendo un pie en la rural, radica en que son los lugares donde se están definiendo y creciendo los nuevos modelos de sociedad que redefinirán la vida urbana del futuro. Un panorama bullicioso, poblado por millones de personas que buscan una vida mejor.

Aunque no duda en subrayar los problemas reales de muchos de los lugares que describe (miseria estructural, analfabetismo, insalubridad, falta de acceso a servicios, condiciones de vida en general muy duras...), Saunders trata de dar voz a las personas que los pueblan. Y lo hace con el fin de averiguar de qué manera el abrumador potencial de tantos humanos tratando de prosperar puede canalizarse para dar lugar a sociedades urbanas más complejas, inclusivas y ricas. Si la perspectiva de Davis se centraba en señalar los problemas, la de Saunders intenta ver las oportunidades.

Sea como sea, el fenómeno de las ciudades periféricas es un hecho insoslayable, y es difícil tratar de entender el panorama de las grandes urbes contemporáneas sin tenerlo en cuenta. La redefinición de las relaciones entre urbano y rural, las tensiones de clase, el potencial de las nuevas formas culturales, creativas y artísticas, los quiebros entre lo informal y lo formal y su relación con la política urbana... Todos estos serán asuntos capitales para las grandes megápolis durante las próximas décadas, y al estudiarlos no puede dejarse de lado la realidad de estos lugares de transición. Para tratar de aproximarnos mínimamente al fenómeno, a continuación os ofrecemos un repaso de algunos de los más representativos del aquí y ahora, todos comentados extensamente en el libro de Saunders.

1. Liu Gong Li, China

La población flotante de China (la que está en circulación entre aldeas y asentamientos urbanos) se calcula hoy entre 150 y 200 millones de personas. Está situada en los alrededores de la gran ciudad de Chongqing, al suroeste del país, y aunque "para alguien de fuera, no es más que una fétida barriada", acoge aproximadamente a 120.000 personas. Su verdadera naturaleza se revela cuando uno entiende que todos sus habitantes han ido llegando desde aldeas en las últimas dos décadas: en sus calles la actividad productivas es frenética (se fabrica de todo, desde bañeras, hasta ropa, transformadores de alto voltaje, carpinterías, piezas de moto...) y la mayoría de personas que pueblan sus calles nunca han visto la ciudad que se alza más allá de ellas. A pesar de la dureza de la vida allí, pocos quieren volver a sus lugares de origen.

2. Petare (Caracas), Venezuela

Petare (Caracas), Venezuela

La llegada al poder de Hugo Chávez en el 99 centró gran parte de sus esperanzas en potenciar precisamente la ciudad de llegada. La cosa no acabó de salir bien. Y para tratar de entender los motivos puede tomarse como ejemplo Petare, una enorme comunidad de chabolas en lo alto del valle sobre el que descansa Caracas. Con una población que oscila entre los 400.000 y los 900.000 habitantes, Petare fue una de las niñas bonitas de Chávez, y grandes ayudas se destinaron a reducir la pobreza en la zona. Sin embargo, éstas se basaban más en ayudas directas (de carácter vertical) y en programas de "educación política" que en dotar a los pobladores de herramientas de prosperidad y ascenso social. En 2008 Petare se rebeló de nuevo, esta vez en las urnas. La vida cotidiana y el carácter transicional de la ciudad de llegada se impusieron a las cuestiones ideológicas.

3. Tatary, Polonia

En aldeas como Tatary, en el extremo oriental de Polonia, vive, crece y trabaja la que bien podría ser la última generación campesina del continente. La ciudad reclama a sus miembros, por mucho que el Estado no quiera admitirlo. Polonia concentra una población de 4 millones de campesinos, la más grande de Europa, pero su actividad sólo gener un 4,7% del PIB del país. Su sistema económico se ha basado en parte en una costosa política rural y agrícola pensada para evitar precisamente el movimiento rural a las ciudades de llegada, que se encuentra en un callejón sin salida. Entre 2004 y 2007, más de dos millones de jovenes polacos salieron del país para ir a parar a países de la Unión Europea. Con la llegada de la crisis económica, muchos de ellos volvieron a su país de origen, con nuevas perspectivas, contactos y conocimientos, participando en la rápida urbanización del país. Las ciudades de llegada acabaron llegando, al fin y al cabo.

4. Jardim Ângela (Sao Paulo), Brasil

Jardim Ângela (Sao Paulo)

En 1996 el barrio de Jardim Ângela se hizo tristemente famoso por ser declarado el "barrio más violento del mundo". Situado en el sur de Sao Paulo, pasó de ser una desierta extensión de bosque con unas pocas chabolas pobladas por aldeanos a finales de los 70, a acoger una población de 250.000 personas a finales de siglo, y acumular una terrible estadística de 309 asesinatos al año, muchos de ellos de adolescentes. Hundida por la miseria estructural del país durante la década de los 80 y asolada por la delincuencia, hoy una tercera parte de su población ha conseguido prosperar lo suficiente para ser propietaria de sus viviendas. Sigue siendo un barrio pobre y las drogas siguen siendo un problema. Sin embargo, el paisaje es muy distinto al de entonces. El trabajo colectivo de grupos de vecinos, junto a la escuela y la iglesia, consiguieron dotar de unas estructuras mínimas a un barrio olvidado y conectarlo con la ciudad que le había dado la espalda. Los últimos en llegar a la fiesta, como de costumbre, fueron los representantes oficiales.

5. Kibera (Nairobi), Kenia

 Kibera (Nairobi), Kenia

Kibera es uno de los arrabales más importantes de la capital de Kenia, Nairobi. A pesar de sus durísimas condiciones de vida (mafias que controlan el abastecimiento de agua, escasas medidas sanitarias, hedor constante...) muchos de sus habitantes, venidos de poblaciones rurales se consideran ciudadanos de la urbe. En Kibera se está llevando a cabo un proyecto de habitat de las Naciones Unidas llamado KENSUP, similar a otros que se desarrollana en Estambul o Pekín, por el que muchos habitantes de chabolas podrían, supuestamente, acceder a la propiedad de viviendas dignas. ¿Problemas? Una ciudad de llegada es mucho más que un montón de gente queriendo acceder a vivienda propia. Es también una red de contactos, alianzas y negocios. Es un mercado informal que crece y fluye. La solución no es sólo otorgar lugares para vivir, sino entender la estructura profunda y libre de las ciudades de llegada y aprender de cómo sus habitantes las utilizan para prosperar.

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