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El ejército de EEUU quiere que sus balas se conviertan en flores

El Departamento de Defensa estadounidense quiere que las mismas balas que quitan vidas, también sirvan para crearla

Cada año, el gobierno de Estados Unidos dispara cientos de miles de balas en sus territorios dedicados a las pruebas militares. De 40 mm, de 60 mm, granadas de 81 mm, morteros de 120, proyectiles de tanque... miles de casquillos de múltiples tamaños y calibres que quedan tirados por el suelo —debido a la falta de formas eficientes de recuperarlos— y acarrean graves problemas medioambientales.

Estos restos de munición tardan cientos de años en degradarse, por lo que representan un peligro ambiental para los animales que los encuentren. Además, las carcasas de estas municiones podrían llegar a contaminar los suministros de agua subterráneos. Por no hablar del susto que pueden llegar a provocar si un ciudadano cualquiera encuentra restos de balas cerca de su casa, en los alrededores de los centros de formación.

 

En un intento de solucionar este grave problema, el gobierno de Estados Unidos ha decidido echar mano a la ironía más fina. Porque el Departamento de Defensa del país quiere que las mismas balas que quitan vidas, también sirvan para crearla. Y para ello, ha lanzado una convocatoria de propuestas para fabricar balas biodegradables que contengan semillas de flores.

La propuesta ha sido anunciada a través del Small Business Innovation Research (SBIR) de la agencia federal y está abierta hasta el próximo 8 de febrero.

El Departamento de Defensa ha decidido darle un punto ecologista a los ensayos militares y para ello ha citado una serie de compuestos biodegradables, como la fibra de bambú, con los que se pueden fabricar estas municiones. Además, estos proyectiles biodegradables tienen que ser capaces de alojar unas semillas especiales fabricadas por varios laboratorios de investigación del ejército.

Estas semillas modificadas genéticamente están diseñadas de forma que no germinarán hasta varios meses después de alojarse en el suelo. Y ambas, las balas y las flores, serán seguras para los animales que decidan darle un mordisquito.

Si la idea prospera, puede que en unos años, cuando pasees por un bosque, los árboles y las flores que te encuentres hayan nacido de algo tan pequeño y destructor como una simple bala.

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