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Son japonesas, son pareja, y son las nuevas reinas del baile

Defendiendo su derecho al amor a golpe de voguing e Instagram

¿Alguna vez has tenido la sensación de encontrarte en vida por primera vez con algo que ya habías conocido en sueños?

AyaBambi, la pareja de bailarinas de moda, son ese sueño para quien escribe. O mejor dicho: esa pesadilla.

Siempre he soñado con ir a Japón. Cuando he tenido el dinero no he encontrado el momento, y cuando he tenido el tiempo siempre me he visto sin dinero. Sólo una vez se alinearon los astros, y todo se echó a perder... por culpa de dos chicas que podrían ser ellas.

Sucedió hace seis años. Quien escribe y su entonces pareja decidieron salir a celebrar que en cuestión de un par de días iban a volar rumbo al país del sol naciente. Y además prácticamente gratis: ella era azafata de la compañía aérea que nos llevaría al otro lado del mundo.

Animados por la curiosidad, nos acercamos a un par de chicas jóvenes que charlaban en un rincón del tercer bar en el que hacíamos parada. Sus ojos rasgados delataban su origen.

El alcohol fluyó entre preguntas y risas, y, de alguna manera, incendió un poco los instintos. Cuando los ánimos se relajaron, se me ocurrió mencionar aquel trío con menores que se montó Sanchez Dragó en Tokio. Sin saber muy bien cómo, las lenguas de todos se desbocaron. ¡Viva el poliamor!

En ese momento me sentí en el cielo sin haber llegado a coger el avión. Todo parecía perfecto, pero cuando me quise dar cuenta, mi chica había desaparecido. La busqué por el local, pero ya no estaba. La llamé y no contestó. Pasados unos minutos, recibí este mensaje: "No hace falta que pases a buscarme el domingo. He cancelado tu vuelo. Hablamos (o no) a mi vuelta". Adiós a Japón.

Aquella noche tuve una pesadilla. En el sueño entraba a un club en el que sonaba Vogue de Madonna, veía a mi novia al fondo de la sala, pero cuando intentaba avanzar hacia ella me topaba con aquella pareja de japonesas en flor. Sus movimientos de brazos duros y perfectos mientras bailaban me impedían caminar: se habían convertido en aspas que no paraban de repartir hostias. Mientras me sujetaba la cara de dolor, miraba hacia la cabina. Allí estaba mi chica, riéndose de mí junto a Towa Tei de Deee-Lite.

Lo descrito es absolutamente verídico, así que ver a AyaBambi es, para mí, caer en una versión amable de aquella vieja pesadilla. Todo por culpa de esa forma de bailar.

Aya Sato y Bambi Sato comparten apellidos, pero no son familia. Su parecido físico y el hecho de ser inseparables ha llevado a más de uno a creer que eran hermanas, pero su amor va más allá de lo fraternal.

En el último año, la popularidad de esta pareja de veinteañeras no ha dejado de crecer gracias a sus coreografías hipnóticas y a su presencia polarizante en la red.

Sus cuentas de Instragram suman más de 125.000 seguidores, su presencia es cada vez más habitual en anuncios y editoriales de moda, pero su condición de 'it girls' se la deben, sobre todo, a sus vídeos y a sus workshops.

AyaBambi son un caramelo visual. La cámara las quiere, pero ellas son, ante todo, bailarinas. Bailarinas llamadas a reinventar el voguing en el nuevo siglo, de la misma manera que está haciendo, por ejemplo, FKA Twigs.

AyaBambi bailan con la precisión de un robot y la elegancia sensual de una geisha. La base de su estilo está en la escena ballroom de los 80, aquella que tan bien retrató Paris Is Burning, pero en su cruce también hay elementos del tutting, movimientos tomados de la tradición japonesa y una estética oscura que bebe del ghetto goth.

Con su mezcla de sensualidad y precisión casi robótica, AyaBambi se han ganado el corazón de gente tan distinta como la mismísima Madonna, Zinc, Alexander Wang o Hussein Chalayan.

Música, baile, moda y amor. Esos son los vértices de su mundo.

El pasado reciente de AyaBambi no ha estado libre de polémica. En Japón hay quien las adora y quien las mira con soslayo. Sobre todo a raíz de que las chicas anunciaran su compromiso y su intención de casarse.

El matrimonio homosexual sigue siendo un tema tabú en el país del sol naciente, un asunto ilegal y con pocos visos de cambiar en el corto plazo. Quizás por eso, AyaBambi han querido celebrar la sentencia del Tribunal Supremo estadounidense a favor del matrimonio gay participando en una editorial de moda para Vogue que propone otra forma de entender los vestidos de boda.

Nuevas gestualidades que demandan nuevas normas.

Voy a mandarle este post a mi ex novia. Voy a llamar al sátiro de Sanchez Dragó. Voy a buscar a un par de japonesas que me dejen morderle la boca mientras intento bailar a la manera AyaBambi sin ningún miedo al ridículo.

Lo tengo decidido: esta misma noche rompo la hucha para comprar un billete a Japón. Igual hasta consigo que ella se venga conmigo.

No Racism. No Sexism. Just Dance

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