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Por qué aumentar los recursos policiales no es tan relevante para frenar el terrorismo

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Una de las críticas más presentes a May es que la escalada de terrorismo se debía a los recortes en seguridad. Comentamos esta situación con expertos

Rafa Martí

11 Junio 2017 06:00

Getty

En la última escalada de atentados en el Reino Unido, tanto el asesino de Manchester como dos de los tres terroristas del London Bridge estaban fichados por la policía. La coletilla comienza a ser común en Europa: en Francia, en Alemania, en todos lados, después de lamentar las muertes, los medios de comunicación repiten de manera automática que los terroristas estaban en la lista de sospechosos.

Esto nos lleva a pensar: ¿son los servicios de seguridad negligentes? ¿deberían los gobiernos ser más duros en la vigilancia? ¿hay que invertir más en seguridad? Y aún más: ¿a qué precio para las libertades del resto?

¿Más seguridad = menos atentados?

Pocos días antes de las elecciones en el Reino Unido, el líder laborista, Jeremy Corbyn, dijo que los atentados se podrían haber evitado, en gran medida, si no hubiese sido por los recortes de los tories en seguridad. Pidió la dimisión de la ahora reelegida Primera Ministra, Theresa May.

Parte de razón llevaba: durante la etapa de May como ministra del Interior, de 2010 a 2016, hubo “una reducción brutal de los recursos y del presupuesto en la seguridad”, en palabras de de José María Gil, del Observatorio de Seguridad Internacional y experto en terrorismo yihadista.

Sin embargo, la queja de Corbyn parecía más bien un oportunismo electoral en una sociedad secuestrada por el terror que no una propuesta ideológica o pragmática.

Vigilar a un sospechoso las 24 horas requiere de 12 a 15 policías por día. Estaríamos hablando de 30.000 a 40.000 policías únicamente dedicados a vigilar a los 3.000 objetivos susceptibles de cometer atentados que hay en el Reino Unido, algo que es del todo imposible haya recortes o no los haya


En efecto, como dice Gil, “los recortes en seguridad afectan a la operativa antiterrorista”. Ahora bien, ¿tiene un impacto directo una mayor inversión en seguridad y en vigilancia en que haya más o menos atentados? La respuesta es no.

“Vigilar a un sospechoso las 24 horas requiere de 12 a 15 policías por día. Estaríamos hablando de 30.000 a 40.000 policías únicamente dedicados a vigilar a los 3.000 objetivos susceptibles de cometer atentados que hay en el Reino Unido, algo que es del todo imposible haya recortes o no los haya”, apunta Gil.

Esto significa que, aunque nos fuéramos a un estado policial, la seguridad nunca sería total.

El exguardia civil y actual diputado de Podemos en el Parlamento español se pronuncia en la misma línea: “La inversión para que las fuerzas de seguridad tengan todos los medios al alcance es algo necesario y que con los partidos de derechas en Europa se ha visto muy disminuido. En España, con el gobierno del PP, hay 20.000 policías menos en las calles. Sin embargo, por mucho que se invierta y la policía esté preparada, es imposible prevenir esta amenaza solo con seguridad”.

Entonces, ¿qué hacer?

Ni aumentar el control fronterizo, ni la vigilancia constante sobre los sospechosos, ni incrementar las penas de cárcel, ni los elementos de respuesta más fuerte como los arrestos preventivos de hasta siete días como el caso del Reino Unido son medidas trascendentales. Ni siquiera abatirlos.

La muerte para un yihadista no es un freno moral, sino un estímulo. Los chalecos bomba falsos que llevaban los asesinos del London Bridge era solo para que la policía les disparase”, apunta Gil.

Para el experto, algunas de esas medidas pueden tener efectos inmediatos. También propone otras que, por ejemplo, se aplican en España, un país europeo que, desde 2004, no ha sufrido un solo atentado yihadista. “La prevención ultratemprana y el control sobre las redes sociales de los sospechosos ha evitado daños mayores. En España, por ejemplo, es posible arrestar a alguien solo por colgar propaganda yihadista en las redes. En Reino Unido no”.

Gil también habla de mejorar las capacidades policiales de inteligencia e infiltración como elementos clave para evitar los atentados.

A esto, Delgado, el exguardia civil, añade la necesidad de coordinación entre las fuerzas de seguridad. Pone de nuevo como ejemplo a España: “Aquí a varios cuerpos policiales en diferentes comunidades que están coordinados por órganos específicos que garantizan que se comparta la información y que se ejecuten las operaciones antiterroristas de manera eficaz. En Europa eso parece imposible”.

Una estrategia multidimensional

La parte más esencial de la lucha antiterrorista, sin embargo, no está entre si es más eficaz las detenciones preventivas largas o el control en las redes. “Son medidas necesarias que tienen que afinarse, que pueden servir más o menos, pero no lograremos terminar con el terrorismo si falla la respuesta transveral”, apunta Gil.

“No nos damos cuenta que el yihadismo es una ideología que debe ser combatida con una contraideología, con una contranarrativa. Y no estamos haciendo eso. Nos centramos en cómo evitar atentados, pero por más medios que tengamos seguirán ocurriendo si no se desarticula una ideología que no para de generar adeptos”, añade.

Lo único que persiguen los terroristas es que apliquemos medidas de seguridad más rígidas, que cambiemos nuestro modo de vida, que cerremos los aeropuertos, que tengamos miedo, y que culpemos a las comundiades musulmanas que viven aquí para que, eso a su vez, les siga sirviendo como caldo de cultivo


Para el experto, en Europa, los débiles intentos de contranarrativa yihadista han sido rápidamente sepultados por la propaganda de los terroristas. Además cree que los gobiernos no cuentan con las comunidades musulmanas para generar ese contragolpe moral.

Por su parte, Delgado insiste también en la importancia de las políticas sociales, que deben acompañar a las de seguridad: “Hemos fallado en la integración, y después de fallar en eso, pasa lo que pasa, nos ponemos el cuchillo en los dientes, pero no arreglamos nada. Cuando ya no hay solución se mira a la policía y se pide más poder para ella. La policía ya tiene todo el poder, pero poco puede hacer cuando la amenaza está activada. En Europa hemos pensado solo en la economía y, después de los atentados, solo en la seguridad, olvidándonos de las políticas sociales".

Gil concluye: “Esto solo terminará cuando se desmonte la ideología y termine la captación. Lo único que persiguen los terroristas es que apliquemos medidas de seguridad más rígidas, que cambiemos nuestro modo de vida, que cerremos los aeropuertos, que tengamos miedo, y que culpemos a las comunidades musulmanas que viven aquí para que, eso a su vez, les siga sirviendo como caldo de cultivo. Solo con recursos militares, que son necesarios, no lograremos ganar”.

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