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La audaz respuesta a los pinchos anti-homeless de Londres

Vancouver prefiere la arquitectura inclusiva y habilita bancos pensados para que los sintecho puedan refugiarse al dormir al raso

"Arquitectura disuasoria" es uno de los eufemismos que se viene utilizando para definir esas piezas de mobiliario urbano como maceteros, bordillos o rincones en los que se colocan añadidos para dificultar o imposibilitar que la gente haga usos "indebidos" de ellos, como sentarse o tumbarse. La conversión de bancos públicos en incómodas sillas o el llenar la ciudad de vallas que prohíben el acceso a lugares de uso general y abierto son otra cara de la misma moneda: una ciudad cada vez más hostil a las reuniones informales, a la libertad en el espacio, y a dar cabida a todos sus habitantes, incluidos aquellos que preferiría no ver, los homeless cuya vida transcurre íntegramente en las calles.

El último y más polémico ejemplo de esta "anti-arquitectura" saltó a la prensa a principios del mes pasado. Nos enterábamos entonces que un bloque de pisos de lujo en Londres había despertado una auténtica polvareda mediática cuando, como medida para impedir que los sin techo durmieran en un rincón de la entrada, había instalado allí unos pinchos metálicos. No mucho antes los supermercados Tesco de la ciudad también estuvieron en el punto de mira por algo similar, unos pinchos que había colocado en el exterior de algunos establecimientos para que la gente no se aposentase allí y así (según ellos), "evitar conductas antisociales como fumar o beber".

Más allá de preguntarnos qué tiene de antisocial el fumar o el beber, estas son sólo dos muestras del clima que se está apoderando de muchas grandes ciudades turísticas, que optan por expulsar a sus ciudadanos no deseados con medidas silenciosas, pero no por ello menos violentas. Estos dos casos resultaron especialmente dolorosos en Londres, una ciudad donde el íncide de pobreza y exclusión social se ha disparado en más del 70% en los dos años de mandato de Boris Johnson, el darwinista ilustrado.

Bancos-refugio

La audaz respuesta a los pinchos anti-homeless de Londres

Por suerte, en medio de toda esta tormenta de hijoputismo urbano —que el arquitecto Léopold Lambert ha bautizado como weaponized architecture, arquitectura como arma (de clase)—, hay lugares en los que se sigue apostando por ayudar a quien está en situaciones difíciles. Un bonito ejemplo son los bancos que la asociación Raincity Housing ha diseminado por algunos parques de Vancouver. Raincity tiene una red de refugios de acogida para sin techo en la ciudad, y quiere que aquellos que no tienen donde dormir lo sepan. Por eso ha encargado a la agencia Spring Advertising que diseñe unos bancos que en realidad son mitad anuncio, mitad refugio.

Hay dos tipos. Uno de los bancos muestra durante el día un mensaje que dice: “Esto es un banco.” Por la noche, aparece un texto que brilla en la oscuridad, diciendo: “Esto es una habitación”, e invita a conocer la iniciativa de la organización. Otros bancos rezan: “Encuentra refugio aquí”. Y cuando se despliega el respaldo, a modo de parapeto contra la lluvia, el banco indica: “Encuentra una casa aquí”, proporcionando la dirección de un refugio Raincity al que se pueden dirigir las personas sin hogar para tener dónde pasar la noche.

Sabemos que lo que toda ciudad necesita para reducir la pobreza de su población es invertir decididamente en apartar a sus ciudadanos de la exclusión. Y puede parecer que una iniciativa como esta cae del lado de lo naif. Pero no puede negarse que uno y otro caso (Londres y Vancouver) dan lugar a dos hábitats radicalmente distintos. Uno te expulsa, otro te acoge. No haremos generalizaciones que pongan a competir ciudades tan enormes y complejas, pero los ejemplos hablan por sí solos. Es cuestión de decidir en cuál de las dos ciudades queremos vivir.

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