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El documental que retrata la dramática historia detrás de "la mujer más odiada de América"

Madalyn Murray O'Hair fue la fundadora de la Organización de Ateos de América, una organización que luchaba por un Estados Unidos laico

Su pelo blanco, gafas grandes y vestidos de flores apenas hacían sospechar lo peligrosa que era la señora Madalyn Murray O'Hair para la moralina norteamericana. Porque esta trabajadora social y activista fue una de las mayores defensoras del ateísmo en Estados Unidos, una lucha que le llevó a ser odiada por los sectores más tradicionales del país.

Tanto que, en 1964, la revista Life le dedicó un reportaje en el que la calificaba como La mujer más odiada de América. Un honor que ahora se convierte en el título de una película producida por Netflix, y protagonizada por la oscarizada Melissa Leo, que narra la vida y muerte de esta atea convencida.

Madalyn Murray O'Hair saltó a la fama en 1960 cuando se rebeló contra la lectura de la Biblia en los colegios norteamericanos. La activista presentó una demanda contra el Sistema Público de Educación de Baltimore en la que se oponía a que su hijo Bill tuviera que leer la Biblia en clase. La demanda llegó al Tribunal Supremo en 1963 y fue aprobada por 8 votos a favor y 1 en contra. Así, se prohibieron las oraciones y la lectura de la Biblia en los colegios norteamericanos.

A partir de ahí, O'Hair se convirtió en una abanderada del ateísmo en Estados Unidos y continuó su lucha por una América laica a través de la Organización de Ateos Americanos, fundada en el mismo año en el que el Supremo le dio la victoria.

El éxito inicial de su demanda judicial hizo que O'Hair presentara una nueva causa, esta vez contra la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio. La activista pretendía impedir que los astronautas norteamericanos del Apolo VIII leyeran el Génesis en público. Sin embargo, los tribunales rechazaron su demanda. Otra de sus batallas contra la religión sucedió en 1979, cuando intentó impedir que el Papa Juan Pablo II celebrara una Eucaristía en el National Mall.

Polémica y deslenguada, suyo es uno de los alegatos más famosos a favor del ateísmo. “El ateo se ama a sí mismo y a su prójimo en vez de a un dios. El ateo sabe que el paraíso es algo por lo cual deberíamos trabajar ahora (aquí en la tierra) para que todos los hombres juntos lo disfruten. El ateo cree que no puede obtener ayuda a través de la oración, sino que debe encontrar en sí mismo la convicción y la fuerza interna para encontrarse con la vida, aferrarla, someterla y disfrutarla. El ateo cree que sólo en el conocimiento de sí mismo y de su prójimo puede encontrar el entendimiento que lo ayudará a vivir una vida plena de logros”.

 

Madalyn se convirtió en una abanderada del ateísmo en Estados Unidos y continuó su lucha por una América laica a través de la Organización de Ateos Americanos, asociación que funda en 1963.

Durante varios años, O'Hair debatió públicamente las bondades del ateísmo, desafió a las autoridades religiosas y produjo varios programas de radio y televisión en el que criticaba la religión y que llegaron a transmitirse hasta en 140 cadenas de televisión por cable. La década de los 80 comenzó con una mala noticia para la activista: su hijo Bill fue bautizado por la iglesia Bautista de Dallas. Bill obtuvo un puesto de predicador, hecho que lo acabó alejando definitivamente de su madre que llegó a decir que "se podría llamar a esto un post-aborto por parte de madre, supongo; yo lo repudio totalmente y completamente de todos los tiempos y ahora...él está más allá del perdón humano”.

En los 90, la asociación Ateos de América vivía horas bajas. Situación que se vio acrecentada con la desaparición el 27 de agosto de 1995 de su líder, su hijo y su nieta. La puerta de la oficina aparecía con una nota escrita que indicaba lo siguiente: "la familia de Murray O'Hair ha tenido que salir de la ciudad por una urgencia. Por el momento, no sabemos cuánto tiempo vamos a estar ausentes”.

Nada se supo de ellos. Hasta que, un año después de la desaparición, su hijo Bill presentó una denuncia ante la policía.

La investigación policial señaló entonces que Waters, un ex empleado de la asociación de Ateos, podría haber sido el culpable de que nada se supiera de la família. La policía llegó a la conclusión de que Waters y varios cómplices habían secuestrado a los tres O'Hairs, les habían obligado a retirar los fondos de la asociación y después los habían asesinado brutalmente.

Finalmente, en 2001, el propio Waters confesó el crimen e indicó a la policía dónde se encontraban los restos de la familia. Enterrados en un rancho de Texas, los cuerpos habían sido descuartizados con una sierra y mutilados, y presentaban tal estado de descomposición que tuvieron que identificarlos mediante pruebas de ADN y registros dentales.

Waters fue condenado a 20 años de cárcel pero por desgracia, la lucha de la mujer más incómoda para América, la mujer que combatió la devoción tradicionalista del país, quedó olvidada, sepultada por su terrible muerte.

Hasta ahora.

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