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Atacan a varios pasajeros en un tren alemán con un cuchillo y un hacha

El atacante resultó ser un refugiado afgano. ¿Reacciones a la agresión?

a) Alimentar el discurso xenófobo ("los refugiados solo traen problemas"),

b) Omitir la información para no perjudicar a los refugiados,

c) Reafirmar la ayuda al refugiado porque es nuestro deber moral ayudarles (‘A veces hacer el bien no es suficiente, aun cuando sea lo mejor que puedes hacer. A veces tienes que hacer lo necesario’, Churchill)

Anoche, un joven de 17 años entraba con un hacha y un cuchillo en un tren de cercanías de Wurzburgo (Alemania) y hería a cinco personas, cuatro de ellas de gravedad. A continuación la policía alemana lo abatía. Según el gobierno alemán, el joven, de nacionalidad afgana, era solicitante de asilo y llevaba viviendo en el país desde hacía dos años.

Tal como informa la policía alemana, justo en el momento del ataque se encontraban unas 20 personas dentro del vagón. Algunos de los pasajeros pudieron huir y alertar a la policía federal y al maquinista, justo antes de que el tren parara en el barrio de Heidingsfeld de Wurzburgo. Tras el asalto, el agresor abandonó el vagón e intentó huir. Sin embargo, en la zona le esperaba el comando de las fuerzas especiales que le abatía a tiros.

El DAESH no tardó en reivindicar el ataque a través de la agencia de noticias Amaq. De acuerdo con el comunicado que recoge la agencia, “el autor del ataque realizado a golpe de hacha en Alemania es uno de los soldados de Estado Islámico”. El atacante “ha realizado su operación en respuesta a los llamamientos incitando a atacar los países de la coalición que combate a Estado Islámico”, explicaba el grupo terrorista en el comunicado.

En las horas posteriores al suceso, el ministro de Interior de Baviera, Joachim Herrmann, ha declarado a la televisión pública alemana que es demasiado pronto para especular sobre los motivos del atacante y ha pedido prudencia. “Qué pasó en las últimos meses o semanas, cómo llegó a este ataque, cuáles es el trasfondo, todo debe ser investigado con detalle", señaló Herrmann.

Tras el asalto, el agresor abandonó el vagón e intentó huir pero en la zona le esperaba un comando de las fuerzas especiales de la policía, que lo abatió a tiros

La policía investiga ahora las posibles conexiones del atacante con los círculos islamistas. El chico, que llegó a Alemania sin sus padres hace aproximamente dos años, no tenía antecedentes y las autoridades intentan averiguar ahora si tenía contactos con grupos terroristas o simplemente se había radicalizado en solitario, ya que han encontrado una bandera del Estado islámico en el registro de su habitación.

Además, los testigos presenciales del ataque declararon que el joven gritó “Allahu Akbar” (Alá es grande), antes del ataque. Sin embargo, el ministro Herrmann explicó que ese dato aún tiene que ser verificado.

La violencia y la crisis de los refugiados

Como ocurrió con el caso de los abusos sexuales cometidos en Colonia durante Nochevieja, historias como las del tren de Wurzburgo acostumbran a plantear dos tipos de lecturas: quienes entienden este tipo de sucesos como la constatación de que hay que cerrar fronteras, y quienes, en defensa de los refugidos, prefieren omitir la información para no perjudicarles.

Las autoridades intentan averiguar ahora si tenía contactos con grupos terroristas o simplemente se había radicalizado en solitario, ya que han encontrado una bandera del Estado islámico en el registro de su habitación

Sin embargo, quizás el debate debería ir en otra dirección. Tal como recoge el filósofo esloveno Slavoj Zizek en su ensayo La nueva lucha de clases, no debemos confundir el hecho de que nuestro deber moral es ayudar a los solicitantes con el comportamiento individual de las personas. En sus propias palabras:

«Deberíamos cortar el vinculo entre refugiados y empatía humanitaria, y dejar de fundamentar nuestra ayuda en la compasión hacia su sufrimiento. En cambio, deberíamos ayudarlos porque es nuestro deber ético hacerlo, porque no podemos no hacerlo si queremos seguir siendo personas decentes, pero sin ese sentimentalismo que se rompe en el momento en que comprendemos que la mayor parte de los refugiados no son ‘personas como nosotros’ (no porque sean extranjeros, sino porque nosotros mismos no somos ‘personas como nosotros’). Parafraseando a Winston Churchill: ‘A veces hacer el bien no es suficiente, aun cuando sea lo mejor que puedes hacer. A veces tienes que hacer lo necesario’».

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