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El asesinato del icono pop venezolano que cambió el ánimo del país

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La muerte violenta de Mónica Spear reactiva el debate sobre la violencia en Sudamérica

Rafa Martí

10 Enero 2014 13:10

A Mónica Spear ya la habían asaltado seis veces. La fama y el dinero no son buenos aliados en un país como Venezuela, y desde hace unos años residía en Miami, como muchos otros. Sin embargo decidió volver con su pareja, recién reconciliada, a pasar unos días de vacaciones. Y el país que la vio coronarse en reina de la belleza en 2004, vio también como murió de forma violenta.

En una de las cientos de carreteras en mal estado del país, ya entrada la noche, la rueda del Corolla que conducían pinchó, y se quedaron tirados a pocos kilómetros de llegar a Caracas. Cuando la grúa estaba cargando el coche, aparecieron los ladrones. Spear y su marido se encerraron dentro del vehículo y los asaltantes les dispararon. Su hija de cinco años fue la única superviviente, junto a los operarios de la grúa.

Lo que le ha pasado a esta ex Miss Venezuela y finalista de Miss Universo ha conmocionado al país. Y ha puesto ante los ojos del mundo que, en Venezuela, mueren en un día más personas por violencia que en Afganistán y en Irak juntos —cosa que no justifica la intervención en ambos países, claro. Según los últimos datos de Naciones Unidas, Venezuela es el cuarto país del mundo con un índice mayor de muertes por homicidio intencionado. En 2013, el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), señaló 79 homicidios por cada 100,000 habitantes, en coincidencia con la ONU.

El problema, sin embargo viene de lejos. Desde que Hugo Chávez ascendió al poder en 1998, la tasa no ha dejado de crecer. De 19 a 79 por cada 100.000 en 15 años. Esto lo ha convertido en uno de los principales problemas del país, entre desabastecimientos de productos básicos, inflaciones del 45% y una polarización social que se vivió una vez más en las últimas elecciones de abril de 2013, cuando la oposición se echó a la calle.

Pero ahora han tocado a la guapa. La chica que sirvió de inspiración a montones de venezolanos a través de las telenovelas y las pasarelas del universo de las misses, ha sido asesinada.

Salvando las distancias, la relevancia y popularidad de Spear en el país sudamericano vendría a ser en España la de una Belén Esteban. No está de más recordar que Venezuela es el segundo país del mundo con más mujeres coronadas como Miss Universo y en el que existe hasta la profesión de “misólogo”: una especie de experto de medio pelo que prepara física y socialmente a las chicas para que ganen.

La delincuencia en Venezuela, como en todo el mundo, es un problema de telediario hasta que una bala te roza la epidermis. Y eso es lo que ha ocurrido ahora con millones de venezolanos que han vivido ajenos a esta plaga, de una manera u otra.

En los últimos días, se ha visto en Caracas la insólita imagen de la farándula de los Palos Grandes, quienes rara vez se van de copas fuera de las murallas de sus casas, gritando junto a los desposeídos de la barriada de Petare, en cuya morgue se apilan la mayoría de los cadáveres que deja la noche caraqueña.

El presidente, Nicolás Maduro, está contra las cuerdas. Que expropie haciendas y resbale tratando de seguir el teleprompter se le puede perdonar. Pero la calle difícilmente le perdonará la muerte de Mónica Spear. Maduro podría incluso jugarse unas elecciones después de un suceso así, aunque no sucederá. El Gobierno no es el responsable directo, como es obvio, pero las culpas siempre caen sobre el que manda.

No ha sido hasta ahora cuando el sucesor del gran Chávez ha sentido el aliento de la calle muy cerca. Ni hasta ahora había ocurrido que los artistas se hayan reunido con él para decirle que “qué pasa”. Ahora ya no sirve dar cifras diferentes a las del OVV, o tapar con pompas que la Venezuela actual sea el último sitio donde los venezolanos quieran vivir.

La hija de Mónica Spear, marcada por una bala en su pierna, volverá a Miami. Y los de Petare seguirán gritando desde sus chabolas.

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