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El brutal asesinato que está azuzando el debate sobre la violencia machista en Brasil

La violencia machista mata a 13 mujeres al día en Brasil, pero la ley aún trata el feminicidio como un delito menor en comparación con otros tipos de homicidio. ¿Por qué?

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La música era su pasión, tocarla y estudiarla. También enseñarla en la Federal de Goiás. Dicen quienes la conocían que Mayara Amaral era un portento del violão, la guitarra clásica con cuerdas de náilon, pero el pasado día 26 de julio salió de su casa en Campo Grande para ensayar con su banda de pop-rock. Jamás regresó.

A Mayara la encontraron aquella misma tarde entre unos matorrales como si fuera un colchón que ya no sirve. Su cuerpo aún estaba humeante. El primer reconocimiento pudo realizarse gracias a una de sus manos, uno de los pocos extremos de su figura que no habían quedado carbonizados. Su cráneo presentaba marcas de golpes. La autopsia determinó que la habían matado a martillazos. Tenía 27 años.

La investigación llevó a la detención de dos hombres como principales sospechosos del brutal asesinato. Se trata de Luiz Alberto Barros, de 29 años, y de Ronaldo Olmedo, de 30. Anderson Pereira, de 31 años, también se encuentra retenido. Se le acusa de ayudar a los supuestos asesinos a la hora de intentar deshacerse del cadáver.

Luiz ha reconocido el crimen. Olmedo y Pereira niegan que ellos hayan tenido nada que ver.

Su cuerpo apareció carbonizado entre unos matorrales. La habían matado a martillazos

EPV

La reconstrucción de los hechos dibuja el escenario macabro. Mayara mantenía una relación sentimental con Barros, con quien había compartido aventuras musicales en el pasado, según O Globo. Ella se decía enamorada de él. Este la habría citado en uno de los moteles de la ciudad, dice él que porque ella quería drogas. Al llegar, Mayara se habría encontrado con que Barros no estaba solo. Con él estaba Olmedo, un hombre conocido por la policía con antecedentes por tráfico de estupefacientes y robo. Poco después, empezaba la pesadilla.

Los indicios apuntan a que Mayara podría haber sido violada por ambos hombres, un extremo que la policía no parece interesada en investigar. Los acusados defienden que hubo sexo consentido. Ella con los dos. Luego, Barros y Olmo habrían intentado robarle el coche a Mayara. Al resistirse, le habrían reventado la cabeza a martillazos.

Ella murió por accidente, dice el principal acusado, el novio de Mayara. Se excusa diciendo que actuaron bajo el efecto de las drogas. La policía cree que el crimen estaba planeado de antemano.

Los asesinos trasladaron el cadáver hasta las inmediaciones de una carretera cercana y le plantaron fuego. Luego, se repartieron todo lo que llevaba consigo Mayara aquella noche

Una vez consumado el asesinato, Barros y Olmo cargaron el cuerpo de Mayara en su propio coche y condujeron hasta la casa de Pereira, también con antecedentes por robo y drogas. Allí estuvieron varias horas. Primero enterraron el cadáver en el patio de aquella casa. Aquello no les convencía. Al final trasladaron el cuerpo hasta las inmediaciones de una carretera cercana y le plantaron fuego. Luego, los tres se repartieron todo lo que llevaba consigo Mayara aquel día: el viejo Volkswagen Gol de 1992, un bolsa con unos papeles y un laptop, su móvil y su guitarra.

Mientras se largaban del lugar, cada uno por su lado, Luiz envió un mensaje a la madre de Mayara desde el teléfono de la víctima. “Está loco, mamá. Me está persiguiendo. Estaba en su casa y nos hemos peleado”. Trataba de inculpar a un exnovio de ella. No coló.

La policía y los medios, blanco de las críticas

Para la policía, la muerte de Mayara responde a un robo con homicidio. No hay más matices ni otras hipótesis. Ahí empiezan los problemas para la familia y para miles de jóvenes que se sienten amenazadas por la violencia machista en un país que mata a 13 mujeres al día.

La familia de Mayara también está molesta con la manera en que los medios locales han reflejado el crimen, poniendo mucho más énfasis en los testimonios de los asesinos que en recavar información para ofrecer un perfil digno de la víctima. Pauliane Amaral, la hermana mayor de Mayara, resume ese malestar en un post de Facebook que ha sido compartido más de 32.000 veces.

A veces tengo la sensación de que sectores de la prensa están tomando como verdad la palabra de esos asesinos. El tratamiento que dan al caso me indigna profundamente.

Cuando escriben que Mayara era la ‘mujer que fue hallada carbonizada’ cuando iba a ensayar con su banda, sale en la foto como una niña. Cuando la sospecha salpica al ‘novio’, hipersexualizan su imagen. Cuando la noticia se centra en que la escena del crimen es un motel, mi hermana aparece vulnerable, mojada en la playa.

Cuando hablan de la inspiración de Mayara, la asocian con la historia de su padre y su abuelo y la foto cambia: es ella con la guitarra, pero con su cara cortada. Este tipo de tratamiento no representa a mi hermana. Esto es deshumanización”.

¿Por qué en ninguno de los artículos o de los informes policiales sobre el crimen se utilizan las palabras 'feminicidio' o 'violación'?, se pregunta la hermana de Mayara

Pauliane pone en duda que el móvil del crimen fuera exclusivamente el robo del coche, “un auto que fue vendido por mil reales. Mil reales. Si solo querían robarla, no tenían por qué atraerla a un motel”.

La hermana también se pregunta por qué en ninguno de los artículos o de los informes policiales sobre el crimen se utilizan las palabras “feminicidio” o “violación”, a pesar de los indicios que apuntan a la posibilidad de ambas cosas.

La respuesta a esa última cuestión es incómoda y pone en evidencia dos feas realidades que aún pesan como losas negras sobre el corazón de Brasil. Por un lado, una sociedad patriarcal donde la violencia contra la mujer es un mal endémico enraizado en el día a día. Cada 11 minutos, una mujer es violada en el país. Cada dos horas, una mujer es asesinada a manos de hombres en Brasil .

Como segundo factor hay que citar las fallas de un sistema legal que aún trata el feminicidio como un delito de gravedad menor en comparación con otros tipos de homicidio.

En Brasil, tipificar un delito como feminicidio significa reducir la condena potencial del agresor

En Brasil, tipificar un delito como feminicidio significa reducir la condena potencial del agresor. Significa, a efectos prácticos, hacerle un favor al asesino. Mientras que un robo con homicidio supone una pena mínima de 20 años, el feminicidio se castiga con 12. La ley considera menos grave que te maten por ser mujer que el que te maten para robarte el coche, o el bolso, o unos cuantos pesos.

Este hecho hace que para policías y fiscales el cargo de feminicidio no siempre sea la mejor opción a la hora de construir su acusación. Y eso tiene daños colaterales claros, empezando por la invisivilización de la violencia de género, que queda diluida en las estadísticas entre otro tipo de crímenes, con la consiguiente pérdida de oportunidades a la hora de poder llevar a cabo estudios específicos o diseñar políticas concretas.

Ya lo señalaba el último Atlas de la Violencia en Brasil:

“Aunque estos datos son alarmantes, el debate en torno a la violencia contra la mujer a veces queda invisibilizado ante los aún mayores números de la violencia letal entre hombres, o incluso por la resistencia a reconocer este como un problema de política pública”.

Es hora de ir cambiando eso.

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