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El proyecto artístico de este tipo consiste en proyectar en público sus conversaciones en Grindr

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Internet + privacidad + arte = polémica

Franc Sayol

06 Octubre 2014 16:39

Imagina que quedas con alguien en Grindr y cuando llegas al lugar acordado para la cita te encuentras con la conversación que acabas de mantener en la app proyectada en plena calle. Esto es lo que les está ocurriendo a los berlineses que están quedando con Dries Verhoeven. Verhoeven es un artista holandés cuyo último proyecto consiste en proyectar los mensajes privados que intercambia en la app de contactos homosexuales en una plaza pública.

La acción forma parte de Wanna Play?, una instalación artística a tiempo real que Verhoeven define como “experimento social” para “exponer las oportunidades y tragedias de un fenómeno de la cultura gay: la app de contactos sexuales”. El artista se ha instalado en un contenedor de cristal en una plaza de Kreuzberg, Berlín, donde planea pasar dos semanas. Como él mismo explica en su web, durante este periodo su único contacto con el mundo exterior será Grindr y otras apps similares. Pero Verhoeven no busca sexo. 

“Contactaré con hombres de mi vecindario y trataré de convencerles para que me visiten y satisfagan mis deseos no sexuales. A cambio, ofrezco lo mismo. Jugaré a ajedrez con ellos, tomaremos desayunos, haremos tortitas, nos cortaremos las uñas, nos afeitaremos el uno al otro y nos leeremos pasajes de nuestros libros favoritos. Veo este contenedor como un laboratorio de investigación donde investigaré hasta qué punto Internet puede servir como un nuevo punto de encuentro”, escribe Verhoeven en su web.

Más allá de su valor artístico, el proyecto está resultando polémico por pequeño detalle: Verhoeven no avisa a sus interlocutores de que forman parte de una instalación y que sus mensajes serán proyectados en una pantalla a la vista de todos los transeúntes. Esto ya le ha originado más de un encontronazo. “Abrí la puerta del tráiler y me abalancé contra él. Le pegué. Grité. Tumbé una mesa”, ha explicado Parker Tilghman, una de las “víctimas” de Dries, a Dazed. Tilghman escribió un post en su Facebook en el que describe la situación como “la experiencia más violenta y exasperante de mi vida” y en el que acusa al artista de ser un “violador digital”. Su texto se ha vuelto viral, provocando un encendido debate sobre la ética del proyecto y los límites de la privacidad en Internet. Muchos han hecho llegar sus quejas a Verhoeven y a Hebbel am Ufer (HAU), el centro de performance de vanguardia que ha comisionado el trabajo.

Verhoeven respondió con otro texto en su Facebook en el que justifica su obra por la falta de privacidad inherente a Internet. “Lamento que la gente realmente sienta que su privacidad haya sido violada. Creo que la oposición es un ejemplo de cómo, actualmente, los homosexuales volvemos a escondernos y escogemos expresar nuestros sentimientos sexuales de manera (aparentemente) anónima. Creo que este anonimato es un mito. Cualquiera que descargue Grindr o una app similar en su teléfono puede ver las fotos y los perfiles. En el acuerdo con Grindr, los usuarios tienen que aceptar que su información también podrá ser vista sin tener que estar registrado”, ha escrito.

Grindr, sin embargo, no lo ve del mismo modo. La app ha emitido un comunicado en el que define el proyecto como una “trampa” y alienta a los usuarios a denunciar el perfil de Verhoeven. “Se trata de la invasión de la privacidad de los usuarios y un potencial problema de seguridad. Animamos a otros usuarios a denunciar su perfil utilizando la función “flag” de nuestra app para que podamos tomar acciones y banear al usuario. Juntos trabajaremos para mantener a estos usuarios fuera de la comunidad de Grindr.

No hará falta. Esta misma mañana, Verhoeven ha anunciado en su Facebook que ha decidido poner fin a su proyecto antes de lo previsto. Lo cierto es que es un alivio. No solo para la privacidad de los usuarios de Grindr berlineses sino para el mundo del arte. Puestos a provocar, que al menos sea con una premisa más original.

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