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El artista que tatuaba cartas de amor a las ciudades

Entre el arte callejero y el activismo comunitario, Steve Powers humaniza el anonimato del paisaje urbano con sus murales

“Cuando veo un buen grafiti, siento que hay esperanza para la humanidad”. Steve Powers no es un grafitero común. Su obra encaja más en el muralismo y en el arte tipográfico, pero lo que realmente le distingue es la hermosura y sutileza de sus mensajes. Son como flores curiosas crecidas en una cuneta: alientan, y además lo hacen a todo aquel que las mira.

Powers lleva pintado en ciudades de todo el mundo más de una década, y su proceso creativo se caracteriza por incluir a la gente del barrio en su propia narrativa. Es por eso que sus obras, poéticas, divertidas, se interpretan como lo que son: el producto de un amor real hacia la gente común y las calles donde gastan sus vidas. “Me gustan los chicos de la calle que ni siquiera toman fotografías a lo que hacen, ellos dominan el mundo”, ha declarado Powers a la revista Joia.

Acaba de publicarse “A love letter to the city” (Princeton Aquitectural Press), un recopilatorio de trabajos en lugares como Brooklyn, Siracusa, Coney Island, Filadelfia, Dublín, Belfast, Sao Paulo o Johannesburgo, donde Power también comparte su proceso de inspiración, basado en una combinación de sus propias ideas, fragmentos de conversaciones callejeras y aspiraciones cotidianas de los miembros de cada comunidad local. Puede que lo más revolucionario de los murales de Steve Powers sea su seguridad a la hora de utilizar el amor como materia prima.

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