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El artista que nos abrió los ojos con sangre, conciencia e ingenio

Porque a veces necesitamos que alguien venga a limpiar la mierda de nuestros espejos

El mundo puede ser feo e injusto sobre todo si, como de costumbre, desatendemos a cuanto en él ocurre y nos quedamos en los márgenes. El mundo puede ser feo e injusto si no nos comprometemos, si no lo miramos desde cerca, si nos olvidamos de que hay que tratar bien no sólo su superficie, sino también a aquellos corazones que lo habitan. El mundo puede ser feo e injusto, sí, y por eso es nuestro deber hacer la justicia dentro de él. Por todos estos motivos el arte del chileno Sebastián Errazuriz es tan necesario. Él se ha detenido ante la fealdad y ante la injusticia, y ha sabido analizarlas, para destruirlas desde dentro, para limpiar toda su suciedad y para hacernos ver el mal. Una crítica a los fanáticos, a los maltratadores, a los ladrones y a los conformistas. Una crítica agridulce a quienes cierran los ojos y no quieren saber más. Porque el mundo puede ser hermoso y tranquilo si trabajamos en él. Si entendemos la ironía y, con inteligencia, damos la vuelta a todas las cosas.

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