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El arte es cosa de monos amables

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La tecnología y el arte humanos explotaron hace 50.000 años, y pudo deberse a una reducción en los niveles de testosterona de la especie

Natxo Medina

08 Agosto 2014 14:34

Uno de los grandes debates de nuestra época, y podríamos decir que de cualquier época, es el de la relación entre el individuo y el grupo. Es este un debate relacionado con preguntas fundamentales como cuál es la mejor forma de gobierno, cómo funcionan mejor las sociedades o de qué manera se gestiona el trabajo y la creatividad. ¿Somos mejores solos o acompañados? Un reciente estudio publicado en el periódico Current Anthropology tiene una respuesta a esa pregunta, una que nos remontará 50.000 años en el tiempo, a la época del Homo Neanderthalensis.

En aquel momento crucial de nuestra evolución, se produjo un cambio que llevaría a un fenómenal salto tecnológico y al desarrollo de las primeras formas de arte: según Robert Cieri, autor principal del estudio, este cambio coincidió con un descenso relativamente súbito de los niveles de testosterona de la especie, lo cual habría llevado a una interacción social más amable y finalmente a niveles más altos de ayuda mutua. En palabras del autor para The Telegraph: “comportamientos modernos como la innovación tecnológica, la creación artística y el intercambio cultural vinieron junto a un temperamento más cooperativo”. Al rebajar sus ansias homicidas, los neandertales descubrieron que podían avanzar mucho más si en vez de matar al prójimo, compartía conocimientos con él.

Craneos y monos

Cireri y su equipo llegaron a esta conclusión después de analizar unas 1400 calaveras, en un rango de antigüedad que iba de los 80.000 a los 50 años. En un momento dado, se produce un salto, y los craneos cambian, sus facciones se vuelven más redondeadas y las cejas menos pronunciadas, más similares a las del Homo Sapiens Sapiens. Coincidiendo con este descenso hormonal, podríamos decir que nuestras facciones se hicieron más femeninas y amables, a la vez que nuestra capacidad creativa aumentaba. El inicio del arte tal y como lo conocemos, tuvo la no agresión como motor.

Estudiar el comportamiento de otros primates ya nos había dado pistas de la relación entre testosterona y distintos niveles de socialización. Brian Hare, un investigador animal que colaboró en el estudio, ya había observado algo similar en las diferencias entre los amistosos bonobos y los chimpancés, mucho más agresivos. Mientras que los primeros no sufren un aumento muy importante de testosterona en su pubertad, los segundos sí. Sus organismos también se comportan distinto ante situaciones de estrés. Todo ello lleva a que los bonobos desarrollen una capacidad social mucho más alta.

Ahora sabemos que nuestra capacidad para evolucionar y cambiar el mundo, nuestras ansias de creatividad, estaban ya en nuestros parientes más lejanos, ¿podremos entonces aprender algo de nosotros mismos y afrontar los retos que nos plantea nuestra época? Si la cooperación nos hizo lo que somos, ¿podrá hacer del mundo que tenemos entre manos un lugar mejor? Dicen que la Historia se repite. Ojala esta vez sea cierto.

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