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El arquitecto de los tubos de cartón da su gran salto

Shigeru Ban recibe el Pritzker de arquitectura, el premio más importante del ramo. Lacoste te trae este contenido

¿Cuál es la función de un arquitecto? Seguramente haya tantas respuestas como personas a las que lancemos la pregunta. Shigeru Ban, sin embargo, parece tener claro su papel: "Mientras pueda hacer feliz a quien usa mi edificio, yo soy feliz". Esto, que en boca de otros podría sonar impostado, tiene sentido en el caso de Ban (Tokyo, 1957). Conocido por sus estructuras efímeras, diseñadas para ofrecer refugio a personas damnificadas por desastres naturales, guerras u otras situaciones difíciles, Ban se ha labrado a lo largo de los años una reputación por trabajar con materiales u estructuras que pocos habrían imaginado que pudieran utilizarse para algo más que para construir maquetas o chabolas. Ahora su labor ha sido premiada con el Pritzker, el galardón más importante del mundo en materia arquitectónica.

Legitimar el reciclaje como técnica constructiva útil y dar un sentido arquitectónico a lo efímero son dos de sus grandes logros. Pero hay algo más importante en su trabajo: dotar a sus construcciones de ese esquivo sentimiento de refugio que convierte una casa en un hogar. Lo consigue aunque la casa esté hecha de papel, de bambú o de rollos de cartón, algunos de sus materiales predilectos. No se trata solo de ofrecer una solución transitoria a los problemas de vivienda de quien no tiene dónde guarecerse, sino también de dotar a esos espacios mínimos de un punto humano.

Esta ambición fue puesta en práctica ya en sus primeros trabajos en el campo humanitario, después de las guerras de Ruanda a mediados de los 90. Tras terremotos como el de Kobe en el 95 y otros desastres diversos en Haiti, Turquía, india o China, su procedimiento fue perfeccionándose. En 2011, su trabajo con estructuras de cartón alcanzó un cénit importante con la construcción de una enorme catedral en la ciudad australiana de Christchurch, devastada por un potente terremoto. Ban aprovechó la oportunidad para construir un edificio sencillo y acogedor, con una hermosa fachada de colores.

Además hay otro punto interesante en esta historia: el hecho de que se haya puesto el acento en su labor humanitaria a la hora de concenderle el Pritzker supone un giro revelador en la trayectoria del premio. Durante los años de la explosión globalizadora precrisis se premió a un montón de "starchitects", arquitectos estrella amigos de a las obras faraónicas y con un alto concepto de sí mismos. Por tanto, premiar a un artista de lo efímero, que colabora regularmente con las Naciones Unidas y que construye desde un riguroso minimalismo ético y estético es sin duda un cambio de paso, aunque sin exagerar. Al fin y al cabo el de Ban no deja de ser un despacho que ha trabajado por todo el mundo en grandes edificios públicos, carísimas residencias privadas y todo tipo de resorts de lujo y puestos comerciales, y la suya una figura más del juego global.

Y sin embargo, no podemos dejar de agradecer sus avances técnicos, sus aportaciones en diseño, su poético y práctico concepto del espacio vivido, y sobre todo su humildad, en tiempos de grandilocuencia. Preguntado por cómo se siente ante el galardón, Ban llama a la calma. "Recibir este premio es un gran honor, y con eso debo ser cuidadoso [...] Veo el premio como una forma de animarme a seguir haciendo lo que hago. No cambiarlo, sino crecer", ha contado a los medios. (Puedes ver más trabajos de Ban aquí).

Atrévete a dar el salto, #livebeautifully

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