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Hubo otra Grecia: arqueólogos descubren sociedades democráticas en la América precolombina

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Tlaxcallan prefería los espacios públicos a los palacios, la producción local sobre las importaciones exóticas y una igualdad económica

A.O.

20 Marzo 2017 16:01

No solo Grecia fue la cuna de la democracia. Al otro lado del charco, antes de que los españoles desembarcaran para colonizar las tierras, hay indicios de que la América precolombina albergó repúblicas igualitarias. En la antigua ciudad de Tlaxcallan (México), las excavaciones de un equipo de arqueólogos han destapado plazas públicas en el centro de la metrópolis en lugar de ostentosos palacios, lo que evidencia que no había un despótico rey.

"Hace veinte o veinticinco años, nadie habría aceptado que se organizara de esta manera", dice el arqueólogo Lane Fargher, que dirigió la investigación junto al antropólogo Richard Blanton.

Las repúblicas premodernas se consideraban un fenómeno esencialmente europeo. A diferencia de la Atenas clásica o la Venecia medieval, Mesoamérica parecía haber estado dominada por gobiernos autocráticos. Algunas culturas, desde luego, encajan con ese modelo autoritario. Por ejemplo, las capitales olmecas de San Lorenzo y La Venta, están plagadas de retratos de reyes que hacían tallar sus cabezas en piedras y vivían en los palacios llenos de lujos a la vez que controlaban las rutas comerciales. O, siglos después, los reyes mayas, que hacían registrar sus conquistas, matrimonios y dinastías en glifos tallados. Mientras, los plebeyos vivían dispersos, alejados del núcleo de las ciudades, con escasos recursos.

Cualquiera en Tlaxcallan podía ser candidato político si pasaba la crudeza iniciación que enseñaba a gobernar

Sin embargo, las huellas de Tlaxcallan, tras diez años de excavaciones para desenterrar la organización urbana y la cultura material, hablan de un gobierno al servicio del pueblo. En el diseño de la metrópolis, se han encontrado, en vez de restos de opulentos palacios, enormes plazas públicas que eran espacios de debate. No solo había una, sino que las plazas estaban esparcidas por todos los barrios, lo que revela que no había un centro ni jerarquía clara.

Un documento de un sacerdote español que visitó Tlaxcallan en 1.500 narra que cualquiera, indiferentemente de a qué clase perteneciera, que pasara la dura prueba de iniciación, podía ser candidato político. El violento proceso consistía en estar desnudo en medio de la plaza aguantando y respondiendo a los golpes e insultos del resto. Si sobrevivía al reto, pasaba hasta dos años en un templo para que los sacerdotes le enseñaran el código moral y legal. En esa etapa, se enfrentaba también a saber lo que era el hambre y los latigazos, si se quedaba dormido en la instrucción. Era el camino para ser uno de los más de cien hombres que formaban el Senado, ubicado a las afueras de la metrópolis.

Otra característica de estas sociedades colectivas era la igualdad económica, pues se ha encontrado que gente de todas los estratos podían poseer cerámicas con diseños adornados y las casas de los ricos no eran muy diferentes a los de la gente común. Los análisis de isótopos de carbono en los esqueletos recuperados revelan que se alimentaban de maíz producido y almacenado localmente, lo que indica que se potenció la economía local en vez de las importaciones. Al contrario que los reyes, no adquirían lujos exóticos.

Parece que el modelo de Tlaxcallan atrajo a diferentes grupos étnicos que acabaron huyendo de la dominación mexicana. "Fueron acogidos por la metrópolis con la condición de que defendieran a estado. Los mejores guerreros, sin importar su origen étnico, eran elegibles para unirse al Senado. Es lo opuesto al nacionalismo étnico", dice el arqueólogo David Carballo, de la Universidad de Boston.

Tlaxcallan no fue una sociedad democrática como la entendemos ahora, principalmente porque la gente no votaba. Pero su modelo colectivo se distanció del autoritarismo y apostó por los espacios públicos y la disminución de la brecha de la riqueza.

[Vía Science]


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