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5 antihéroes adolescentes que no querrías tener en tu pandilla de amigos

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Ben Brooks acaba de publicar Lolito; su mundo nos recuerda que la literatura está llena de adolescentes canallas

Luna Miguel

05 Marzo 2014 11:01

Ben Brooks acaba de publicar en España su última novela, Lolito, una historia sobre un adolescente que no quiere nada en la vida, y que en realidad lo quiere todo: masturbarse, ver programas de naturaleza en la televisión, beber té con Nesquik y también mucho alcohol, pasar el día con sus amigos y, sobre todo, que su novia no le engañe. ¿Pero quién no aspira a algo parecido en la vida? Porque este Lolito tiene poco de Lolita y mucho de millenial. El desencanto de Etgar Allison y su pasividad hacia las todas cosas terminan por otorgarle el cetro de lo generacional.

Así, el Lolito de Brooks se convierte entonces en una versión actualizada de algunos de los mitos adolescentes más trash de la literatura. Antihéroes diminutos que follan, se emborrachan o se drogan. Niños y niñas malos que se pasean por las páginas de nuestros autores preferidos haciendo novillos, metiéndose en peleas y confesándonos sus más terribles fantasías.

A continuación hemos seleccionado 5 de estos nombres, que bien podrían ser la inspiración o los colegas Etgar, de Jasper o del propio novelista post adolescente Ben Brooks. Y sí, sobre el papel nos resultan entrañables, pero mucho cuidado: quizá no los quieras en tu pandilla.

1. Holden Caulfield. El protagonista de El guardián entre el centeno levanta odios y pasiones por partes iguales. Si se realizara una votación popular a propósito de quién es el adolescente más repelente de toda la literatura, estamos convencidos de que él se llevaría el primer premio. Caufield es escurridizo y prepotente, odia a la mayoría de las personas con las que se cruza y parece que sólo desee una cosa en la vida: cuidar a su hermana, para que no tenga el trágico final de su hermano, recientemente muerto.

2. Madison Spencer. Esta niña virgen, gorda y contestona ha sido puesta en el infierno con las manos de Chuck Palahniuk. En el libro Condenada podemos verla despotricando contra los adultos, hablando obsesivamente del sexo que no ha realizado y contando cómo se pegaba buenos colocones con el Xanax que su madre le daba para que se tranquilizara.

3. Henry Chinaski. De todos, Chinaski es nuestro favorito. El alter ego de Charles Bukowski es uno de los adolescentes más poco carismáticos y asquerosos que podamos encontrar, y sin embargo eso es lo que le vuelve grandioso. Sus problemas con el brutal acné que recorre su cuerpo, sus primeras y horrorosas experiencias sexuales o las palizas que le pegaba su padre hacen que le miremos con ternura, y que nos imaginemos al Bukowski real escribiendo estos capítulos de La senda del perdedor sólo para liberarse. Para hacerlos salir de su mente con humor. Para demostrar que la adolescencia es una época horrorosa, pero que gracias a los palos que nos llevamos en ella, luego somos quienes somos. Y Chinaski, sin duda, es un Grande.

4. Arturo Bandini. Sus padres llegaron de Italia para vivir el Gran Sueño Americano, pero realmente en Estados Unidos estaban viviendo un mal momento. Arturo les odia, porque son unos paletos, porque el mundo en el que vive le produce desencanto, porque no tiene éxito con las chicas, porque su hermana le repugna y porque si quiere salir de esa vida cutre y marcharse a probar suerte a Los Ángeles, tendrá que trabajar duro. Bandini también está basado en la propia vida del escritor John Fante. Inspiración de Bukowski y de otros muchos, su nombre es bien temido en las bibliotecas. Su presencia siempre garantiza que algo malo va a pasar.

5. Helen Memel. Y por si los chulos, los prepotentes y los perdedores no fueran suficiente, aquí llega también Helen Memel, protagonista de Zonas húmedas, la novela erótica más cerda que haya publicado Anagrama en los últimos años. Su autora, Charlotte Roche, pone a una adolescente de 18 años en situaciones incómodas: el relato comienza con Helen, en un hospital, explicándonos que se ha desgarrado el ano cuando estaba intentando depilárselo. Cuchillas, sangre, costumbres un tanto extrañas para seducir a los hombres y una lengua muy sucia es cuanto recorre la vida de esta chica. Hasta que el sexo ya no es atractivo. Hasta que lo trash, como le ocurría a Etgar Allison, también nos cansa.

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