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"Cualquier militar formado te dirá que es antimilitarista"

Hablamos con militares progresistas y de por qué el ejército sigue siendo necesario, pero no como hasta ahora

En 200 años de historia, el ejército ha dado 50 golpes de estado, ¿cómo no va a tener la sociedad en España una visión negativa del ejército?”. Al habla el teniente Luis Gonzalo Segura. Su afirmación tampoco es una percepción que sorprenda: 40 años después de la muerte del dictador, el ejército sigue viéndose como una institución poco amiga de la democracia, o vinculada al franquismo.

Y cada vez son más las voces que no le ven utilidad a tener un ejército. Lo anterior, junto a las guerras de los aliados en los últimos 14 años, desde el inicio de la guerra contra el terror después de los ataques terroristas del 11-S, han mostrado que la utilidad del ejército se ha reducido a cumplir “los intereses de unos pocos”, y no de la ciudadanía, según explica Segura.

Para él, un teniente expulsado de la institución militar por mantener posturas críticas, así como para otros militares que se consideran progresistas, los ejércitos solo han encendido más la mecha del terrorismo, en lugar de evitar las masacres como la de hace unos días en París.

Sin embargo, ellos son militares por vocación y creen que el ejército sigue siendo más necesario que nunca. Solo hay que adaptarlo al siglo XXI.

¿Cómo es el militar progresista?

El reciente fichaje de Podemos, el general de cuatro estrellas Julio Rodríguez, confirma que la clásica atribución a la izquierda de querer acabar con los ejércitos es falsa. La izquierda no quiere terminar con el ejército, sino adaptarlo al siglo XXI.

El teniente coronel retirado José Ignacio Domínguez, de la Unión Militar Democrática que preside Julio Rodríguez, dice: “El ejército se ve como una herencia del franquismo, pero en los países normales los militares son una i nstitución al servicio de los intereses del pueblo”.

Hay muchos países con gran tradición militar y que son de izquierdas, como por ejemplo en Sudamérica. Piensa que, durante la dictadura, si querías ser militar tenías que simpatizar con el régimen. Yo entré en esa época, luego evolucioné políticamente”, continúa Domínguez.

El ejército es la única garantía para mantener la soberanía y la democracia de un país, desgraciadamente

Para él, el pacifismo o el militarismo no tienen color político. Y ser militar tampoco: “Ser pacifista no es de izquierdas ni de derechas. A mí me gustaría que no existieran los ejércitos, pero el mundo no es una utopía. El ejército es la única garantía para mantener la soberanía y la democracia de un país, desgraciadamente”.

¿Pero qué mueve a alguien que siempre ha sido de izquierdas a entrar en una institución que, en España siempre ha representado lo contrario?

G.S. (quien no quiere revelar su nombre por miedo a posibles represalias) fue soldado de artillería. “Yo entré porque no era un trabajo normal. Me gustaba la acción. Y me llamaba la atención la camaradería y el compañerismo. Yo no entré para ir a la guerra a pegar tiros, sino para defender las decisiones soberanas de los ciudadanos”.

Decidí entrar como si las Fuerzas Armadas fueran modernas y España un país democrático, pero aún queda mucho camino

En el caso de Segura sucede algo similar: “Para mí fue algo muy natural. Como muchos españoles, parte de mi familia era de derechas y acomodada, y la otra era progresista y obrera. Para mí el ejército siempre fue algo muy normal que nunca vi mal. Y luego tenía el pensamiento crítico y progresista que me había inculcado mi padre.

“Yo nunca vi el ejército como un instrumento para la guerra. De hecho yo estudié Geografía y estuve en la brigada de transmisiones. Siempre vi al ejército como una institución para defender los valores de la sociedad de mí país ante quienes la amenazaran”, añade Segura. “Decidí entrar como si las Fuerzas Armadas fueran modernas y España un país democrático, pero aún queda mucho camino”.

¿Por qué el ejército no está adaptado al siglo XXI?

Los tres militares coinciden en que el ejército arrastra las taras del franquismo. “Hay que cambiar completamente la visión que se tiene de los ejércitos, y para ello, hay que modernizarlos”, dice Segura.

Para ellos, los problemas del ejército de Franco, todavía se arrastran 40 años después:

A alguien que se le da un rifle no se le puede pagar 800 euros al mes

a) Formación

“A alguien que se le da un rifle no se le puede pagar 800 euros al mes. Hay que valorar más al soldado, y también darle una formación”, dice Segura. Cuando estaba en Afganistán, al teniente le sorprendía que muchos soldados no tenían ningún conocimiento del país ni de geopolítica y que ni siquiera sabían que hacían allí. “ ¿Cómo vas a mandar a un chaval a una guerra que no sabe ni por qué es?”, dice.

Continúa Segura: “La tropa mayoritaria es militarista, quiere dinero y obtener medallas ¿Son esas las motivaciones que hay que dar a los chicos cuando se van a un país como Afganistán? Cualquier militar formado te dirá que es antimilitarista”.

“A los soldados incluso se les enseña a torturar a prisioneros, cuando está demostradísimo que los resultados de la tortura son nefastos para la inteligencia. Pero se sigue enseñando”, añade.

b) Macrocefalia

En España hay un oficial por cada dos soldados. ¿Tiene sentido eso? Los oficiales, además, arrastran los privilegios que tenían durante el franquismo. La tropa es precaria y no tiene recursos mientras que los oficiales tienen muchas prebendas que además suponen un gasto innecesario”, dice Segura.

G.S., soldado raso, se terminó yendo por algo que pasa desapercibido a ojos de muchos: “Si eres soldado y no te ascienden, estás jodido. No me iba a pasar la vida siendo soldado. 45 años pasándolo mal para que luego te dejen tirado”, dice.

Según los datos del Ministerio, el gasto en personal alcanza el 77% de los 5.800 millones que se destinan a las Fuerzas Armadas. Pero, si es tan elevado, ¿por qué las condiciones y la formación de los soldados es tan mala?

¿Tiene sentido que España se gaste ese dinero en un carro de combate que jamás ha salido de los cuarteles?

c) Gastos innecesarios

El ejército se gastó 239 millones en los carros Leopard, que no son aptos para la orografía española. Pero lo más fuerte de todo es que no tenemos aviones de transporte adaptados para el Leopard, por lo que tampoco pueden mandarse fuera. ¿Tiene sentido que España se gaste ese dinero en un carro de combate que jamás ha salido de los cuarteles?”, dice Segura.

G.S. continúa con otro ejemplo del empleo de los recursos militares: “¿Por qué le compramos el helicóptero de asalto Tigre a Alemania si el Apache estadounidense es mucho más efectivo? Por un compromiso con Alemania”.

Para ellos, el ejército supone un gasto que la sociedad no comprende porque se emplea en el cumplimiento de compromisos de compraventa de armas que, además, luego no se usan.

La disciplina del ejército en España sigue siendo la del franquismo: la obediencia ciega

d) Poca democracia interna y verticalidad

El caso de Segura es, posiblemente, el más llamativo: fue expulsado del ejército, según él, por decir lo que pensaba. El ejército, sin embargo, justificó su expulsión por incumplir con la disciplina.

Estos militares progresistas creen que la disciplina del ejército en España sigue siendo la del franquismo: la obediencia ciega.

Segura defiende la disciplina, pero también que los soldados puedan hablar y opinar sobre las órdenes de sus superiores: “Una orden no se cumple porque lo diga un superior, sino porque es legítima”, dice. Para él, el sistema de la policía es el que mejor funciona y el que debería adaptarse al ejército. “No podemos tener una jerarquía y una disciplina del siglo XIX”

El teniente coronel Domínguez añade: “ La disciplina del ejército español es totalmente inoperante. Deberíamos ir al modelo de los ejércitos del norte de Europa. Y hay más cosas que se deberían cambiar, como la privación de libertad sin garantías procesales, la justicia interna del ejército".

Pero, ¿y todo esto para qué?

Aparte de mejorar las condiciones de los soldados y hacer al ejército un reflejo de una sociedad democrática, ¿por qué sería necesarios todos estos cambios?

Los tres coinciden en que el ejército del siglo XXI, con todas las reformas de modernización que requiere —una reducción del gasto, una jerarquía más vertical y mayores libertades internas— debería servir para tres puntos principales:

  1. Garantía para la ayuda humanitaria. Numerosas investigaciones denuncian que l a ayuda humanitaria no llega actualmente a sus destinatarios. En su lugar, se la quedan los gobernantes corruptos de los países afectados. Una fuerza militar puede ser garantía de que la ayuda humanitaria llegue a su destino.
  2. Desastres naturales. La capacidad logística del ejército se ha demostrado en las catástrofes naturales, algo que no pueden hacer cuerpos de bomberos por separado, sobre todo en catástrofes a gran escala. “Con la creación de la UME durante el Gobierno de Zapatero, la sociedad por fin visibilizó la importante labor que puepde tener un ejército al servicio de la sociedad”, dice G.S.
  3. Defensa de la soberanía nacional. A pesar de que las guerras entre ejércitos son casi implanteables en el siglo XXI, un país sin ejército es un país susceptible de ser invadido. Para Segura, ejércitos modélicos son los de Japón y Alemania, precisamente los países que perdieron la Segunda Guerra Mundial. Debido a las limitaciones que les impusieron las potencias vencedoras, se han desarrollado como ejércitos de defensa, no expansionistas.

Cualquier militar formado te dirá que es antimilitarista

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