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Cuando el amor a nuestras mascotas se expresa con tecnología

Las start-ups tecnológicas dedicadas al cuidado remoto de animales son un negocio floreciente

El pasado verano, un invento llamado Petcube causó sensación en la plataforma de crowdfunding Kickstarter. El producto consiste en un pequeño cubo de aluminio y cristal equipado con una cámara, un altavoz, conexión wi-fi y un puntero láser que puede ser contralado de forma remota con un smartphone o tableta. Todo ello con el objetivo de permitir que los propietarios de mascotas puedan comunicarse y entretener a su animal a distancia. A pesar de que su objetivo era conseguir 70.000 euros, acabó recaudando más de 175.000 en los 42 días que duró su campaña.

El caso de Petcube ilustra perfectamente cómo está evolucionando nuestra relación con las mascotas. Cada vez las queremos más, pero cada vez tenemos menos tiempo para ellas. Los mismos conflictos morales que se nos plantean al intentar conciliar el cuidado de nuestros seres queridos -ya sean hijos, padres o parejas- con nuestras obligaciones profesionales son extrapolables al tipo de atención que queremos dar a nuestros animales. Queremos cuidar mejor que nunca de ellas, tratarlos como si fueran nuestros hijos, pero queremos que nos cueste en el menor esfuerzo posible. Y, como ocurre en tantos otros ámbitos afectivos, parece que hemos encontrado la respuesta en la tecnología.

La paradoja de nuestra creciente preocupación por el bienestar de los animales está dando pie a un nuevo segmente de negocio; el de las start-ups tecnológicas enfocadas al cuidado remoto de mascotas. El abanico de aplicaciones disponibles demuestra que la millonaria industria de los cuidados animales ha encontrado un nuevo filón en nuestros remordimientos.

Están Pet Chatz y Anser Innovation, dispositivos que permiten comunicarse con perros a distancia utilizando webcams y pantallas de LCD. Es decir, algo así como un Skype para mascotas.

También existe DogTV, un canal de televisión con 24 horas de programación enfocada exclusivamente a perros. En él, se emiten imágenes de otros perros y “música clásica psicoacústica”, una mezcla de música de ascensor y clásica que, aparentemente, relaja a los perros.

iFetch permite que el perro juegue a “lanzar la pelotita” por si mismo, permitiendo que el animal se canse y divierta en caso que no tengas tiempo de sacarle a pasear.

Internet también ha acogido el nacimiento de DogVacay, una página que busca alojamiento para tu perro durante las vacaciones. Se trata de un equivalente a Airbnb para mascotas. Es decir, ofrece anfitriones particulares como alternativa a las tradicionales residencias caninas. Durante la estancia del perro, el propietario recibe fotografías y vídeos del animal a través de la app de la página.

Ayer mismo descubrimos que los perros reaccionan a los trucos de magia de un modo parecido a los humanos. Pero se hace difícil pensar que la tecnología sirva como substitutivo del contacto físico del mismo modo que ocurre en las personas. Todos estos dispositivos resuelven el problema de la falta de tiempo, sí, pero lo resuelven para los humanos, no para los animales. Si la evolución de nuestro amor por las mascotas pasa por convertirnos en una suerte de Gran Hermano que todo lo ve, el futuro para ellos se antoja, en efecto, un tanto distópico.

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