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Perder el tiempo en Internet también es un arte

Y si no, mira este proyecto

Ilustración de Miguel Montaner

Una de las conjeturas con las que juega la reciente Interstellar es la posibilidad de que en el futuro la especie humana haya sido capaz de encontrar la quinta dimensión del espacio-tiempo. Si esto fuera así, teóricamente uno podría recorrer todos los momentos que han ocurrido y ocurrirán como quien camina por una avenida. Darse un paseo por el pasado sin despeinarse podría ser una realidad. El proyecto online All The Minutes no es tecnológicamente tan sofisticado, pero consigue un efecto similar: confrontarnos directamente con la disolución del tiempo en Internet. Y todo ello a base de sencillos tuits que constantemente nos recuerdan el minuto en el que vivimos.

Jonathan Puckey creó el proyecto para una exposición en el Van Abbemuseum de Eindhoven llamada Confesiones de lo Imperfecto. ¿Y dónde si no en las redes sociales hacemos nuestras más imperfectas confesiones? Puckey se dio cuenta de que Twitter estaba plagado de pequeños momentos cotidianos y declaraciones insignificantes del día a día que gracias a la plataforma de pronto cobraban una dimensión literaria e incluso trascendente. Más aún, mucha gente insistía en señalar cada uno de esos pequeños pasos con una marca temporal, de horas y minutos. Como si cada minuto fuera de máxima importancia.

¿Qué mejor manera entonces de utilizar este material que sacándolo del tiempo?

Puckey programó un bot de Twitter llamado @alltheminutes que recoge todos aquellos tuits que tengan una marca temporal y los va retuiteando minuto a minuto. A la vez, esta cuenta tiene su reflejo en la página alltheminutes.com, que consiste en una sucesión de tuits que van saltando en la pantalla a la hora que tu navegador maneje. Lo importante es el minuto, y no el día ni el año en el que se hiciera el tuit. Además, dependiendo de tu zona horaria puedes estar leyendo incluso tuits de algo que todavía no ha ocurrido.

De esta manera el tiempo se vuelve difuso, nos damos cuenta de que hemos caído en una especie de eterno retorno en el que cada instante está condenado a repetirse eternamente en un continuo feed, y de que progresivamente el tiempo lineal de nuestra experiencia cotidiana, con su presente y su pasado, va siendo sustituido por una serie de momentos sin principio ni fin definidos. Esto choca, sin embargo, con la extraña sensación que produce el estar observando el paso implacable de los segundos a través de la pantalla, además de con la ligereza ingenua de la mayor parte de las cosas que se comentan.

El proyecto nos recuerda a la obra The Clock, de Christian Marclay, un collage audiovisual a base de películas y series que recorre 24 horas del día en loop, o proyectos de índole cinematográfica como One Day on Earth, de Kyle Ruddick, que recoge la vida en diversas partes del planeta durante un día. Sin embargo, Puckey se fija en lo más pequeño y disperso, y hay belleza en esta confusión. Y la hay porque lo más pequeño parece acercarnos a lo más grande. Y porque de vez en cuando, entre tanto tuit sobre pijamas y resacas, también encontramos raptos de verdad.

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