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Palabrotas y pop: el fenómeno literario juvenil que nació en Internet

O cómo convertirse en un autor de un bestseller adolescente en 10 cómodos pasos

Dicen que los jóvenes no leen, aunque lo más probable es que seamos nosotros los que no leamos a los jóvenes. Porque ellos lo hacen, y mucho, aunque quizá sus lecturas sean distintas a las que la actualidad editorial dicta, y aunque en realidad sus autores de cabecera sean extraños fenómenos surgidos de la red. Si el share es el nuevo boca-oreja, los blogueros y tuiteros literarios con miles de seguidores son los nuevos best-sellers.

De entre este grupo de autores que han nacido de las profundidades de la red, y que han conseguido colocarse en un lugar privilegiado del corazón de los lectores más jóvenes, destaca el trabajo de Holden Centeno, un misterioso autor que no ha necesitado más que enseñar sus entrañas para conquistar a un montón de chicos, y sobre todo de chicas,  que ahora compran su primer libro, La chica de Los Planetas, como si fuera una biblia.

La chica de Los Planetasfue una colección de relatos publicada previamente en Internet, pero desde hace unos días encuentra su lugar en librerías de todo el país de la mano de Suma de Letras. En esta edición hay más contenido que en la publicada en línea, además de algunas notas escritas por el autor en las que explica el fenómeno y el revuelo causado por sus palabras. Una historia de amor acaramelado en la que se recomienda música, literatura, y en la que Holden Centeno, sobre todo, nos invita a un modo de vida poco recomendable  pero muy atractivo: la de un joven rebelde que lucha, ante todo, por conseguir lo que quiere. 

1. Firma con pseudónimo

Me di cuenta de que, aunque ella no quería saber nada de mí, por mis cojones se iba a enterar de que seguía ahí: peleando. Esas Navidades le había regalado El guardián entre el centeno. Lo devoró en menos de una semana y le gustó muchísimo. Pensé que si se encontraba con una cuenta relacionada con este personaje, existía la posibilidad de que empezara a seguirme y en el momento que eso sucediera me dedicaría a poner tuits que sólo ella podría entender. Así me convertí en Holden Centeno.

2. Lee a Charles Bukowski

Cuando tenía catorce años leí mis primeros versos de Bukowski. Le robaba a mi hermano Antonio sus libros de la estantería del cuarto, por la noche, cuando él quedaba con su novia Elena; o aprovechaba las mañanas cuando ya se había ido a trabajar y a mí me faltaba poco para irme al colegio. Cogía el libro Peleando a la contra del que tenía perfectamente visualizando el lugar que ocupaba en la estantería, y se lo mangaba durante todo el día. Lo llevaba bajo el brazo, mostrando su portada, creyendo que la gente reconocería la cara de Bukowski y, al verlo, pensarían que yo era igual de duro, borracho y fracasado.

3. Bebe whisky

«He comprado un Ballantine's», sonó al otro lado del teléfono. Allí estuvimos entre toda la gente, como unos hinchas más, hasta que terminamos el último trago de whisky. Quedábamos todos los fines de semana. Quedábamos incluso cuando el resto de nuestros amigos no querían o no podían.

4. No hagas lo que haría un teen normal

El verano que aprobé Selectividad no me fui de juerga como suele hacer todo el mundo (a Mallorca o algún otro destino de este tipo para beber más de la cuenta, dormir poco y comer a la hora en que uno se despierta, cosa que no me parece mal, dicho sea de paso). Decidí irme de voluntario a Eslovaquia, a uno de sus pueblos perdidos y cuyo nombre ya he olvidado.

5. Hazte amigo de poetas perdedores

Todo muy patético visto desde fuera. Pues bien, allí estaba Páez, con su penoso chándal habitual, sus tatuajes, sus libros de los poemas de Rimbaud sobre la mesa y, el muy cabronazo, diciendo los piropos más bellos que he oído en mi vida, ligándose a toda mujer a la que se los ofrecía.

6. Enamórate de una chica imposible

Su cara cambió, por primera vez veía su sonrisa jodidamente perfecta, y rápidamente acabó la frase diciendo:

—Los Planetas.

En realidad dijo: «Lo Planeta». Su acento de Jaén, para mí desconocido, entró por mis oídos provocando otro impulso eléctrico que me hizo enamorarme de todas y cada una de sus cuerdas vocales. Después, al pronunciar su nombre, me sonó como una dulce lluvia de tartas de queso con frambuesa (que es mi postre preferido). Aquel día descubrí la voz más dulce de la tierra.

Me enamoré de ella y se ella se enamoró de mí, aunque algún tiempo después.

7. Tatúate

Me gustan los tatuajes. Esto no significa que me gusten todos los tatuajes, porque hay algunos que son una jodida horterada. Desde siempre me han llamado la atención, y, cuando voy por la calle, me quedo mirando al detalle los tatuajes de la gente. Sin embargo, hubo un tiempo en el que yo no tenía ninguno porque no había nada que me empujara a hacérmelo.

8. Sé trágico

«¡Nadie ha muerto nunca de amor!» Me lo dijo a la puta cara. Y no respondí. Me parecía inútil decirle que aquella frase era la mayor mentira que jamás había escuchado.

9. Escucha música todo el rato

En este libro han sonado estas canciones.

10. Escribe relatos con muuuuchas palabrotas, pero con un final tierno

La vida es la que es. Para unos es larga y para otros es corta. Para unos acaba antes y para otros termina después, pero en cualquier caso: pasa rápido. Hace mucho tiempo decidí invertir mi tiempo en lograr pasar la vida con ella, a su lado, y así seguiré hasta conseguirlo. Lo que más me duele de todo es que jamás podré explicar esto, ni siquiera con palabras.

Los adolescentes escribren y los adolescentes leen: aquí un ejemplo de su amor, su rebeldía y sus cursis entrañas.

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