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Vuelve el mártir contra Putin

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Pyotr Pavlensky se ha cortado el lóbulo de la oreja encaramado a una institución mental

Alba Muñoz

21 Octubre 2014 15:18

El año pasado clavó su escroto a martillazos en la Plaza Roja de Moscú, se cosió la boca en apoyo a las Pussy Riot y se metió dentro de una espiral de alambre de espino frente la sede del gobierno de Vladimir Putin. Siempre desnudo y en público. Ahora, Pyotr Pavlensky, el Jesucristo del activismo político ruso ha vuelto a autolesionarse para concienciar sobre la opresiva política que se vive en su país.

En concreto, el pasado domingo Pavlensky se cortó el lóbulo de la oreja derecha con un cuchillo de cocina. Lo hizo encaramado a la azotea del Centro Serbsky, la institución psiquiátrica y forense más famosa de Moscú, donde durante la era soviética se encerraba a los disidentes políticos. Poco después de que la sangre empezara a caer por su cuerpo, los curtidos agentes de policía se lo llevaron. En el hospital, los médicos dijeron que además del corte, el joven de 30 años contrajo neumonía.

“El cuchillo separa el lóbulo de la oreja del cuerpo. Un muro de hormigón separa lo razonable de los pacientes locos”, escribió Pavlensky en un comunicado para la prensa, en el que rememoró al célebre pintor holandés Vincent Van Gogh, quien pasó una temporada en varios manicomios y probablemente terminó suicidándose. Con esta acción, que ha titulado "Segregación", el activista ruso intenta demostrar que, aunque su país sea formalmente una democracia, la disidencia también se paga: la semana pasada una comisión de investigación pidió la tercera evaluación psiquiátrica de Pavlensky por sus actos de "vandalismo". Las dos previas, tal y como informó su abogado, han dado negativo.

“De nuevo utilizando la psiquiatría para fines políticos, la policía separa a los sanos de los enfermos mentales. Armados con diagnósticos psiquiátricos, los burócratas con bata blanca lanzan fuera de la sociedad aquellas piezas que impiden el establecimiento de un dictado monolítico, una sola norma obligatoria para todos". Los métodos de la era soviética, según este joven de San Petesburgo, se siguen utilizando y él es prueba de ello.

Pero no es el único. Si bien en la URSS muchos disidentes fueron clasificados como dementes y encerrados en pabellones psiquiátricos, en abril de 2012 el manifestante Mikhail Kosenko, fue condenado a tratamiento después de que el centro Serbsky lo declarara demente, una decisión que Amnistía Internacional ha condenado repetidas veces. Kosenko se manifestó pacíficamente en la Plaza Bolotnaya de Moscú en protesta por considerar que las últimas elecciones presidenciales estuvieron amañadas. La convocatoria terminó en disturbios, Kosenko fue detenido y juzgado sin que se tuvieran en cuenta las pruebas sobre su inocencia, y ahora cumple un internamiento forzoso e indefinido en el hospital psiquiátrico.

Para muchos, los métodos automutiladores de Pavlensky son desagradables, dramáticos e innecesarios. Pero lo cierto es que la brutalidad a la que se encomiendan tanto este activista como la famosa organización Voina consiguen dar visibilidad a sus problemáticas. Pavlensky, que se inspira en los lienzos de Caravaggio, es el más sangriento de todos. Pero tanto él como sus compañeros, como las Pussy Riot, responden a la dureza de Putin con performances igualmente impactantes. Su objetivo último, en contra de lo que pueda parecer, no es copar los titulares internacionales, sino que los rusos se paren a mirar: para los mártires del arte político ruso, la apatía y la indiferencia de la mayoría de sus conciudadanos hacia las vulneraciones de derechos y libertades es algo aterrador.

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