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¿Se acerca el final de la guerra contra las drogas?

Un documento interno de la ONU evidencia las crecientes discrepancias entre los países miembros en relación a la criminalización de la venta y consumo de estupefacientes

La guerra política que corre en paralelo al creciente debate por la legalización de las drogas parece un conflicto irresoluble. A nivel global sigue imperando la criminalización, pero cada vez son más las voces que abogan por poner sobre la mesa planteamientos alternativos. Así lo atestigua un documento interno de Naciones Unidas filtrado recientemente. En él se reflejan unas profundas discrepancias sobre el asunto entre los países miembros de la organización. Discrepancias que se manifiestan en una serie de propuestas un tanto alejadas del inmovilismo que presuponíamos en este aspecto.

El documento, que data de septiembre, muestra a un Ecuador permisivo, pidiendo al mundo una declaración oficial que “mire más allá de la prohibición”. A su lado, en el mismo bando, está Venezuela, que demanda el reconocimiento de “las implicaciones económicas del actual enfoque policial y de salud a la hora de abordar el problema de las drogas en el mundo”. A ese eje aperturista se unen países como Colombia, Guatemala y México, que se muestran cada vez más reacios a la postura prohibitiva de la ONU, asegurando que mantener el statu quo no hace más que ayudar a los cárteles y a los grupos paramilitares.

Discrepancias también en el seno de Europa.

Aunque los mayores críticas a la prohibición impuesta por Naciones Unidas y EE.UU. llegan desde el flanco de los países americanos, sin duda los más afectados por el problema de la violencia asociada al gran tráfico de drogas, también desde distintos lugares de Europa se demandan nuevos enfoques. Naciones como Noruega han puesto en tela de juicio la prohibición al pedir que “se cuestione la descriminalización y se haga una estimación crítica del enfoque representado por la llamada guerra de las drogas”. Suiza, por su parte, pone su mira en los problemas de salud pública que este asunto acarrea. Su preocupación principal es que no se llegue a alcanzar al objetivo fijado de que la cifra de infecciones de VIH por uso de drogas se reduzca al 50 por ciento en 2015.

La Unión Europea también presiona en el citado borrador, enfatizando la necesidad de que haya opciones de tratamiento y cuidado para los adictos como alternativa a la encarcelación. “Los drogadictos deberían tener derecho al acceso a tratamiento, medicinas esenciales, cuidado y servicios de apoyo”, sugiere la Comisión.

Por su parte, Ann Fordham, directora ejecutiva del International Drug Policy Consortium, dijo que el borrador revela la existencia de una tensión creciente sobre las políticas globales respecto a la tenencia de drogas. “Empezamos a ver que hay miembros que rompen el consenso sobre cómo deberíamos controlar las drogas en el mundo. El castigo no ha funcionado. Todo el dinero que se ha gastado en erradicación de cosechas no ha tenido el impacto que querríamos”.

Un movimiento inevitable.

A juicio de Araceli Manjón-Cabeza Olmeda, profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid y ex directora general del Plan Nacional sobre Drogas, lo que este informe pone sobre la mesa es una realidad "evidente". "El consenso punitivo pretendido por Naciones Unidas no existe, se ha resquebrajado y hoy se constata algo anunciado ya hace tiempo: la prohibición ha fracasado y ha provocado gravísimos problemas que superan a los derivados del consumo de drogas. Ha sido un fracaso planetario. A pesar de la prohibición, cada vez hay más drogas en el mundo y más disponibilidad; son cada vez más dañinas por descontroladas; su tráfico ilícito alimenta el negocio criminal y la corrupción, provocando inestabilidad política y un reguero de sangre salvaje; las cárceles están abarrotadas de consumidores y pequeños traficantes. El negocio de las drogas es imponente y se lo hemos regalado al narco; una locura". ¿Y qué solución propone para este problema?: "Que los estados empiecen a controlar [el mercado]".

Para Manjón-Cabeza, los recientes movimientos que se han dado en pos de la legalización de drogas blandas como la marihuana en diversos lugares del mundo son inevitables. "La prohibición se ha cebado con el cannabis, dándole el mismo tratamiento que a la heroína, lo que es absurdo. Contra el cannabis hubo una conspiración alimentada por móviles racistas y económicos, ninguno de salud pública. La situación es insostenible y la legalización del cannabis se ha producido ya, incluso en EEUU, la cuna de la prohibición", sostiene la profesora.

El documento de la discordia constituirá la base de una declaración de alto nivel sobre drogas que se publicará en primavera y más tarde pasará a formar parte de una evaluación general a realizarse en 2016. Así que aún queda un poco, pero parece ser que los distintos protagonistas están dando los pasos apropiados para acabar de una vez por todas con la lacra que supone la guerra contra las drogas. Ahora falta por ver, claro, si las decisiones que se tomen son las correctas para terminar con un conflicto tan complejo. Lo que está claro es que sin iniciativas como ésta, sin personas y páises que den un paso adelante, el problema quedará en punto muerto para siempre.

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