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Me hice amigo del Ku Klux Klan… siendo afroamericano

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Accidental Courtesy analiza el KKK desde el punto de vista íntimo y personal del músico de raza negra Daryl Davis

Pablo Rodríguez

30 Marzo 2016 04:06

"El KKK es tan americano como el béisbol, la tarta de manzana y el Chevrolet". Con esta frase queda claro que Accidental Courtesy es un documental sin complejos.

¿Y de qué va esta historia? Accidental Courtesy narra la peripecia de Daryl Davis, un músico negro entre cuyas aficiones se encuentra… salir a hacer cosas con amigos del KKK.

Dice Davis que conoció por primera vez a un miembro del KKK cuando estaba en una banda de country en la que él era el único negro. Fue en Fredericks, Maryland, por 1983. Entonces interpretaba un gig en un lugar de reunión reservado a hombres blancos. Uno de los presentes se acercó al final de la actuación y le hizo un cumplido:

“Nunca había visto a un negro tocar tan bien el piano como Jerry Lee Lewis”.



Los dos hicieron buenas migas.

Y hasta hoy.

Para entender todo lo que pasó tras ese encuentro hay que remontarse a su infancia. En 1968, en una marcha de los Boy Scout para conmemorar la figura de Paul Revere, el joven músico fue el encargado de portar la bandera de Estados Unidos durante el acto. Resulta que era el único niño de raza negra entre sus compañeros scouts, así que la gente comenzó a lanzar botellas, latas y piedras. La reacción de Davis fue simple: pensó que la gente odiaba a los scouts.

Pero en el momento en el que sus padres le hablaron del racismo, su expresión cambió:

“Literalmente pensé que me estaban mintiendo”.

Tras más de dos décadas de trabajo, la película de Davis ha dado sus frutos. Accidental Courtesy deja al descubierto la cara más amarga del KKK y los oscuros relatos de aquellos que han nacido y se han criado en un entorno dominado por la supremacía blanca y el odio hacia la raza negra.

Algunas voces se han mostrado críticas con Davis por su acercamiento al KKK. Sin embargo, el cineasta tiene otras ideas. Para él la cuestión no es tanto si empatizar o no con los racistas, sino de lograr un contacto con los individuos que existen bajo esos ideales.

En el fondo, todo se resume en una pregunta:

¿Cómo puedes odiarme si no me conoces?



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