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He aquí el reality que acabará con el encanto de tus youtubers favoritos

Ubisoft pensó que era una buena idea, pero el tiro puede salirle por la culata

FarCry 4 es uno de los títulos estrella de Ubisoft para el 2014. Es una saga de éxito basada en un esquema simple: un accidente, una misión secreta o la mala suerte provocan que acabes con tus huesos en una región apartada y agreste del mundo –normalmente lugares dominados por algún tipo de organización o sindicato del crímen, cuyo líder suele estar como un cencerro–. A partir de ahí, tienes que ingeniártelas para sobrevivir, por lo general a base de pegar tiros como un descosido.

La última entrega de la saga sale a la venta el 18 de noviembre y para promocionarla no se ha reparado en gastos. La web del juego te sumerge en una experiencia interactiva alucinante y además está surtida de todo tipo de información, elementos multimedia, noticias...

Pero los responsables de Ubisoft España no debían de tener suficiente con todo esto y pensaron que lo mejor que podían hacer era llamar a los youtubers más populares de España y embarcarlos en un reality show. El resultado se llama (sorpresa) FarCry4: El Reality, y es un despropósito desde su mismo título.

Los elegidos para el experimento fueron El Rubius, Mangel, WillyRex, Alexby, sTaXx y Luzu, todos ellos conocidos por sus vídeos de gameplays y los millones de visitas que acumulan sus canales. La idea era llevarles a una zona de campo, vestirlos con unos uniformes y ponerlos a prueba “reviviendo” algunas situaciones similares a las del juego.

Y por supuesto conseguir que el logo de FarCry4 se vea por doquier, en cada camiseta y en cada banderola.

Fórmulas cansinas

El primer capítulo salió a la luz el pasado martes 28. En él podemos ver cómo los protagonistas llegan a una especie de campo de entrenamiento y son recibidos por una suerte de instructores de la Guardia Civil a los que han vestido como marines de segunda. Los chavales tendrán que hacer una serie de pruebas físicas como saltar un puente roto o encaramarse a lugares elevados. Se supone que en posteriores entregas la cosa se pondrá más interesante, pero de momento la acción brilla por su ausencia.

Lo más sorprendente del capítulo no es que en todo momento los protagonistas parezcan estar fuera de lugar, sino que la estructura del producto replica punto por punto el lenguaje de cualquier reality de la tele. A saber: insertos de entrevistas a los chicos, música épica sacada de librerías de sonidos e incluso una pantomima final en la que el jefe de los instructores selecciona al que mejor lo ha hecho y se lo lleva a jugar unas partidas. Un Supervivientes adaptado a la generación 2.0.

El único guiño al lenguaje audiovisual de los propios youtubers son un par de rótulos de colorines que aparecen salteados en alguna entrevista, y algún que otro zoom o ralentí que trata de imitar en parte el estilo que suelen usar los chicos (sobre todo El Rubius) en sus vídeos. El resultado es tan poco excitante como previsible, dado que forma parte de una gran operación de marketing en la que no puede haber nada fuera de lugar

Algo que choca frontalmente con lo que muchos fans aprecian en sus vlogers favoritos: la espontaneidad.

Matando a la gallina de los píxels de oro

Ya hemos hablado otras veces de cuánto les gusta el fenómeno Youtuber a las grandes empresas. Para muchas es la puerta de entrada al mercado más jugoso que existe: el de los consumidores jóvenes. No hay nada que venda más que el fenómeno fan. El problema viene cuando la jugada se ve desde una hora lejos. Y eso es lo que está empezando a pasar con alarmante regularidad.

Lo que les gusta a los fans jóvenes de sus youtubers preferidos es su manera descarada de hacer las cosas. Que digan tacos, que se revuelquen por el suelo, que se pongan pelucas y hagan el ridículo. También lo dijimos: esa impresión de que El Rubius podría ser tu colega. Que hace las mismas tonterías que harías tú con tu pandilla un sábado aburrido. Sin guión y porque sí. Porque lo que más atrae a los adolescentes es saltarse las normas. Es una transgresión de mentirijillas, pero la sientes tuya.

Estas nuevas formas de marketing que empiean a proliferar son una manera estupenda de borrar de un plumazo todo lo atractivo que pudieran tener sus protagonistas y acabar quedándote con una carcasa vacía de espíritu en lugar de con un contenido que llegue al espectador. Una forma fetén de matar la creatividad youtubera, la cual se basa en un sólo principio: hago lo que me da la gana, que para eso es mi canal.

Esto es fácil de comprobar si comparamos el primer capítulo del reality con el último vídeo de El Rubius, en el que habla precisamente de la experiencia FarCry, pero le añade un montaje de vídeos chorra que grabó el mismo durante los días de rodaje. Esos minutos de metraje, en los que aparece de colegueo gamberro con el resto tienen mucha más gracia de la que probablemente tendrá toda la serie financiada por Ubisoft.

Al menos al verlos nos queda la esperanza de saber que hay cosas que son difíciles de comprar y vender. Cosas como el talento, el sentido del humor, la energía o el saber quién eres y con quién estás hablando. Sólo que para saber todo eso hay que dejar de pensar aunque sea cinco minutos en cuántos doblones podrás meter en el saco. Porque si no, puede que la próxima vez al saco le haya salido un agujero enorme y ya nadie te haga ni puñetero caso.

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