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Repite conmigo: "No sacaré el móvil en los conciertos"

Principalmente porque este invento te lo impedirá

Si alguna vez existieron, los elevados mandamientos del goce cultural se han ido al traste. Hasta el más puritano de los aficionados a la música esconden en su móvil la foto de un concierto y todos hemos pecado alguna vez desenfundando la pantalla luminosa en un cine o un teatro. Pues bien, en la hiper-tecnologizada California hay un creciente interés en purgar los pecados de la era de la telefonía móvil.

Los "guardamóviles" en la puerta de los recintos están perdiendo popularidad porque se han producido algunos robos, pero al mismo tiempo proliferan los eventos "libres de smartphones". Así que las mentes preclaras de Silicon Valley ya han dado con una nueva solución (o parche para no incurrir en eso llamado autodisciplina): el invento en cuestión se llama Yondr y es una especie de funda en varios tamaños y apta para todos los móviles del mercado. La cosa funciona así: al acceder al evento, el personal del recinto te proporciona una de estas fundas para que metas ahí tu dispositivo, que permanece contigo pero que queda completamente bloqueada. No podrás abrirlo a menos que salgas de allí.

La periodista Megan Geuss fue invitada al concierto de presentación de Yondr y reconoce que ella misma, y muchos otros, forcejearon para averiguar su resistencia. Su crónica en Wired es un repaso a los motivos por los cuales solemos sacar el móvil en medio de un evento que, en teoría, nos entretiene y está rodeado de estímulos. El primero, por supuesto, es disimular: "Esa sensación de incomodidad cuando aún no puedes mezclarte en la masa para bailar la tenía cuando iba a fiestas en el instituto. Desde que me compré el móvil, puedo evitarla sentándome y consultando Twitter, incluso fingiendo que escribo a mi amigo imaginario que está a punto de llegar".

Pero Geuss, que recordó ponerse un reloj antes de acudir a la fiesta, se encuentra con otro problema. Empieza a conversar con un tipo interesante que le pide su correo electrónico. El chico había accedido al recinto sin "yondrar" su móvil, y propone a la periodista traicionar, por un momento, la consigna sagrada. Ella acaba escribiendo su correo en una servilleta por el bien de su texto, y advirtiendo lo fácil y seductor que puede ser burlar esta nueva ley. Geuss también se da cuenta de que, además de chequear nuestros perfiles en las redes sociales, utilizamos el móvil para engordar nuestra red de contactos. De hecho, el intercambio de identidades virtuales es una forma de flirteo o socialización aunque a menudo se maquille de interés profesional. Ahora que tampoco se puede fumar, ¿qué excusas encontrarán los tímidos para mantener una conversación?

De acuerdo: es muy molesto que alguien grabe 8 minutos seguidos de un concierto y que una pantalla te acabe llamando más la atención que una escena importante "Yondr tiene un simple propósito: mostrar a la gente lo poderoso que un momento puede ser cuando no nos centramos en documentar o difundirlo", pone en la web. Sin embargo, este producto tiene la doble intención de proteger los derechos de propiedad intelectual: "Estamos en conversaciones con un buen número de bandas sobre el uso Yondr en sus próximos shows, y algunos están interesados en insertarlo de forma permanente en sus giras", explicó el CEO de la empresa, Graham Dugoni.

Así que esta especie de cilicio digital tiene varias caras: por un lado surge como respuesta a las molestias que causan los móviles en los espectáculos, y también como una forma de mostrar más respeto a bandas y artistas. Pero por otro lado, puede ser una forma de capar la libertad de los asistentes para después venderles, en forma de souvenir, sus propios recuerdos.

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